Un Hermoso Lugar

Un Hermoso Lugar

sábado, 28 de febrero de 2015

Latido

    Parece que hay momentos en la vida de uno en los que todo va bien y al mismo tiempo sigues sintiendo ese latido de estres.
    Falta de confianza o simplemente sentirse inutil. Todo lo que tiene que ir bien ha ido bien, entonces por que este sentimiento. Si pudiera simplemente coger una espada y atravesarme el pecho... pero en vez de eso quiero seguir luchando, por algo más. Algo que parece inalcanzable inculo para aquellos que lo tienen en la palma de la mano, y yo, que aun lo tengo tan lejos quiero agarrarlo entre mis dedos y apresarlo como mio.
    Tal vez sea posible, o no, simplemente hoy lo voy a intentar, porque ese heroe que todos necesitamos para que nos salve la vida en el momento correcto simplemente no existe.
    Tan solo liberar todo, darlo todo y conseguir lo inalcanzable, tal vez... porque al parecer lo justo no es suficiente hoy para mi.
    Siento que debo hacer más y más... jamás rendirme incluso tratando de alcanzar lo inalcanzable.

sábado, 29 de junio de 2013

Noches oscuras.Epilogo

       Hola Silvia:
       Recibí tu último escrito hace unos pocos días. He leído tu nueva obra y me ha resultado muy diferente al género que has estado escribiendo hasta ahora.
       Me parece un trabajo bastante aceptable aunque no sé como lo recibirán tus lectores habituales, seguramente esperen algo del mismo estilo que hasta ahora. Es posible que pierdas muchos seguidores, aunque puede que ganes algunos nuevos. Por éste motivo me gustaría que quedásemos algún día en persona para tratar algunos puntos que veo complicados para que tratásemos de buscarles solución. Hay algunos detalles que me gustaría que considerases en cambiar.
       No te entretengo más por ahora, espero recibir una respuesta tuya con una fecha en la que puedas quedar dentro del horario habitual.
       Trata de releerte la historia y ver por ti misma que puntos podremos modificar para agradar a un público más amplio.

       Un cordial saludo.


Noches oscuras.26

       Me desperté con la cabeza aun apoyada sobre el pecho de Siivet, seguía escuchando los suaves latidos de su corazón, ahora parecían algo más fuertes que al quedarme dormida la noche anterior. Su respiración también parecía más tranquila y acompasada, ahora al menos su pecho subía y bajaba al respirar. Casi parecía que apenas estuviera dormido. Por un momento pensé que así era, que tan solo dormía. Pero al acariciar su rostro y besar su mejilla no despertó. Seguía inconsciente por mucho que yo deseara lo contrario.
       Tenía mejor color que el día anterior y la temperatura de su cuerpo también parecía más normal. Posé una mano sobre su frente, seguía sin tener fiebre al parecer. Me desperecé y me estiré, salí de la cama para ir hasta el baño. Me quedé un momento mirándome en el espejo, hacía prácticamente un mes que no veía mi reflejo. Por un momento no me reconocí.
       Ahora llevaba el pelo corto, a trasquilones y el rostro que veía en el espejo no era el mío, no al menos el que yo recordaba ver en ese mismo espejo día tras día. El que ahora contemplaba era el de una mujer fuerte, dura y salvaje, alguien a quien no se podía amedrentar tan fácilmente, alguien que había aprendido a vivir de verdad. Me hizo gracia el pensar que si unos meses atrás yo me hubiera cruzado por mitad de la calle con alguien así posiblemente hubiera apartado mi mirada, habría tratado de no cruzar mis ojos con los de esa persona, posiblemente incluso llegara a atemorizarme. Pero ahora yo era aquella persona y no me asustaba de mí misma. Sentía que ahora era una persona de verdad, aquel tipo de persona que el ser humano había llegado a olvidar y a rechazar de su sociedad. Pues no era necesario que la sociedad me rechazara de su mundo, ya que era yo la que estaba sacando a la sociedad del mío.
       Sentía el cambio, el final de algo. La decisión estaba tomada. Quería cortar de raíz con ese mundo, librarme de él, olvidarme de él. Había decidido extirpar a la raza humana de mi vida por completo. Miré por el pequeño ventanuco del baño, hacia el cielo.
       No había luna. Así que eso era lo que sentía el día anterior. Eso era lo que se acababa. Esa luna, en el último mes había marcado el ciclo de mi vida, como uno nuevo empezaba, como el viejo se terminaba. Y no iba a mirar atrás, la sociedad desaparecería, no había nada que detestase más en estos momentos en el mundo, tan solo a aquellas miles de personas luchando por ser iguales entre ellas, por no destacar, por no soñar, por no vivir, por no sentir. Me repugnaban hasta el punto de querer destruirlas… ¿O tal vez no fuera así? En realidad esas personas ya no me importan lo suficiente como para querer destruirlas… me son… indiferentes. No quiero trato con ellas ni saber nada de ellas, la suerte que corran no me interesa. Aparté la mirada del espejo sintiéndome una nueva persona, renovada por dentro. Mi vínculo con el mundo se acabaría a partir de ahora de forma definitiva.
       Mi mirada se posó en este momento sobre una esponja que había en la ducha. También cogí una palangana que había bajo el lavabo y la llene hasta la mitad con agua. Después regresé al cuarto.
       Aparté las mantas con cuidado y desaté sus vendajes para poder ver sus heridas. Le voltee sin demasiado esfuerzo, me sorprendió la velocidad con la que el cuerpo es capaz de comenzar a sanarse. No era una curación tan drástica como la vez anterior, esta llevaría su tiempo, pero aun así ya podía ver una costra creciendo sobre los cortes. Toda la zona estaba roja e hinchada, pero por  el momento no parecía que hubiera ningún problema, no parecía haberse infectado.
       Cogí la esponja y la sumergí en el agua fría, la escurrí y limpié con cuidado alrededor de las heridas. Aunque había utilizado las gasas para limpiar la zona antes de vendarle aun quedaban restos de sangre e incluso del vetadine que le había puesto al principio. No reacciono ante el contacto de la esponja… Por supuesto. ¿Cómo iba a reaccionar si seguía inconsciente? Me sentía estúpida solo de pensar en ello, esta vez no iba a ser como la anterior, las cosas no iban a ser tan rápidas.
       Lavé todo su cuerpo con la esponja, apestaba al sudor del alcohol y de esta manera dejaba su cuerpo limpio y fresco, libre de las toxinas que aquella bebida había dejado en su piel. Aunque la verdad nos había venido bien que aquella bebida hubiera mitigado en parte sus sentidos, seguramente el dolor hubiera sido mucho mayor de no habérselo tomado. Aun podía escuchar sus gritos en mi cabeza, era algo espantoso solo de recordarlo, pero por suerte no había tardado demasiado en caer inconsciente. Según iba lavándole acariciaba con la yema de mis dedos cada centímetro de su cuerpo con cariño, aun no me podía creer que siguiera con vida, pero así era, seguía a mi lado, aunque ahora temía que jamás llegase a despertar.
       Al recorrer su cuerpo encontraba pequeñas cicatrices que habían quedado de la vez anterior, no se habían llegado a borrar. Había dos más llamativas que el resto, una de ellas estaba en su pierna derecha, recuerdo que en un principio había pensado que pasaba muy cerca de su arteria, pero ahora, tras conocer toda su historia empezaba a pensar que en verdad aquel corte le hubiera seccionado la arteria de verdad, solo que con la regeneración que poseía por aquel entonces se había librado de la muerte. Seguramente hubiera sido cuando le torturaban en aquellas celdas… apenas podía imaginarme lo que había tenido que vivir en aquella época. La otra cicatriz que era realmente visible era el aspa de su pecho, aquella enorme cruz que atravesaba su pecho de un lado a otro, como si fuera la marca de un pirata para señalar su tesoro. Recorrí aquella cicatriz con mis dedos recordando cuando aun había cuerdas cerrándola, ahora era suave y lisa, un pequeño relieve sobre el resto de su piel.
       Cuando terminé de lavarle volví a coger el botellín de agua para darle de beber a pequeñas cantidades como el día anterior, si lo hacía de esta manera al menos sabía que algo iba tragando aunque seguramente necesitase beber una mayor cantidad, no sabía de qué otra manera hacerlo. Pase un buen rato dándole agua antes de levantarme e ir a buscar algo que llevarme a la boca, empezaba a tener verdadero hambre.
       Después de comer salí unos pocos minutos al exterior para contemplar el cielo. No había luna. En ese momento me di cuenta de que llevaba dos días en la cabaña y que no había sentido aquella necesidad de salir corriendo, de que debiera alejarme de aquel lugar, estaba a gusto como en cualquier otra parte del bosque, solo que seguía sin ser mi hogar, no era mi cueva. Al menos podía permanecer allí sin la sensación de estar allanando una propiedad ajena.
       Volví a entrar en la casa, fuera la noche era fría. Me senté de nuevo en la cama a su lado para seguir dándole agua. Debí de quedarme traspuesta en algún momento, porque me abrí los ojos acurrucada a su lado y con la botella apoyada contra la almohada. Debieron de ser unos pocos minutos, pero eso basto para que una idea, una necesidad se creasen en mi interior. Volví a darle un poco de agua y me levanté de nuevo de la cama.
       Rebusqué entre las bolsas que había por el suelo, y encontré lo que buscaba. En el momento que lo compre no había tenido muy claro el porqué, solo sabía que debía comprarlo, pero ahora la necesidad que sentía me explicaba el porqué lo había hecho.
       Saqué el portátil. Lo coloqué sobre el pequeño escritorio del cuarto y lo encendí. Tarde poco en ponerlo a punto, pero mientras esperaba a que se instalasen ciertas cosas volví a su lado a ir dándole agua en pocas gotas, parecía que hoy la botella baja a mejor ritmo que el día anterior. Cuando el ordenador estuvo a punto abrí un Word y me puse a escribir como una loca. Jamás había escrito de aquella manera en toda mi vida, mis dedos parecían quemar sobre cada tecla.
       Creo que lo que me impulsaba a escribir de esta manera no era el buscar una historia para entretener a los lectores como siempre había hecho, ni tan siquiera para darles vida a unos personajes como había sido al principio, cuando decidí que quería escribir. Esta ver estaba despidiéndome del mundo en el que siempre había vivido. Comencé a escribir mi vida durante este último mes, con todo lujo de detalles, tal y como yo lo había sentido, tal y como lo había vivido. Me puse a escribir estas palabras con toda la pasión de mi ser.
       No sé el tiempo que estuve escribiendo, pero cuando paré mis dedos ardían, aun era de noche pero me detuve para acercarme de nuevo a la cama para darle de beber. Esta vez pareció tragar por sí mismo, ya no era simplemente que las gotas de agua resbalasen por su garganta, comenzaba a tragar. No iba a morir y eso lo tenía claro, ahora solo quedaba el esperar a que despertases, tal vez al día siguiente, o dentro de dos días, pero iba a despertar, de eso estaba segura.
       Seguí escribiendo, haciendo parones de vez en cuando para darle de beber y para estirarme de cuando en cuando. Mis articulaciones se agarrotaban y los dedos me quemaban con cada párrafo que escribía, pero no podía parar. Era mi forma de decir adío, explicándole al mundo porqué iba a abandonarlo. En una de las veces que me detuve miré por la ventana y vi el sol naciendo. Salí unos segundos a la calle a mirar el renacer de un nuevo día.
       Me sentía limpia por dentro, mi alma se renovaba al contemplar aquel nuevo día, al ver los bosques iluminándose. Dirigí mi mirada hacia la cueva, hacia el lugar en el que se encontraba y me pregunté si nuestros hermanos nos estarían echando de menos tanto como yo a ellos. Me imaginé que sí, o al menos mi lobo gris me estaría añorando. Pero no podía reunirme con ellos, de momento no. Tenía que esperar hasta que Siivet se recuperase por completo, tenía que acabar hasta terminar de escribir lo que ahora mismo escribo y tenía que mandarlo al mundo.
       Tras el pequeño descanso pensé en dormir, descansar un rato antes de seguir escribiendo. Me tumbé de nuevo en la cama, volví a acercar la botella a los labios de mi amado y después me recosté a su lado. Traté de dormir, de descansar, pero me sentía inquieta, totalmente incapaz de dormirme.
       Tras un buen rato dando vueltas en la cama volví a levantarme y a sentarme frente al ordenador. Mis dedos seguían volando sobre las teclas como cientos de pájaros al unísono, no podía parar, no podía descansar hasta acabar con toda mi historio.

