Un Hermoso Lugar

Un Hermoso Lugar

domingo, 19 de febrero de 2012

Cosa test??

Bueno, por órdenes de mi pequeña Shuka tendré que hacer la cosa esta jeje, bueno, eran 5 hábitos extraños y el test, creo que primero los hábitos extraños no? jej:
1- Experimento un modo supersónico al juntarme con cierta persona, creo que se ha convertido en hábito.
2- Me gusta viajar en tren, pero no en un tren normal, sino en el maravilloso tren del horror, 7 horas y media desde León a Bilbao, y aunque la gente no llegue a comprenderlo adoro ese viaje, esas 7 horas y media de soledad y tranquilidad, contemplando mágicos paisajes, leyendo, escribiendo, dibujando, escuchando música y si se que trayectos se menean menos para poder dibujar y escribir.
3- Si no leo aunque sean 2 líneas de algo antes de dormir no descanso o incluso no consigo dormir.
4- Esto no se si es un hábito pero me gusta forzar mi cuerpo al máximo en cuanto me mandan hacer un esfuerzo físico como lleva esto paya con la ayuda de alguien siempre acabo cogiéndolo sola y llevándolo yo. Soy un poco burra.
5- Me gusta la soledad, el campo, siempre que voy al pueblo tengo que irme un rato yo sola al monte a perderme un rato, puede que solo este 10 minutos pero vuelvo como una persona nueva, libero todas las tensiones de un año entero, todas las comeduras de coco y los problemas.

Y ahora va el test cosa ese no? bueno bueno, a ello me pondré.
- La serie más reciente a la que te has enganchado: Once Upon A Time!! es genial los cuentos de siempre contados de una forma más molona!
- Un capricho cumplido: ¡Conseguir que un amigo me enseñe a montar en moto después de 6 años pidiendoselo!
- Mi prenda favorita del otoño: Mi gorrito de pensar! jeje o esa es prenda es de invierno? XD
- Un objeto de deseo: La ninja ZX6R!!! la quieroooo!! jejej
- Un diseñador: Eeeemmmmmm  Fabs cuenta? XD
- Un sabor: Dulce y salado, convinados a ser posible que están mucho mejor.
- Una fruta: Las cerezas del árbol de Lau!
- Un lugar para visitar: Uff... solo uno? Principalmente Escocia y Finlandia
- Una ciudad: Bilbao claramente, pero eso si, nada del centro, a las afueras que es más bonito.
- Un lugar para enamorarse: Para mi el monte claramente... aunque la biblioteca vale? XD
- Una isla: La de la imaginación, ese lugar mágico que creas en tu mente, es una isla claramente ya que te aislas del resto del mundo.
- Un complemento: Mi yuyito!!
- Un plan para un domingo de otoño: Barbacoa!!! mierdas no, eso era plan de invierno... plan de otoño... pasear por un camino rodeado de árboles del que vayan cayendo lentamente hojas rojas y marrones  con una persona especial a mi lado rodeándomme la cintura.
- Una cadena de TV: TV??? que es eso??
- Lo mejor de la TV: Yo no lo puedo corroborar pero debe de ser su temperatura, a mi gata le encanta tumbarse encima para calentar la panza.

- La última canción que se instaló en tú cabeza:  feeling like a guttersnipe standing in line

deciding his lifestyle by rolling the dice one will stand another will fall down find your way out from the constant lack 
- Una actriz: No tengo de eso.
- Un actor: De eso tampoco tengo
- Una revista: Tampoco consumo de eso
- Un sueño: Acabar la carrera
- Último vicio: Concierto de Mago de Oz!!
- Con qué regalo siempre aciertas: Con los echos a mano! o eso creo o me hacen creer! jeje
- Mi postre favorito: Tarta de trufa y galletas napolitanas y merengue!! echa a mano por la mua! una tarta quiero decir! ejejje
- Lo que me molesta: La ineptitud y la gente que te judga sin conocerte en absoluto.
- Blanco o negro: Negro claramente!
- Tú mayor fobia: Tiburones? Estoy pensando que lo es.
- Actitud de todos los días: Ser un zombie que se arrastra entre las sábanas hasta que consigo despertarme un plein, luego depende del sueño que tenga sera un buen dia o uno malo, o depende de la gente que me encuentre de buenas a primeras.
- ¿Qué es la perfección?: Algo con lo que la gente sueña sin saber que no existe.
- Color favorito: Negro, soy un poco monocromatica.
- Animal favorito: Lobo! Quiero un lobo de animal de compañía!!!
- Número favorito: El 8 creo, al menos cuando me dan a elegir un número en un sorteo siempre tiro primero a por el 8.
- Perfume que estoy usando: Alguno de los 3 que me a regalado mi primo por reyes... hay que gastarlas que se acumulan!
- Última vez que usaste sombras: Ayer que salimos de carnaval y a celebrar un cumple!
- Día de la semana favorito: Ninguno, son todos horribles cada uno a su manera! XDD

- Tienes tus uñas pintadas ahora: No
- Mi pasión: Dibujar, leer, los animaluchos, LAS MOTOS!! jaja bueno y unas cuantas cosas más.



