Un Hermoso Lugar

Un Hermoso Lugar

lunes, 23 de enero de 2012

Noches oscuras.17

Desperté en la misma posición exacta en la que me había dormido, al parecer no había dado muchas vueltas aquel día, tal vez inconscientemente había sabido que si me movía demasiado podría haber hecho daño al hombre junto al que dormía. Me alcé sobre un antebrazo y con la mano que tenía libre acaricié su rostro con suavidad, abrió los ojos e instintivamente sujeto mi mano con una de las suyas, me recosté sobre él para depositar un beso en sus labios, seguía pensando que era imposible que él sintiera lo mismo que yo, pero iba a seguir mis instintos, iba a confiar en sus palabras de la noche anterior y no iba a volver a dudar.
Volví a separarme de él para empezar a encender el fuego, no tardó en sentarse a mi lado para contemplar cómo entrechocaba las piedras, volvía a mirarme como al principio, eso me gustaba, solo esperaba que no volviera a apartarse de repente sin motivo aparente, aunque según lo que me había dicho había un motivo, solo que no podía contármelo, quería saber cual era ese motivo por si volvía a darse estar preparada para verle alejarse de mi. Se inclinó hacia mi y besó mi hombro mientras yo seguía trabajando.
- ¿Qué tal estas hoy? - pregunté sin mirarle, estaba demasiado concentrada en crear unas pocas chispas que pudieran encender el fuego.
- Mejor que nunca - ahora si que le miré y apoyé una mano sobre su pecho solo para verle retroceder y escucharle proferir una queja de dolor.
- No creo que esta reacción sea de estar mejor que nunca - contesté burlona volviendo a concentrarme en mi tarea.
- De acuerdo, mejor de lo que yo recuerde haber estado en toda mi vida - me reí, no pude hacer otra cosa, me resultaba muy graciosa la manera en la que bromeaba con su estado de amnesia.
- Eso si me lo creo - le respondí cuando al fin pude volver a hablar. Saltaron unas chispas de mis manos, así que froté un poco más y conseguí encender la hojarasca que utilizaba para prender después la leña, me ayudó a colocar las ramas pequeñas iniciales, por lo visto si que había observado bien el día anterior cómo prendía la lumbre.
Poco a poco conseguimos que las llamas crecieran y colocamos todo el asador a la espera de que los lobos comenzasen a traer sus pedazos de carne, ahora que tenía ayuda todo era más fácil y tardaba mucho menos en prepararlo todo. Como cada día los lobos trajeron su comida y la fuimos colocando de manera que pudiese hacerse toda al mismo tiempo, tarde mucho menos de lo habitual gracias a él, se le veía animado, le gustaba poder ayudar y no tener que dejarse cuidar simplemente.
Cuando terminamos de colocar todo se acercó más a mi, acarició uno de mis brazos con el dorso de su mano, observando la piel por la que pasaba los dedos, parecía muy concentrado. Ascendió por mi brazo, cruzó mi hombro y sujetó mi mandíbula con una mano, siguió observando todo el rato el recorrido de sus dedos, acarició mi labio inferior con el pulgar, muy suavemente, se acercó más, parecía decidido a besarme, pero se quedó a escasos milímetros de mis labios, noté cómo temblaba, volvía a estar indeciso, volvía a tener miedo de algo, ¿Pero por qué? Creí que había quedado todo claro la noche anterior, yo le había besado el despertar, ¿Qué era lo que le frenaba ahora? Recorrí la efímera distancia que nos separaba, pareció sorprendido pero me devolvió el beso con fuerza, lo deseaba tanto, me encantaban sus besos, no quería perderlos, pero más aun, no quería que el dudase, no quería que tuviera miedo de hacer lo que desease. Sentí su otra mano posándose en mi rodilla, temblaba, la deslizó un poco por mi pierna, muy despacio, parecía temeroso a que yo le obligara a quitarla, pero no iba a hacerlo. Toda mi piel empezó a despertar, en verdad me sentía más atraída por este hombre de lo que jamás hubiera estado por nadie, era algo que no llegaba a entender, aunque también era cierto que hacía muchísimo tiempo que no estaba con nadie. Su mano seguía ascendiendo por mi muslo, muy despacio, se detuvo a mitad de recorrido y clavó sus dedos con fuerza en mi pierna mientras me besaba con más intensidad, no pude ahogar un pequeño grito de sorpresa ante el cambio repentino.