       Así que, ahora mismo, aquí me encuentro, sentada en mi cuarto, viendo los rayos del sol entrando por mi ventana. Escribiendo, y pensando en las cosas que me depara la vida a partir de ahora, a partir de que diga adiós a este mundo. En principio esperaré a que Siivet despierte, a que se recupere por completo. Después regresaremos junto con la manada para no regresar jamás a este mundo, tal vez ni tan siquiera a esta casa, pero eso es algo que ahora mismo no puedo asegurar. Allí seremos libres, felices, y… cierto, estamos esperando un hijo, creo que aun no me he hecho a la idea, y todavía me costará un tiempo… un niño sin alma… no sé que es lo que eso significa todavía, lo descubriré llegado el momento y lo afrontaremos como sea necesario, es algo por lo que de momento no pienso preocuparme, creo que en el fondo me da algo de miedo el pensar en lo que pueda suceder, pero no estaré sola, voy a tener a mi manada y a Siivet, ya que no pienso dejar que nada ni nadie me lo arrebate, se quedará conmigo, luchare por él contra los propios demonios si es necesario, si acaso se atrevieran a tratar de arrebatármelo de nuevo. Y con estas palabras, sin saber qué más decir, me despido de esta sociedad de la que no quiero volver a oír hablar nunca más, al acabar de escribir estas pocas líneas que me quedan, le daré a enviar por email, apagaré y cerraré este ordenador para no volver a tocarlo nunca más. No tenía muy claro a quien enviarle estas palabras, así que al final he optado por la última persona con la que mantuve una conversación útil antes de aislarme, con mi editor, tú sabrás que hacer con esto, tal vez simplemente lo quemes.

domingo, 28 de abril de 2013

Farfetch'd a la naranja

Conversaciones entre frikis de Pokémon que pueden acabar en esta situación:
¿Qué comían las personas en Pokémon? Siempre les vemos comiendo arroz y carne, pero ¿de qué era esa carne? porque animales no había, solo había Pokémons.
Entonces claro, tiene que haber cosas ricas, como el Taurus. Así que puede haber distintos menús, como el Farfetch'd a la naranja, o los Tentacool a la romana, Tangeela con albondigas, muslitos de Pidgey, aletas de Lapras a la plancha, Magicarp con salsa verde, Pikachu al horno (recomendados guantes goma para evitar electrocutarse), sopa de Squirtle... y muchas otras.
Además en algún sitio deben de criarlos, seguramente en el restaurante chino que tengas en pueblo Paleta tendrán un criadero oculto de Ratatas...