Ale ahi os queda la cosa esta y por lo visto tengo que mandar a mas gente hacer esto?? ummm..
Evolet
Fabi
Black Crow
isantama_92

Y bueno no tengo más Bloggs de gente que me interese o que me siga, asique nada, si os apetece lo haceis sino nada tampoco obligare a nadie!

martes, 14 de febrero de 2012

Noches oscuras.18

Desperté muy pegada al hombre al que cuidaba como ya empezaba a ser costumbre, me encantaba esa sensación al despertarme de sentirme protegida entre sus brazos. Me incorporé algo intranquila, había tenido unas extrañas pesadillas aquella noche con los murciélagos de la cueva, soñé que mientras dormía varios de ellos revoloteaban y que uno de ellos descendía hasta posarse sobre mi vientre, después ese ser crecía, le salían garras y largos dientes, su pelo se alargaba para cubrir todo su cuerpo y me miraba con esos ojos diminutos y sin visión, después con una de esas nuevas garras desgarraba mi cuerpo a la mitad. Había despertado medio sudando, pero la protección de los brazos de Siivet me había calmado de inmediato, aun así eché un rápido vistazo al techo para comprobar que la mayoría de los murciélagos habían salido de la cueva y que en el techo solo quedaban aquellas crías que aun no salían a cazar insectos. Mientras continuasen a esa distancia de mi no habría ningún problema.
Me quedé mirando un momento cómo todos a mi alrededor dormían, no había despertado nadie por el momento, era aun demasiado pronto, yo había despertado por culpa de las pesadillas. De todas formas no debía de quedar ya demasiado tiempo hasta que fuera la hora de despertar. Me levanté sin despertar a nadie, no quería molestarles si estaban descansando. Comencé a encender el fuego, al poco rato escuché a Siivet despertar, se revolvió un momento y para cuando se sentó a mi lado yo ya estaba echando las primeras ramas al fuego que empezaba a nacer. Me dio un beso en la mejilla antes de empezar a echar él también ramas a la pequeña hoguera.
- Te despertaste muy pronto - comentó al ver que los demás estaban aun durmiendo.
- Tu también - respondí intentando eludir una explicación.
- Yo me desperté al sentir que no estabas a mi lado, ¿Sucedió algo? - su mirada era de preocupación.
- No, simplemente tuve un mal sueño y me desperté - me rodeó con un brazo y no dijo nada, pero sentí que quería saber que tipo de sueño era - debí de escuchar a los murciélagos del techo revolotear a la noche y soñé con ellos, pero no es nada. - volvió a besar mi mejilla con cariño.
Poco a poco los lobos se fueron poniendo en pie y comenzando su rutina diaria de traernos carne para asar. Colocamos todo para que se pudiera asar, mientras esperábamos él me preguntó sobre cómo le había encontrado, quería saberlo todo, era comprensible, seguía sin recordar nada absolutamente y al menos quería conocer la parte de su historia que yo conocía. En los días anteriores no habíamos hablado demasiado, nos dedicábamos simplemente a observarnos. Le conté todo lo que había sucedido desde el momento en el que comencé a correr para ir en su encuentro hasta el momento en el que había despertado. Me escuchaba con una atención que jamás había visto, bebía de mis palabras, en verdad debía de ser lo más importante para él, necesitaba saber. Repartimos la carne una vez estuvo lista y todos regresaron a sus sitios o salieron a rastrear algo, nosotros nos quedamos aun en la cueva, ahora que ya conocía lo poco que yo le había podido contar sobre si mismo quería saber sobre mi, sobre cómo había llegado a vivir con los lobos, como era mi vida antes de encontrarles. Le hablé de la sociedad y de algunas de sus estúpidas normas, de cómo las veía yo en estos momentos, de todas sus trabas, restricciones y complejos, en el fondo me daba miedo estar contándole estas cosas ya que podía recordar la sociedad y decidir que lo correcto en realidad era lo que la sociedad decía y no lo que yo había decidido vivir, pero sus caras me decían que no podía creer aquellas cosas que le estaba contando, que él en verdad aprobaba mi forma de vida y que la otra era la que le parecía irracional e ilógica. En verdad me estaba sorprendiendo el cómo parecía comprenderme y me alegraba por ello, no iba a huir, no iba a alejarse de mi lado.
Cuando más o menos acabe de contarle todo me pidió que mirase la herida de su pecho, me dijo que le picaba. Aparté las vendas y no parecía haber ningún motivo para que le picasen, salvo el echo de que la herida parecía estar cerrándose, tal vez era hora de quitarle los puntos, igual el cuerpo estaba intentando expulsar los hilos y por ello le picaba.
- Voy a probar a quitar uno de los puntos - le dije - si veo que la herida parece empezar a abrirse de nuevo volveré a coserlo, y espero no tener que hacer eso, ahora no estás inconsciente. - Siivet asintió con la cabeza, parecía tenso ante la idea de que le quitase los puntos.