Escuché un gruñido a mis espaldas y de pronto Siivet ya no estaba besándome, ya sus manos no estaban sobre mi. Abrí los ojos de inmediato solo para ver cómo el lobo gris había caído sobre él, el hombre se arrastraba hacia atrás con el miedo pintado en su rostro, el lobo seguía gruñendo de manera amenazante. Intenté correr hacia ellos para interferir, pero la loba negra me sujetó, intenté zafarme con todas mis fuerzas pero ella me retuvo colocando sus patas delanteras sobre mis hombros, me miró y me dijo que aquella pelea era algo que debían resolver ellos, que yo no podía meterme. Observé inquieta cómo el lobo no apartaba su mirada del hombre, vi como este último lanzaba una rápida mirada hacia mi, tan solo para ver la preocupación en mi rostro, volvió a mirar al lobo, esta vez directamente a los ojos, su semblante había cambiado por completo, pareció como si el miedo desapareciese repentinamente de su interior, el lobo lanzó una dentellada a su cuello pero sin llegar a agarrarle, él no se movió ni un milímetro del sitio, sujetó al lobo por el pelaje del cuello y mirándole muy fijamente le gritó:
- ¡No pienso romper mi promesa! - el lobo pareció calmarse, dejó de gruñir - no estoy jugando, te hice una promesa y no pienso romperla, nunca.
Estaba totalmente convencido de sus palabras, no mentía, no había mentira alguna en su semblante y su seguridad hizo que el lobo retrocediera un paso, ahora parecía estar arrepentido de su ataque, parecía intentar disculparse. El hombre acarició su cabeza y su cuello, sin dejar aun de mirarle a los ojos. El lobo agachó la cabeza y salió trotando de la cueva, entonces por fin me pude moverme del sitio para correr hacia Siivet, estaba verdaderamente preocupada, no entendía el comportamiento del lobo gris, jamás pensé que pudiera atacar de esa manera a nadie, era tranquilo y calculador, no me cuadraba aquella actitud con él.
- ¿Estas bien? - le pregunté preocupada sujetando su rostro entre mis manos y apartando su pelo para poder acariciar su mejilla.
- Si, ni siquiera me a rozado - mentía, vi las vendas a la altura de sus hombros desgarradas y cómo pequeños hilos de sangre manaban de esas telas rasgadas, las había echo el lobo al saltar sobre él. - Ve con él, creo que debe de sentirse verdaderamente mal en este momento. Te prometo que yo estoy bien.
Esta última frase la añadió al ver mi rostro de preocupación. La loba negra se acercó a él, sabía que ella se quedaría a su lado, así que salí de la cueva en busca del lobo gris, estaba molesta con él por su comportamiento, pero después de las palabras de Siivet no podía enfadarme ni echarle nada en cara, en verdad debía de estar arrepentido por lo que había hecho, yo no debía culparle de nada.
Al salir de la cueva no vi al lobo gris por ningún lado, caminé un par de pasos hacia donde mi instinto me marcaba, unos metros más halla, junto a unas rocas que sobresalían de la pared que formaba el risco lateral de la cueva, lo vi sentado mirando al suelo. Me senté en uno de los salientes a su lado, él ni tan siquiera alzó la mirada. Siivet tenía razón, el lobo se sentía verdaderamente mal, estaba avergonzado y no se atrevía ni a mirarme. Posé uno de mis manos sobre su cabeza y le acaricié con suavidad, hundiendo mis dedos entre su pelaje, jugueteé con una de sus orejas y el inclinó un poco la cabeza hacia mi lado, sonreí. Seguí acariciando su cabeza, intentando hacerle cosquillas en la oreja, él la movía con fuerza y comenzó a hacer sonidos guturales con la garganta, como si le estuviera molestando, pero se acercaba poco a poco para que siguiera jugando con él, cuando estuvo lo suficientemente cerca le agarré el hocicó. Él revolvió la cabeza con fuerza para soltarse y se agachó en pose de juego, había jugado muchas veces así con el lobo blanco, pero nunca con mi lobo gris. Salté sobre su cuello abrazándome a él, se revolvió con fuerza pero no me solté, al menos no al principio, al final tuve que soltarme cayendo de culo, no me hice demasiado daño, saltó sobre mí colocando sus patas delanteras sobre mis hombros, como hubiera estado estado hacía pocos minutos sobre Siivet, solo que con él no había sido un juego, a él quería hacerle daño. Me sujetó uno de los hombros con sus dientes, sin llegar a clavarlos para no hacerme daño, yo no podía parar de reír, hasta que volví a pensar en que de verdad había intentado hacer daño a ese hombre que me estaba haciendo sentir tantas cosas. El lobo notó el cambió de humor repentino y lamió mi cara con cariño. Acaricié su cuello e intenté sonreír.