jueves, 4 de abril de 2013

Noches oscuras.25

Me desperté temblando. Toda mi piel estaba helada, tenía la cabeza embotada, las extremidades y casi todo el cuerpo entumecidos, sobre todo el lado derecho que había adquirido una tonalidad morada a lo largo de casi todo el brazo y de parte de la cadera, los cardenales por la caída de hacía dos días empezaban a dejarse ver en su máximo esplendor.
Estaba medio dormida, despertando aun cuando un fogonazo vino a mi mente en
forma de muerte. Recordé en ese instante que el corazón de Siivet se había detenido, creía recordar que antes de dormirme rendida sobre su pecho había escuchado latidos de nuevo. Pero de aquello no estaba segura, podía haber sido tan solo un sueño, un sueño con la vaga finalidad de hacerme descansar, de que el destino se riese de mí al darme otra bofetada de realidad al despertar.
No me atrevía a acercar mi oído a su pecho. Posé una mano sobre uno de sus
brazos, estaba helado. Mi piel se erizó de terror, pero mi cuerpo también estaba helado, era una noche fría. Tenía que sacar valor y acercarme para escuchar su corazón, al final no sé de donde saqué las fuerzas pero me acerque, no escuché nada y volvió a congelárseme la sangre en las venas. Traté de prestar mayor atención en un desesperado intento de cambiar la realidad, y lo conseguí, allí estaba. Ese suave latido, apenas audible y una respiración apenas inexistente. Sujeté el cuchillo que estaba sobre la mesita muy cerca de su nariz para ver como pequeños cercos de vaho se formaban en su filo. Respiraba. Aunque yo apenas pudiera notarlo estaba respirando.
Casi no me lo podía creer. Seguía con vida, y había pasado ya un día, yo apenas
debía de haber dormido cuatro horas porque estaba comenzando a anochecer y en el momento que yo me quedé dormida aun debía de ser medía tarde. Me incorporé un poco sobre la cama para contemplarle. Tenía un tono pálido en la piel y parecía estar muerto, pero no lo estaba, yo sabía que no lo estaba. Acaricié su rostro con cariño, observándole, intentando discernir algún cambio en su tono de piel, algún gesto en su cara, un leve movimiento de una mano... Pero nada, nada en absoluto cambio.
No quería levantarme de la cama, no quería separarme de él, no deseaba perderle ni un solo instante de vista por miedo a que ese único segundo fuera suficiente para que su vida se me escapase de nuevo de entre los dedos, pero mi vejiga me apremiaba para que me moviera de su lado así que al final no pude evitarlo. Me levanté y fui hasta el baño lo más rápido que pude para volver cuanto antes a su lado.
Al regresar todo seguía como lo hubiera dejado pocos minutos antes. Acaricié su rostro con cariño y volví a apoyar mi oído sobre su pecho, todo en orden. Al quitar ese miedo de que al apartarme de su lado se desvaneciera me atreví a alejarme un poco más, asique fui hasta la cocina en busca de algo que yo pudiera comer y de agua para poder mojar sus labios al menos.
Mi nevera era un desastre, la mayoría de las cosas que allí había estaban
enmohecidas y desprendían un olor nada apetecible. Volví a cerrar el portón de golpe y eché mano de la puerta del congelador, allí las cosas se habían conservado como debía de ser. Saqué algo, ni siquiera me fijé en lo que era y lo dejé sobre la encimera. Después llene una botella pequeña con agua para poder regresar rápido a su lado. Aunque ya hubiera comprobado que no sucedía nada por dejarle solo unos pocos minutos no me atrevía a hacerlo durante demasiado tiempo, era un riesgo que no estaba dispuesta a correr. Aun así de camino al cuarto me di un segundo para asomarme por la ventana para mirar la luna que ya se alzaba sobre el firmamento. Apenas si era una rendija, un efímero haz de luz al que se le acababa la vida, por un momento lo temí por un presagio de que la vida de Siivet tocaba a su fin con aquella luna. Pero solo lo pensé por un instante, no tenía sentido ya que el día en el que la luna había tenido su máximo esplendor yo le había encontrado a él medio muerto, aquello no tenía nada que ver con el hilo de su vida.
Regresé a su lado sentándome junto a él en la cama. Todo seguía igual. Debía
quitarme esos miedos del cuerpo, tener confianza en mis instintos, seguirlos, hasta ahora solo me habían llevado hacia la vida que siempre había anhelado sin tan siquiera saberlo.
Rebusqué en las bolsas que había triado y saqué de una de ellas los antibióticos que había comprado en la sección de farmacia del supermercado. Disolví uno de los sobres en el agua del botellín después de leerme el prospecto por encima para poder saber al menos cada cuanto podía tomarse la medicina y si tendría alguna reacción secundaria, algo que debiera de saber.
Cogí unos cuantos cojines que estaban ahora tirados por el suelo para poder
incorporarle un poco en la cama. Trate de evitar acercarme a las alas que yacían ahora inertes en el suelo, me daba escalofríos el solo mirarlas, ahora me resultaban espeluznantes. Estaban marchitas e iban tomando tonalidades negras, de tonos enfermizos. Pensé en sacarlas a la calle y enterrarlas, pero aun no me atrevía a tocarlas y mi instinto no me decía que debía hacer con ellas, así que por el momento las deje donde estaban y me senté en la cama junto a él para tratar de hacer que bebiera el agua. Debía de necesitarla, no solo por que debía tomarse los antibióticos sino también por la cantidad de alcohol que se había bebido la noche anterior, eso siempre daba sed. Al menos no tenía que sufrir la resaca mientras estuviera inconsciente.
Acerqué la botella a sus labios y deje que unas pocas gotas los rozaran. Allí se
quedaron bañando sus labios. Probé a abrir con delicadeza su boca y deje que unas pocas gotas más resbalasen hasta su lengua, aunque no las tragara su boca las recibió sin causarle molestia alguna al parecer. Procure mojar su boca con agua cada pocos minutos sin llegar nunca a darle demasiada cantidad. Al parecer al ser pocas gotas de cada vez estas resbalaban fácilmente por su garganta sin necesidad de que él tragase.
No sé cuanto pasé así, a su lado, dándole de beber. Solo sé que mi estómago
comenzó a rugir y recordé entonces que había sacado algo del congelador. Aun no sabía lo que era, pero tenía hambre.
Volví a cerrar sus labios y me alejé de su lado. Caminé hasta la cocina y desenvolví aquello que había sacado hacía ya un rato. Eran unos filetes de pescado que ya estaban prácticamente descongelados. Me permití, por una vez en mucho tiempo el volver a utilizar una sartén y algo de aceite para freír aquel pescado.
Una vez cocinado cogí un plato y me llevé la comida al cuarto para volver a
sentarme a su lado. Sabía que él no podía comer en su estado, pero tenía la vaga ilusión de que el olor del alimento le hiciera despertar a algún tipo de estado de semiinconsciencia. Aquello no ocurrió aunque en el fondo ya me lo imaginaba, era algo completamente imposible. Ya no tenía su poder regeneratorio y la curación sería lenta, no podía esperar que despertase en menos de un día.
Me quedé a su lado y después de acabar mi comida volvía a dedicarme a darle de beber el agua a gotas y aunque me pareció que transcurría una eternidad el nivel de la botella de agua fue bajando y él en ningún momento se atragantó.
Cada no mucho tiempo echaba una mirada de reojo hacia las alas muertas. No sé por qué tenía el extraño miedo de que de pronto saltasen desde el suelo con la intención de volver a pegarse al cuerpo de Siivet para continuar absorbiendo su vida. Llegó un momento en el que no pude soportar más mi estado de nerviosismo y me bajé de la cama. Agarré una de ellas por un extremo y comencé a tirar para arrastrarla. Pesaba mucho más de lo que recordaba e inicialmente me vi incapaz de moverla. El tacto también era raro, ya no eran de piel suave, ahora parecían más rasposas, más rugosas. Tal vez era simplemente porque se estaban secando. Volví a tirar del ala que tenía agarrada con mayor ímpetu y por fin conseguí comenzar a arrastrarla. Su peso había aumentado una barbaridad y me resultó una tarea verdaderamente extenuante el llevarla hasta el salón, la dejé allí tirada en el centro de la estancia. Después volví al cuarto para arrastrar la otra también. Esta me resultó aun más pesada que la primera y tampoco recordaba que su peso fuera tan atroz. Tire con todas mis fuerzas para poder llevarla hasta el lugar donde había dejado la otra. En verdad habían tomado un color negruzco y estaban muy frías. Pero estaban muertas, ¿Qué más podía esperar?
Regresé al cuarto para sentarme de nuevo sobre la cama y comenzar otra vez con mi labor de administrarle agua gota a gota. No era lo que se dice difícil pero sí cansaba y era aburrido. Además ahora me dolían los brazos del esfuerzo de andar tirando de las alas.
No sé exactamente en qué momento de la noche fue, pero dejé el botellín en la
mesita junto a él. Cerré sus labios. Me recosté sobre su pecho y nos eché una de las mantas por encima. La noche era fría y sin mis lobos para arroparme en sus cálidas pieles la mía temblaba. Él tenía la piel de gallina también y su cuerpo estaba bastante frio. Por suerte, de momento, no había tenido fiebre. Quité los cojines de debajo de su espalda para tumbarle y cambiarle un poco de postura. Me abracé a su cuerpo y cerré los ojos mientras escuchaba su corazón para dejarme sumirme en el mundo de los sueños.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Baile de máscaras

En un baile de máscaras, donde unas son de oro, otras de simple papel, todas danzan y bailan flotando al son de cientos de sinfonías al unísono.
De vez en cuando alguna pierde el ritmo, tiembla, se tambalea y cae al suelo para romperse en mil pedazos.
Entre todas ellas, la más perfecta, la más hermosa y elaborada es la máscara de plomo. Tan bella, tan fuerte y sólida tan maleable y cambiante pero a la vez tan oscura y pesada.Si perdiese el son, si cayese al suelo, no se rompería, pero sería tal el estruendo de su caída que el resto de las máscaras la odiarían.

martes, 4 de diciembre de 2012

Tears of an angel


Cover my eyes
Cover my ears
Tell me these words are a lie
It cant be true
That I'm losing you
The sun cannot fall from the sky
Can you hear heaven cry
Tears of an angel
Tears of aaaaaaaa...
Tears of an angel
Tears of an angel.
Stop every clock
Stars are in shock
The river will flow to the sea
I wont let you fly
I wont say goodbye
I wont let you slip away from me
Can you hear heaven cry
Tears of an angel
Tears of aaaaaaaa...
Tears of an angel
Tears of an angel.
Tears Of An Angel 
So hold on
Be strong
Everyday on we'll go
I'm here, dont you fear
Little one dont let go
(ooooooooooohhhhhhhhh)
Dont let go
(ooooooooooohhhhhhhhh)
Dont let go
(ooooooooooohhhhhhhhh)
Cover my eyes
Cover my ears
Tell me these words are a lie


lunes, 12 de noviembre de 2012

Puertas

Imagina un mundo de puertas, un pequeño mundo circular, de piedra, en el que estás en el centro y simplemente giras y giras mirando a tu alrededor. Y tan solo ves puertas, una infinidad de puertas en la pared circular, y sigues girando y girando, mirando a todas ellas. ¿Y si un día despertaras en ese mundo, qué harías? Tal vez abrieras una puerta, esa puerta conduce a otro pequeño mundo rodeado de puertas, pero en ese nuevo mundo también encontrarías algo, puede que fuera bueno, puede que fuera malo.
¿Entonces qué harías? Podrías dedicarte a abrir todas las puertas como un loco queriendo encontrar todas esas pequeñas cosas existentes en cada pequeño mundo.
O, a lo mejor, decidas quedarte en ese primer mundo, seguir hacia la puerta que ese pequeño objeto te guía, para seguir avanzando por los mundos que los objetos que encuentras a tu paso te marcan.
¿Y si en alguno de esos pequeños mundos hubiera más de un objeto? ¿Y si cada uno de esos objetos te llevasen por puertas diferentes? ¿Qué harías? Seguramente abrir ambas puertas y asomarte, ver que objeto se encuentra en cada uno de los siguientes mundos. Aquí te surgirían tres posibilidades. Que te gustase el objeto de uno de los mundos y lo siguieras. Que no te gustase ninguno de los dos y optases por una nueva puerta o que te gustasen ambos.
¿Entonces qué?
Todo mundo conduce a un nuevo laberinto, puedes vislumbrar lo que hay tras las puertas, desde lejos, pero no puedes ver cual de esos caminos te saca del laberinto, o tal vez ninguno tiene salida, tal vez solo son pequeños mundos que se superponen unos a otros, tan solo pasillos a recorrer para cambiar de un pequeño mundo de piedra a otro, sin saber que nuevos mundos se abren detrás de cada puerta.
Tal vez la decisión sea perderse en ese laberinto, querer caminar por todos y ninguno de los mundos, querer decidir muchos caminos al mismo tiempo y tratar de unir unos mundos con otros que los caminos guiados de los distintos mundos se pudieran superponer y encontrarse, tal vez regresar el punto de partida para cambiar las puertas y poder volver a mundo ya visitados o simplemente llegar a la pura demencia después de abrir tantas puertas y que ninguna conduzca a la salida, simplemente a otra puerta más que te llevara a otro pequeño mundo y después a otro y a otro y a otro... simple locura tras cruzar cientos de puertas.

domingo, 11 de noviembre de 2012

I don´t Care





I try to make it through my life, in my way, There's you 
I try to make it through these lies, and that's all I do 

Just don't deny it, 
Don't try to fight this and deal with it 
and that's just part of it.

If you were dead or still alive 
I don't care, I don't care 
Just go and leave this all behind 
Cause I swear (I swear), I don't care 

I try to make you see my side 
Always trying to stay in line 
But your eyes see right through 
That's all they do 

I'm getting buried in this place 
I got no room your in my face 
don't say anything just go away 

If you were dead or still alive 
I don't care, I don't care 
Just go and leave this all behind 
Cause I swear (I swear) I don't care 


Love changing everything 
You won't be left for me 

You won´t be left for me 


If you were dead or still alive 
I don't care, I don't care 
Just and and leave this all behind 
Cause I swear (I swear) I don't care 

If you were dead or still alive 
I don't care (I don't care), I don't care (I don't care) 
Just go ahead and leave this all behind 
I don't care (I swaer), I don't care 
At all...

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lluvia de Noviembre

Cae la lluvia en ésta seca ciudad, miro por mi ventana y contemplo el mundo a través de cientos de diamantes. Veo la tristeza de la lluvia y la vida en esas gotas, no me resisto y bajo a la calle para empaparme de esa fría tristeza, de esas lágrimas de cielo que hacen crecer la vida. Siento la desdicha de esas gotas que mueres contra el asfalto y deseo que todas ellas consigan llegar a la tierra, que esas mismas gotas que besan mi cara empapen mi alma.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Noches oscuras.24