- ¿Qué pasó antes lobito tonto?
Él intentó apartarse y su mirada se volvió triste, mucho, pero no le solté, me abracé con fuerza a su cuello y acabó tumbándose sobre mi, acaricié su lomo y tan solo disfruté de su compañía por un rato.
- No estoy enfadada contigo, no puedo enfadarme contigo, solo quiero saber que es lo que pasó y si yo puedo hacer algo para arreglar las cosas.
Me miró a los ojos y simplemente me dijo que no quería que me hicieran daño, que él solo quería protegerme. No acababa de entender lo que quería decirme, pero creí adivinarlo, él simplemente no quería verme sufrir, tenía miedo a que aquel hombre me hiciera cualquier tipo de daño.
- No va a hacerme daño, soy fuerte, no dejare que nada me dañe.
Volvió a lamer mi mejilla y recostó su cabeza de nuevo sobre mi pecho y suspiró. No se si le convencí o no pero estaba bien, le sentía más tranquilo y relajado que hacía unos minutos. Debimos estar mucho rato fuera porque los demás se preocuparon y tanto mis dos lobos como el hombre salieron a buscarnos, nos encontraron tumbados en el suelo. El lobo blanco corrió hasta nosotros y me lamió la cara siguiendo con la cabeza del lobo gris, nos animaba a levantarnos.
- ¿Está todo bien? - preguntó el hombre al vernos a los dos en el suelo. Yo asentí con la cabeza.
El lobo gris se puso en pie y caminó despacio hacia él, con la cola y la cabeza gachas en señal de arrepentimiento. Se alzó sobre las patas traseras y las apoyó sobre su pecho con cuidado de no apretar la herida en forma de aspa, le miró unos segundos a la cara mientras el hombre apoyaba su mano sobre la cabeza del animal, eran casi de la misma altura. Tras observarse unos segundos el lobo lamió los cortes que había hecho con sus garras sobre sus hombros con mucha delicadeza, después regresó al suelo y se sentó a su lado.
Yo seguía echada triparriba en el suelo contemplando la escena, lo veía todo boca abajo, era curioso ver ese encuentro.
- ¿Te ayudo a levantar?
- No - me miró de soslayo, acercándose un poco.
- ¿Te vas a levantar?
- No.
Se sentó a mi lado.
- Si tu no te vas a levantar tendré que echarme yo - comentó tumbándose a mi lado. Nos quedamos un buen rato así, contemplando las estrellas y la luna, ya iba desapareciendo poco a poco. Busqué su mano a tientas y la sostuve con fuerza, ese simple contacto me bastaba para sentirme unida a él, no quería soltar jamás esa mano y sentía en mi interior que jamás me haría daño, estaba segura.
- Se va a quemar la carne - comenté sin levantarme todavía.
- Me encargué de repartirla antes de salir a buscaros. - giré mi cabeza hacia él. Él había hecho lo mismo.
- Gracias - comenté - ¿Tu has comido? - negó con la cabeza.
- No tenía hambre - no le creí, sabía que debía de tener hambre pero que había querido esperarme.
- Pues yo estoy hambrienta, ¿Vamos a cazar la cena? - me miró extrañado, después miró sus propias heridas, las pequeñas eran ya simples costras. Quitó los vendajes de los brazos y levantó las perneras del pantalón para quitar también los de las piernas, tan solo quedaba una herida abierta en una de sus piernas, lo más lógico parecía ser que aquella punzada le hubiera cortado la arteria femoral, pero en tal caso se habría desangrado y habría muerto, pero seguía con vida, lo que indicaba que tenían que haber fallado en aquel intento, aun así la herida era profunda en aquel lugar, le mandé volver a tapar aquella herida. Y ni hay que hablar de las de su pecho y su espalda, apenas le dejé apartar un poco las vendas para comprobar que aquello no se hubiera infectado, parecía curar a gran velocidad, estuve apretando con suavidad la herida en forma de aspa, parecía que la piel ya se estaba pegando un lado con el otro, tal vez podríamos quitar pronto los puntos. Me observaba atentamente mientras yo jugueteaba a comprobar la solidez de las uniones de sus cicatrices, no hizo ningún intento de acercase a mi en un sentido más íntimo y ahora estaba entendiendo porqué el día anterior apenas si me había mirado, tenía miedo de romper la promesa hecha al lobo, temía el ataque sufrido hoy.
Cuando acabamos de mirar sus heridas me puse en pie y le tendí una mano para ayudarle a levantar.