Desperté abrazada al cuerpo del hombre que dormía a mi lado como ya era costumbre. Miré a mi alrededor, había algo raro que no me cuadraba en la situación, me faltaba algo, pero adormilada como aun estaba no llegaba a entender lo que era. Miré a mi alrededor y vi el techo de la cueva y a los lobos empezando a despertarse aun. Tarde unos minutos en darme cuenta de que lo que me faltaba eran las alas de Siivet rodeándonos. Me recosté un poco más sobre él y vi que las tenía plegadas, pegadas al cuerpo, me pareció que tenían una tonalidad extraña, pero posiblemente fuera el brillo pálido de la luna que apenas era una triste sonrisa en el cielo. No le presté más atención.
Volví a acurrucarme sobre su pecho depositando un suave beso sobre su torso. Sentí una de sus manos posándose sobre mi cabeza y acariciándome el pelo.
- Buenos días - comenté aun abrazada a él.
- No es de día - me respondió medio riéndose, pero noté algo raro en su voz.
Le miré a los ojos, parecía verdaderamente cansado, como si no hubiera podido descansar en toda la noche.
- ¿Qué tal has dormido? - pregunté posando una mano en su rostro.
- Bien, igual que siempre.
- No da esa sensación, parece que no hubieras dormido en toda la noche.
- La verdad es que si que estoy algo cansado, como sin fuerzas, puede que sea que aun estoy medio dormido. – contestó estirándose.
No quise preocuparme sin motivo, no quise darle mayor importancia, así que me puse en pie y caminé hasta la zona del fuego para comenzar a encender la lumbre, para poder ver bailar las llamas mientras la comida se preparaba. Encendí el fuego en pocos minutos, cada vez tenía más práctica con aquello. Cuando fui a pedirle a Siivet que me pasase alguna rama más que echar al fuego fue cuando me di cuenta de que no estaba sentado a mi lado ayudándome a encender la fogata. Miré detrás de mí, hacia el lugar en el que dormíamos, estaba sentado en el suelo, mirando una de sus manos y abriendo y cerrando el puño muy despacio.
- Siivet, ¿Te encuentras bien? – pregunté esta vez ya más preocupada.
- No lo sé… me siento raro – hizo una pausa y volvió la cabeza con brusquedad hacia sus alas – hay algo que no va del todo bien.
Encogió un brazo para agarrar el borde de una de sus alas y tiró de ella para desplegarla y adelantarla. La miraba al principio con curiosidad, después pude contemplar una sombra de temor en su rostro. Mientras sujetaba el ala con una mano la acariciaba con la otra. Su rostro reflejaba cada vez más terror, seguramente el mismo que estaba comenzando a reflejarse en el mío, no entendía que pasaba, no entendía que era lo que le sucedía, solo pensaba en que él se estaba asustando y que jamás había visto ese tipo de miedo en sus ojos, algo grave de verdad le debía de estar pasando.
Me puse en pie y casi corrí hasta él para arrodillarme a su lado.
- ¿Qué está pasando?
- Muertas…
- ¿Qué?
- Están muertas… no queda poder para sustentarlas. Pensé… pensé que al dejar todo mi poder salir solo ocurriría eso… no pensé en que éstas no eran mis primeras alas… las otras producían poder, éstas vivían de él… han muerto… - con cada palabra parecía un poco más asustado que con la anterior.
- ¿Y qué significa que hayan muerto? ¿Qué es lo que tanto te asusta?
- Que yo moriré con ellas – parecía decirlo más para sí mismo que para mí. No creía sus palabras, no podía creerlas, no quería creerlas, no podía perderle, le había encontrado, completaba mi mundo, este nuevo mundo en el que me había instalado y no podía permitir que muriese. Me estaba poniendo muy nerviosa.
- ¿Porqué deberías morir tú con ellas? No tiene sentido.
- Porque buscan la manera de no morir y para ello seguirán bebiendo de mi fuerza, hasta que me agoten por completo, son como un parásito ahora mismo. – empecé a llorar, involuntariamente, pero sentía mis ojos humedecerse, sentí las lagrimas corriendo por mi cara y nublando mi vista. Sentía el pecho oprimido, como si una fuerte garra estrujase mi corazón intentando reventarlo, casi podía escuchar una risa del destino en mis oídos… o no era el destino, sino aquellos que durante tanto tiempo habían intentado ennegrecer mi alma.
- No. ¡NO! No te voy a perder, no te van a alejar de mi lado. Vamos a hacer algo ¿Me oyes? No vas a morir así. No lo permitiré. – su rostro apenas era una silueta tras mis lágrimas, cada vez le veía más borroso y eso hacía que me asustase mucho más, que mi subconsciente pensase en que ya estaba desapareciendo de mi vida. Me sujetó por los hombros.
- Cálmate Elämä, no hay nada que hacer, ya ha comenzado…
- ¡NO! No pienso calmarme… te arrancaré esas alas si es necesario para que no te chupen la vida. – contesté enfadada soltándome de sus manos.
- Eso podría funcionar. – su respuesta me sorprendió, no esperaba esa reacción en él. Ahora parecía pensativo.
- ¿Qué? – volví a preguntar con cara de estúpida. No entendía sus palabras ya que no había pensado las mías, no sabía ni lo que había dicho.
- Quiero decir que tal vez arrancándolas consigamos que dejen de afectarme, puede que no muera… pero habría que hacerlo a conciencia, no podríamos dejar nada de ellas o volverían a crecer para acabar conmigo… - parecía divagar en sus propios pensamientos, en sus teorías – tienes que hacerlo, debes arrancármelas de nuevo. – me miraba con esa intensidad suya, con la decisión y el convencimiento grabados en sus ojos, estaba decidido a ello.
- ¿Yo? ¿Porqué yo? No puedo hacer tal cosa, sería demasiado peligroso. – volvió a sujetar mis hombros.
- Debes ser tú. Yo mismo no puedo hacerlo, me resultaría imposible, y no creo que ningún otro de los que hay aquí sea capaz de tal cosa. – intenté zafarme pero me sujetó con más fuerza – tienes que ser tú, ya lo hiciste una vez y sobreviví, esta vez no queda poder para regenerarme dentro de mí, pero sé que puedes hacerlo.
- No, no puedo – ahora estaba asustada, asustada de poder ser yo la que lo matase en lugar de sus alas – la otra vez estabas inconsciente y ni siquiera te conocía, estabas medio muerto y la decisión fue de la mitad de posibilidades, o sanabas o morías y tuvimos suerte… pero esta vez no tendremos tanta suerte, algo me dice que saldrá todo mal… además estás despierto, no podrás soportarlo y yo no tendré el valor de hacerlo – sujete su rostro entre mis manos – te quiero demasiado como para tener el valor de hacer algo así. ¿Y si en vez de ayudarte te mato?
- Elämä, escúchame, ya estoy muriendo, si no hacemos nada posiblemente mañana no despierte. Debemos al menos intentarlo, saldrá bien confío en ti porque tú me encontraste en un lugar verdaderamente inimaginable.
No sabía que decir, que hacer, no me atrevía a hacer algo como aquello… un día, esa era la vida que le quedaba si no hacía nada por remediarlo, pero si la cosa salía mal moriría mucho antes… no sabía qué hacer, mis lágrimas volvieron a caer, solo el pensar que tendría que despedirme de él para siempre me mataba pero el pensar en clavar un cuchillo en su espalda para poder sacar esas alas de murciélago que había llegado a amar tampoco me resultaba tentador.
Tenía que hacerlo, era la única oportunidad que tenía él de sobrevivir. Me dolía, la mera idea de tener que hacer aquello hacía que mi pulso temblase y que sintiera como si me fuese a desmoronar en cualquier momento, pero me estaba decidiendo, tenía que salvarle la vida, era la única que podía hacerlo, era su única opción. Hacía tan solo un día él había salvado mi vida y la de la loba a cambio de arriesgar la suya, todo era mi culpa y tenía que remediarlo.
Escuché a mi instinto… no podía ser aquí, no podía hacerse en la cueva, en ese caso las cosas saldrían mal… necesitaba un lugar limpio, conseguir materiales quirúrgicos o algo que se le pareciese, necesitaba algún tipo de anestesia… mi cabeza empezó a dar vueltas a gran velocidad pensando en todo lo que iba a necesitar, en realidad necesitaría un hospital, pero claramente eso estaba fuera de nuestras opciones.
- Lo haré – dije decidida, él pareció sorprendido a la vez que asustado y agradecido. – pero debe hacerse a mi manera. Hay mucho que tenemos que preparar.
- Debe ser hoy, no podemos esperar. – me dijo como si yo no hubiera acabado de comprender lo que implicaba aquella situación.
- Lo sé, y por ello debemos salir ahora mismo. Voy a seguir a mi instinto como llevo haciendo todo este tiempo y me dice que no puede ser aquí… tenemos que ir a la cabaña y tenemos que preparar varias cosas. Aun así no estoy segura de que vaya a salir bien.
Ni siquiera contestó, tan solo se puso en pie, vi cómo se tambaleaba un instante antes de mantener el equilibrio. Las alas colgaban inertes de su espalda, sin vida, había llegado a amarlas, pero en estos momentos solo sentía nauseas al mirarlas y una rabia incontenible al pensar que eran la causa de que Siivet estuviera en peligro.
Salimos de la cueva de inmediato, nadie nos detuvo, nadie nos siguió, parecían comprender la gravedad del asunto, la gravedad de aquello que debíamos hacer. Que tal vez uno de nosotros no regresaría nunca más al cubil.
Caminamos a buen ritmo, aquel que fue capaz de aguantar Siivet, claramente las fuerzas le iban abandonando y yo veía su cansancio a cada paso que dábamos, en verdad no le debía de quedar más de un día de vida, las fuerzas estaban desapareciéndole a unas velocidad insospechadas. Por el camino iba pensando en todo lo que necesitaba, lo que debía comprar, tendría que ir hasta el pueblo para conseguir varias cosas. Mi cabeza estaba acelerada pensando en todo lo que debía hacer, tenía miedo al pensar en que no lo conseguiría, aun tenía el hombro derecho herido y todo el cuerpo dolorido y magullado, no sabía si tendría fuerzas para conseguir arrancarle aquellas alas. Eso ahora no importaba, lo lograría, debía de ser positiva, iba a salvarle y nada me lo impediría.
Cuando entramos a la cabaña caminé hasta mi cuarto sin decir nada, él simplemente me siguió. En realidad no habíamos hablado nada desde que habíamos salido de la cueva. Yo estaba demasiado concentrada, el demasiado agotado. Ya en el cuarto me giré hacia él. Sujeté su rostro entre mis manos y le aparté el pelo de la cara, sus ojos habían perdido ese brillo mágico que tanto adoraba pero aun conservaban sus tonalidades doradas. Le di un beso en los labios para infundirle ánimo.
- Hay un par de cosas que debo hacer, ¿Querrías hacerlas conmigo?
- Como necesites, siempre y cuando no me exijas un gran esfuerzo, creo que en ese caso no podré ayudarte.
Le arrastré conmigo hasta el cuarto de baño y nos metimos en la ducha. Debía quitarme todo resto de sangre antes de ir al pueblo, aunque hubiera renunciado a las condiciones sociales para presentarme allí debía aparentar seguirlas. Me ayudó a eliminar cualquier resto de sangre de mi cuerpo y yo hice lo mismo con él. Después salimos y yo me vestí. Me sentía rara al volver a llevar puestas de nuevo prendas de ropa, me sentía incomoda, aprisionada, como encerrada en una jaula, esas telas me apretaban y asfixiaban, no entendía en este momento cómo había sido capaz de llevarlas durante tantos años sintiéndome cómoda con ellas.
Cuando estuve vestida él me miró, se acercó a mí y sujetando una esquina de mi camiseta tironeó de ella. Me le quedé mirando curiosa.
- No me gusta – comentó –, no eres tú.
- Lo sé, por eso en cuanto regrese me desharé de ellas.
Fuimos hasta el salón y allí abrí el mueble bar, aquella botella empezada de whisky era lo más parecido que tenía a una anestesia y lo único que se me ocurría que podría comprar en el pueblo sin levantar sospechas. Se la tendí a Siivet.
- Empieza con esto, cuando vuelva traeré más, junto con el resto de cosas que necesito. Es lo más parecido que puedo darte a una anestesia y con un poco de suerte conseguiré que caigas semiinconsciente para que no tengas que sufrir tanto dolor.
No contestó, simplemente desenroscó el tapón y le dio un trago largo. Su cara fue la de cualquier persona que no esté acostumbrada a beber tras hacer una cosa así.
- Vuelve pronto – me dijo besándome con cariño. Asentí con la cabeza y salí de la casa.
Fui corriendo casi todo el camino, me ardía la cadera por el golpe del día anterior y había perdido la costumbre de llevar ropa, zapatillas y bolso, todo me molestaba, era un verdadero engorro, no podía correr a gusto y me molestaba.
Llegué al pueblo casi sin aliento y bastante dolorida. Se me hacía tan raro ver a otros seres humanos caminando por las calles, aun no habían cerrado el supermercado, el resto de las tiendas ya estaban cerradas desde hacía casi una hora. Menos mal que aquel sitio lo cerraban tarde.
Entre en la tienda, reconocí bastantes caras pero al parecer nadie me reconoció a mí, la gente se apartaba y me miraban de forma extraña, casi con desprecio, recordaba que no les gustaba demasiado ver a forasteros por la zona. No me importó, saqué pecho y caminé con toda mi dignidad de loba, fui directa a las secciones de la tienda que me interesaban, alcohol, un juego nuevo de cuchillos bien afilados, vendas, gasas, agua oxigenada, esparadrapo, incluso encontré algunos antibióticos fuertes y una aguja con sutura que no pensé que venderían en estas tiendas. Al ir de camino a la caja hubo algo que llamo mi atención, más bien mi instinto. Me acerqué a la sección de electrónica y cogí también un portátil sin saber muy bien porqué, no sabía para que lo quería ni para que lo necesitaba, pero mi instinto me decía que me haría falta.
Con todo ello me dirigí a la caja. La chica que se encargaba de la caja me miró de forma extraña al ver la dispar compra, le dirigí una mirada amenazadora, estaba suficientemente cabreada por la actitud de la gente y suficientemente nerviosa por lo que debía de hacer como para haber aguantado ningún tipo de comentario. Pareció entenderlo a la primera y no abrió la boca, se limito simplemente a cumplir con su trabajo.
Salí de la tienda bajo la atenta mirada de todos, por la calle sentía las miradas que se clavaban en mi pero preferí no prestarles atención. Nada más salir del pueblo volví a empezar a correr, no podía perder ni un solo minuto, cada segundo era crucial en estos momentos. Tuve que parar antes de llegar a casa, las piernas casi no me aguantaban y me dolía todo el cuerpo, caminé el tramo que me quedaba, cada vez más preocupada, con un miedo horrible a llegar a casa y encontrarme a Siivet tirado en el suelo, sin fuerzas, muerto, habiendo sucumbido ya a la succión de las alas. No quería pensar en ello pero ese era un miedo que llevaba martilleándome el corazón desde el mismo momento en el que había abandonado la cabaña.
Entré dentro con el corazón en un puño y conteniendo la respiración, no escuchaba ningún ruido, la casa estaba totalmente en silencio. Caminé un par de pasos dentro de la casa y cerré la puerta tras de mí. No escuchaba nada, estaba cada vez más nerviosa.
De detrás de la puerta salió Siivet de improviso sujetándome por la espalda besó mi cuello. Pegué un bote del susto y me separé de él.
- Ya creía que no regresarías – arrastraba las palabras, en ese momento vi la botella ya vacía encima de la mesa del salón – te he echado de menos amor – dijo volviendo a abrazarme y besándome en los labio.
En verdad me alegraba de verle con vida, de verle tan bien y con tantas energías aun, no pude resistirlo, de simple felicidad, solté las bolsas que traía, me abracé a su cuello y le devolví el beso. Sentí el calor en los suyos, el alcohol había hecho su efecto, aquel que haría en cualquier persona. No sé porqué, pero ya había decidido seguir a mis instintos aquella noche, si lo hacía así conseguiría que sobreviviese o al menso así lo sentía yo.
Cogí la botella que traía en una de las bolsas y le hice seguirme de nuevo al dormitorio. La abrí y se la entregué, por un momento pareció que fuera a rechazarla, pero después pude ver una sombra de claridad por su rostro y le dio un trago largo. La posó en la mesita de noche y volvió a acercarse a mí, sujetándome por la cintura y agarrándose a la cintura del pantalón.
- ¿No dijiste que te desharías de ellas nada más volver? – preguntó con media sonrisa.
- Tal vez prefiera que lo hagas tú – le contesté.
No esperó a que le dijera nada más, volvió a apretarme con fuerza contra su cuerpo y comenzó a besarme con fuerza, en verdad no dejó que mi ropa permaneciera sobre mi cuerpo demasiado tiempo, se encargó de ello. Nos tumbamos en la cama y yo cogí la botella para seguir dándole de beber, parecía que así al menos le gustaba más y no se negaba tanto a beber.
Ninguno de los dos lo dijo en voz alta, pero esa podía ser la última noche que estuviéramos juntos, por eso habíamos decidido disfrutarla, reírnos y disfrutar de aquellos momentos, tal vez esto estuviera siendo un adiós, pero eso no podíamos saberlo ninguno de los dos, por eso simplemente disfrutamos.
Seguí dándole de beber durante todo el rato, él quería que le acompañase, que yo también bebiera con él, estaba bastante borracho desde hacía tiempo y aunque me hacía mucha gracia no probé ni una sola gota, debía mantener la cabeza despejada para lo que luego me tocaba hacer. Poco a poco iba perdiendo sensibilidad, coordinación, hubo un momento en el que ya no era capaz de incorporarse en la cama, solo permanecía tumbado riéndose y diciendo todo el rato que la cama se movía, que daba vueltas. Ese era el momento correcto, teníamos que empezar, tenía miedo de que su cansancio y su incapacidad para moverse no fuera solo a causa del alcohol.
- Tenemos que empezar.
- No quiero empezar – me respondió - , me quiero quedar contigo hasta el final.
- Y yo no quiero que haya un final, quiero que te quedes conmigo – le di un beso, cerró los ojos y no los volvió a abrir. Por un momento me asusté, pero seguía respirando y aun me hablaba, no tenía ninguna coherencia pero seguía pronunciando alguna palabra.
Le empujé hasta que conseguí darle la vuelta. Sus alas caían a los lados totalmente inertes, ahora tenían un color más macilento, casi gris, al igual que los trozos de piel que  las rodeaban, había pequeñas manchas grisáceas que no me daban buena espina. Seguramente aquellas partes ya estarían muertas, toqué con mis dedos apretando ligeramente, él no dijo nada, no pareció sentirlo.