- ¿Crees que esté en buenas condiciones para cazar?
- No, pero puedes acompañarnos al menos y aprender la técnica para cuando estés mejor, yo pasé un día y  medio solo observando.
Los lobos supieron dónde quería ir y ellos se encargaron de guiar nuestros pasos, fuimos hasta la zona de conejos, siempre me sorprendía la cantidad de madrigueras que podía llegar a haber en aquella zona. Dejamos primero que los lobos demostrasen cómo se cazaba un conejo, yo me senté junto a Siivet e iba puntualizando alguno de los matices acerca de las tácticas de caza que utilizaban. Después me tocó a mi el turno de cazar, al igual que la otra vez en la que había cazado intenté sentir únicamente el ambiente, las vibraciones de la tierra pero me costó mucho más ya que no podía dejar de pensar en que él me estaba observando y no quería decepcionarle, porque ya no cazaba solo para mi, si no que también cazaba para él, no quería que los lobos tuvieran que seguir cediéndonos sus presas personales.
Tardé más que la otra vez, cometí un par de fallos en los que los conejos escaparon pero no desistí hasta conseguir mi presa, cogí uno bastante grande para poder comer ambos, estaba orgullosa de mi presa, aunque me hubiera costado muchísimo tiempo el atraparla lo había conseguido.
Volví con mi pequeño grupo, los lobos me elogiaban por la captura, el hombre simplemente me miraba con la boca entreabierta, parecía estupefacto.
- Te deseo... - esas palabras salieron de su boca, me sonrojé y sorprendí a más no poder, ¿En verdad me había dicho eso? Vale, el día anterior lo había demostrado, pero de ahí a decirlo de esta manera con palabras, no era lo mismo y esto me ponía más nerviosa.
- ¿Qué dijiste? - pregunté aun sorprendida.
- No, no quería decir eso, es solo que... no lo pensé, te estuve observando todo este tiempo, eras uno con tu entorno, tus movimientos, tu postura, todo era perfecto, eres perfecta y... y no pensé al hablar, yo, yo lo siento, no quería decir algo así...
- No importa, no me molesta, si es lo que en verdad sientes en tu interior no debes callarlo. No calles nunca tus sentimientos, no al menos conmigo. - me acerqué unos pasos más a él.
Seguía sentado en la pequeña ladera en la que estábamos antes ambos, estiró sus brazos hacia mí y abrazó mi cintura dejando la cabeza apoyada contra mi vientre, se apretó con fuerza y me dio un suave beso cerca del ombligo. Se quedó abrazado a mi un buen rato, yo mientras tanto jugueteaba con mis dedos en su pelo, acariciaba su rostro con cariño, después se puso en pie y sujetó mi rostro entre sus manos, mirándome a los ojos con esa intensidad que tan solo había visto en aquella mirada dorada, sus ojos seguían pareciéndome algo antinatural, algo de otro mundo imposible de concebir en el nuestro. Besó mi frente con cariño y comenzamos el regreso a la cueva, la noche había avanzado, la caza nos había llevado largo tiempo pero ahora teníamos algo para llevarnos a la tripa, mi estomago rugía constantemente y creí escuchar el de él también gruñendo un par de veces, no habíamos probado bocado en toda la noche y lo necesitábamos.
Ya en la cueva limpiamos el conejo entre los dos, parecía que esto se le daba bastante bien, era hábil con las manos, se le daba bastante bien lo de desollar. En poco tiempo tuvimos el conejo listo para asar, otra vez la espera a que la carne estuviera lista, yo quería que se repitiera lo que al despertar, quería sentir sus besos mientras esperábamos, pero no quería que el lobo volviese a atacarle, no creí que fuera a hacerlo de nuevo pero aun así quedaba ese miedo. Me acerqué a él y simplemente recosté la cabeza sobre su hombro, él me rodeó con uno de sus brazos y simplemente contemplamos el danzar de las llamas. Llenamos nuestros estómagos y nos echamos a dormir como ya estaban haciendo el resto para cuando acabamos de comer. Nos escabullimos bajo las mantas con los tres lobos, siempre estaban con nosotros y yo deseaba su compañía, pero en estos momentos había algo que deseaba más intensamente y aun teniéndolo al alcance de mis manos no podía tomarlo. Simplemente me abracé a él estando lo más cerca que podía de su ser, me rodeó con sus brazos y me susurró al oído antes de dormir:
- Siempre te cuidaré... te deseo...
Esas palabras me ayudaron a dormir de una forma bastante incomprensible.

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