Volví a la puerta de entrada, donde había dejado las bolsas y las llevé hasta el cuarto, me harían falta. Empecé a sacar las cosas y a colocarlas en el orden que creí me serían necesarias en la mesita que se hallaba junto a la cama.
Primero cogí el bote de iodo y con la ayuda de un algodón limpié toda la zona por la que tenía pensado cortar, noté que le daba un escalofrío, vi como su carne se ponía de gallina, casi me hizo gracia si no fuera porque ahora tenía que coger el cuchillo. Los había comprado nuevos para asegurarme de que estaban bien afilados y que así me resultaría más rápido y fácil todo.
Cogí una de las armas entre mis manos, me temblaba el pulso, estaba nerviosa, primeramente porque no sabía si esto acabaría con su vida y también porque no estaba segura de lo anestésico que podría llegar a ser el alcohol. Sentada a horcajadas sobre su espalda para evitar que se moviera más de la cuenta comencé a cortar justo alrededor del ala. Su espalda se arqueó de golpe y un alarido surgió de su garganta, un grito de dolor, de más puro sufrimiento. Las lágrimas se me caían y casi me impedían ver, pero mi determinación era más fuerte que el dolor que pudiéramos sentir ambos. Tenía que hacerlo, tenía que salvarle a toda costa, hice que dejara de temblarme el pulso y me obligue a parar de llorar. Seguí cortando alrededor del primer ala, rodeándola por completo, sus gritos seguían y yo comencé a profundizar en la herida, siguiendo el hueso de ésta, porque era de hueso, la otra vez no me había fijado pero así era. Se hundía profundo en su espalda o yo cavaba muy lenta.
Seguía gritando y moviéndose aunque noté que intentaba contenerse, que no decía ni una sola palabra, no me pedía que parase ni se giraba ni me quitaba de sobre su espalda, simplemente trataba de moverse lo menos posible, trataba de no dificultarme el trabajo y eso era admirable por su parte, debía de estar siendo un esfuerzo verdaderamente sobrehumano.
Al seguir buscando el final del hueso llegué a su unión con las costillas, en ese momento dio un grito mucho más fuerte que los anteriores y calló, todo su cuerpo se relajó y dejó de sufrir. Paré por un momento, estaba asustada, mucho… entonces vi como su espalda seguía ascendiendo y descendiendo suavemente, aun respiraba. Se había desmayado, solo eso. Ahora sería más fácil manejar el asunto, ya no escuchaba sus gritos de dolor ni su sufrimiento, ahora podía trabajar con mayor tranquilidad.
Volví a templar los nervios como pude y escarbé con el cuchillo en la unión del hueso del ala con las costillas, muy cerca de la columna, me daba miedo tocar donde no debiera y dejare paralitico, sabía que la columna era una zona muy peligrosa. Fui con el mayor de los cuidados posibles cortando los ligamentos que unían el ala, veía las venas que iban desde el resto del cuerpo a las extremidades que quería arrancar, no sabía qué hacer con ellas, lo mejor que se me ocurrió fue coserlas para poder cortarlas sin miedo a que se desangrase al cortar la parte que quedaba con la extremidad salió un gran chorro de sangre casi negra, por suerte la parte de la vena que quedaba en su espalda no sangraba, apenas una o dos gotas. Cuando creí terminar posé el cuchillo en la mesita de noche, sujete el ala con las dos manos y tiré a principio sin mucha fuerza, pero ésta no se movió, estaba nerviosa y me sudaban las manos. Sabía que eso no era bueno, no podía empezar a ponerme nerviosa, si lo hacía no podría seguir con la otra mitad que me quedaba.
Tiré con mucha más fuerza y esta vez sentí como algo se desencajaba pero aun así el ala no salió como pensé que haría. Miré en la separación que había quedado entre ambos huesos y vi como unas pequeñas cuerdecitas aun unían las dos partes. Antes no las había visto porque quedaban debajo del hueso. Sin soltar el ala cogí el cuchillo con una mano y comencé a cortar aquellos hilitos, no tarde demasiado y entonces sí que se desprendió el ala. La lancé al suelo y estoy segura de que fue una ilusión óptica al rebotar contra el parquet o por el cansancio y los nervios que llevaba yo encima, pero en ese momento habría jurado que esa cosa membranosa se retorció e intentó reptar de nuevo hacia nosotros moviéndose de formas extrañas.
Aparté la mirada del suelo rápidamente para volver a concentrarme en el trabajo que me quedaba. No estaba segura del tiempo que me había llevado arrancar una de las alas pero a mí al menos me había parecido una eternidad. Con la otra extremidad repetí el mismo proceso que con la primera, solo que ahora ya no tenía los gritos de dolor que me retrasaran al empezar no tanto miedo a la hora de mirar por donde cortar, ya sabía cómo hacer para que las venas no sangraran y que debía cortar los tendones que quedaban bajo el hueso.
Cuando por fin lancé el segundo ala al suelo pude ver como los primeros rayos de sol se colaban por la ventana. Fuera ya estaba amaneciendo y a mí aun me quedaba mucho trabajo por delante, aunque lo más dura ya estaba hecho.
Observé las heridas con cuidado y fui recortando con el cuchillo todo trozo de carne grisácea que vi, la muerte de esta carne era mayor internamente, se había extendido más y tuve que andar cavando con el cuchillo un buen rato hasta que la carne que empecé a sacar fue de color rosa. Había cosido las venas grandes que tuve a la vista, pero aquellas pequeñas que no llegué a ver antes de seccionar sangraban de forma abundante aunque no me alarmé demasiado, iba secándola con las gasas y ya había empapado unas cuantas.
Ahora toda la abertura parecía limpia, el sol brillaba ya con fuerza a través de la ventana. Cogí el bote de agua oxigenada y limpié con ayuda de una gasa toda la herida por dentro, no sabía cómo de estériles eran los materiales que había utilizado, por lo que más valía prevenir. Además había leído en algún lugar que las heridas deben de cerrarse de dentro para afuera, por lo que no me pareció buena idea coser solo la herida por fuera, en el paquete de las suturas ponía que eran reabsorbibles y eso si sabía lo que significaba, el cuerpo podía absorberlas y no era necesario quitar los puntos una vez cerrada la herida.
Empecé a coser como buenamente pude primero la parte más profunda y de esta forma por capas, hasta que cosí también la piel. Cuando acabe con ambos agujeros cogí las vendas y fui rodeando su tórax hasta que tapé ambas heridas al completo y las aseguré con el esparadrapo.
El sol brillaba ya con toda su fuerza, pero al fin había terminado, ahora todo estaba bien. Le volteé para que estuviera tumbado boca arriba cuando por fin despertara y poder darle agua y los antibióticos de vez en cuando. Todo estaba bien.
- Todo va bien… - recuerdo que susurré en ese momento.
Todo estaba bien, todo estaba bien, todo estaba bien…
Eso es lo que estaba pensando en el momento en el que con una sonrisa en los labios descubrí que no respiraba, mi respiración comenzó a agitarse, apoyé mi oreja sobre su pecho solo para descubrir que no había latido. Todo estaba bien… Ahora mismo no recuerdo bien que es lo que sucedió en los próximos momentos.
Sentí que yo también dejaba de respirar, que mi corazón se paraba, el terror me invadió, invadió todo mi ser. Sé que me quedé unos momentos en shock repitiendo en susurros “todo va bien”. Después grité, las lágrimas invadieron mis ojos y mi visión se volvió borrosa, grité con todas mis fuerzas una vez más antes de reaccionar, de darme cuenta de lo que estaba ocurriendo ante mí, no lo aceptaba no lo entendía, mi instinto no me había avisado de nada, no entendía nada no podía permitirlo, nada ni nadie podía arrebatármelo, no podían arrebatármelo, era mío yo lo había encontrado, me pertenecía y no podían robármelo.
Sé que le pedí una y mil veces que se quedara conmigo, que no me dejase sola, que tenía que estar a mi lado, también recuerdo que le hice el masaje cardiopulmonar no sé si bien del todo o no. Lo único que recuerdo a ciencia cierta es que no podía parar de llorar y de gritarle que no me abandonase, que no podía hacerme esto.
En algún momento me rendí y me dejé caer sobre su pecho, no podía parar de llorar y de gritar, era lo único que podía hacer, me dolía el pecho como si una garra me lo estuviera exprimiendo, apretando con todas sus fuerzas dentro de mí. Poco a poco dejé de gritar, pero no me levanté y no pude dejar de llorar, solo podía quedarme allí tendida sobre él queriendo morir a su lado, no quería volver a ponerme en pie.
Entonces lo escuché, muy tenue, muy lejano… su corazón latía. No podía creerlo, seguramente serían imaginaciones mías, pero también respiraba, muy tenuemente también, pequeñas y cortas respiraciones, acerqué mis dedos a su nariz y sus labios entre abiertos y sentí un ligero aire saliendo. Respiraba y su corazón latía, seguía con vida, seguía con vida, seguía con vida…
Volvía a llorar, ahora de felicidad y en parte de incredulidad, debía de ser un sueño, lo tenía que estar soñando, volví a recostarme sobre su pecho y entonces, del más puro cansancio me quedé dormida escuchando los suaves latidos de su corazón.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Convencer

Intentar convencer a los que no están de acuerdo es como intentar escribir sobre el agua.

30/10 Devils Night

Luna llena, me mira, me observa, con su eterno resplandor, con su indómito esplendor. Redonda, perfecta. Su luz brilla para clavar esa mirada plateada en mi y yo la miro y ella se oculta entre jirones de nubes que cree que la protegen pero apenas pueden eclipsar su profundo resplandor. Y su luz gobierna los cielos, con su mágica y su única hermosura en la noche de los muertos. La noche del diablo.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La Vida es Sueño - Pedro Calderón de la Barca

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

viernes, 7 de septiembre de 2012

2012/09/6

El ser humano es algo efímero, frágil, en cualquier momento, en cualquier instante puede llegar a romperse o simplemente desaparecer. Unos segundos en los que pierdes de vista a alguien y al minuta ya no esta, tragedias que se suceden sin parar. Vuelves y no encuentras aquello que de lo que por un momento te apartaste. Para descubrir que simplemente se ha ido, ha muerto. La noticia corre, la noticia vuela. Y la gente siente en su pecho que algo se ha ido, sin entender porque, simplemente algo ya no esta. El cuerpo humano no resiste, un golpe, unas llamas o el simple agua. Todo a nuestro alrededor es peligroso y mortal. Somos blandos, delicados, como ya he dicho frágiles. Cualquier cosa nos rompe, cualquier cosa separa el alma de nuestro cuerpo, cualquier cosa nos mata...

miércoles, 29 de agosto de 2012

Aire

El aire se vuelve pesado a mi alrededor, cae, me aplasta y se vuelve espeso, tanto que no se deja respirar. Me ahogo, intento obtener una bocanada y me asfixio, no consigo respirar, me desespero, tanto que intento agarrarlo entre mis dedos para hacerlo entrar en mis pulmones, sin resultado porque no lo consigo aspirar. Presión e incertidumbre, el no saber que depara el futuro para mi... ¿Que habrá al girar en la próxima esquina?

viernes, 17 de agosto de 2012

Reducto

Último lago, reducto de vida, ya sin agua, la vida se agota y la vegetación absorbe las últimas gotas para prevalecer su verde sobre el dorado tras su muerte.

lunes, 23 de julio de 2012

Silencio

Por fin desde hace mucho tiempo, ya no recuerdo cuanto, conseguí que el silencio reinara en mi mente.
Entre en las frías aguas del mar del norte, nade hasta donde mis pies no llegaran a tocar el fondo, me tumbé sobre las aguas con la cabeza medio sumergida, lo justo para poder seguir respirando y contemplé el cielo. Azul, inmenso, como el mismísimo mar, pequeñas nubes rasgadas sembraban el cielo.
Cerré mis ojos y me deje mecer por el suave balanceo de las olas... mi mente estaba en blanco, totalmente en blanco, ningún tormento ni preocupación, ningún pensamiento, tan solo paz y silencio, el murmullo de los bañistas a lo lejos, muy a lo lejos, todo amortiguado por el murmullo del mar. Así con los ojos cerrados, flotando, sentía como las olas me mecían y dirigían mi rumbo con suavidad, sentía como si con el balanceó de las olas poco a poco mi cabeza se hundiera quedando colgada por los pies, como poco a poco mi centro de grabedad cambiaba para quedar suspendida boca a bajo. Pero tan solo era una sensación, yo seguía meciendome con el vaiven suave de las olas. Paz, la paz más absoluta me rodeaba, no quería regresar a la realidad, aquel sentimiento era perfecto.
Pero aun sin desearlo siempre hay que regresar. Al volver a una posición vertical descubrí como el mar había intentando llevarme a su reino de serenidad, estaba mucho más lejos de la costa que al cerrar mis ojos. Nada por lo que preocuparse, tan solo nadar con tranquilidad, acompañada por el rumbo de las olas para poder volver a la arena y con ello volver al mundo real, a mi cabeza llena de preocupaciones, pero más tranquila, ahora sabiendo que todavía existen algunos lugares en los que puedo hallar la paz.

sábado, 16 de junio de 2012

Air

Need something,
need to breath,
the air arround me is dawn
I don´t feel the wind in my face
I can´t breath in this world
my spirit is suffocated
I want to fly,
because, if i fly.
it will meen that I can control
the air
the storm.