Se tumbó de nuevo sobre las mantas esperando a que yo me acercase con las tijeras que había esterilizado el otro día al hervirlas en agua. Me recosté apoyándome suavemente sobre su pecho, posando mi mano allí donde no había ninguna herida. Le notaba muy tenso, tal vez tenía miedo al dolor.
- Intenta relajarte - le dije mirándole un momento a los ojos.
Recordaba haber puesto un punto más pequeño en una de las esquinas del aspa, uno de esos de por si acaso no había cosido bien el resto, si la herida seguía abierta por cortar ese punto no debería de ocurrir gran cosa, solo que el siguiente se aflojaría un poco.
Lo encontré y con mucho cuidado corté el hilo, sentí que la piel se tensaba debajo, temí que la herida comenzase a abrirse pero pareció que la piel se había soldado bien. Corté el siguiente punto y tiré del trocito de hilo que ahora quedaba suelto, miré hacia él.
- ¿Duele?
- No demasiado, aunque es una sensación muy extraña y algo desagradable cuando has sacado el hilo. - no supe si seguir o no, no quería hacerle daño, no ahora que estaba despierto - Continua, si no se abre será mejor quitar ahora todas esas cuerdas.
Seguí cortando los hilos punto por punto, decidí no sacarlos hasta que tuviera todo cortado, no quería andar haciendo le sentir eso tan desagradable cada poco, mejor todos juntos al final. Veía como las nuevas cicatrices se iban tensando pero sin volver a abrir las heridas, era sorprendente lo rápido que había llegado a curarse. Al acabar de cortar los hilos empecé a tirar de ellos, algunos estaban más pegados que otros pero salían bien y aparte de sus caras de desagrado y los respingos que daba de vez en cuando no parecía haber ningún otro tipo de problema. Cuando termine con todas las cuerdas pasé una mano por su ahora limpio pecho, ya no había costras demasiado marcadas ni tampoco hilos que sobresalieran ni nada por el estilo. Tan solo aquella enorme cicatriz en forma de aspa en mitad de su torso. Volví a preguntarle si dolía mientras seguía acariciando con suavidad la gran aspa. Negó con la cabeza y sujetó mi mano, volvía a mirarme con aquella fuerza, con esos ojos dorados que tanto me desconcertaban.
Sonó el potente aullido de la gran loba, llamaba a todos a cazar, volví a hacer el amago de ponerme en pie, quería ir a cazar con ellos, a correr por los bosques, a conseguir mis propios alimentos, a ser de mayor utilidad para la manada. Vi como la loba me decía que aun no podíamos ir. Sabía perfectamente que Siivet no podía caminar con normalidad aun, mucho menos correr, debíamos seguir aguardando a que todas sus heridas sanasen.
Vimos marchar a todos los lobos y volvimos a quedarnos solos, pero esta vez no temía por que la noche fuera a ser tediosa, ahora al menos hablábamos, más bien yo le contaba cosas.
- ¿Podemos ir al río del otro día? - me preguntó de improviso - Quiero probar algo.
- Por supuesto que si, te vendrá bien andar y empezar a ejercitar un poco la pierna.
Se acercó a mi repentinamente y me besó, con mucha fuerza. Pero apenas duró, se separó de mi con una sonrisa y se puso en pie para que empezásemos a caminar. Me quedé unos segundos quieta sin levantarme, aquel beso me había dejado con ganas de más pero había prometido volver a llevarle hasta el río, así que acabé poniéndome en pie y emprendimos el camino.
Estaba contento y se le veía mucho más ágil, sus pasos eran algo más seguros y firmes, ya no cojeaba de la misma manera que dos días atrás. No paraba de observar todo lo que le rodeaba, parecía un niño descubriendo el mundo por primera vez, en verdad estaba descubriendo el mundo, sus recuerdos seguían sin volver. Parecía más emocionado por observar el camino hoy que la otra vez en la que habíamos ido hasta el río, tal vez la vez anterior los constantes dolores no le habían permitido regocijarse en el paisaje y ahora que estaba mejorando a pasos agigantados podía deleitarse con aquello que le rodeaba.
No le molesté, le deje observar todo mientras seguíamos el camino, tampoco él hablaba, tan solo sonreía y observaba. Pero no era un silencio incomodo, era agradable, cada uno absorto en sus pensamientos y en el bosque de nuestro alrededor.
El camino nos llevó por fin hasta el río, tan apacible como siempre, aquel remanso seguía transportándome a mi infancia, a aquellos años en los que nos bañábamos y jugábamos en él, habían pasado muchos años hasta que había vuelto a sumergirme en las aguas.
Sin decir nada, casi sin darnos tiempo a contemplar el lugar al que habíamos llegado emprendí una carrera y salté al agua, buceé unos segundos, yendo hacia la cascada como tanto me gustaba. Saqué la cabeza fuera del agua para respirar y seguir nadando hacia la cascada, cuando volví la mirada hacia la orilla él no estaba, no le vi por ningún lado, no se había quedado tan atrás como para que no le viera desde la pequeña cascada. No podía andar demasiado lejos. Llegué a la cascada y metí la cabeza debajo del agua que caía sin dejar de mirar a todos lados, buscándole con la mirada, me estaba empezando a preocupar. Estaba a punto de ir a buscarle cuando emergió unos metros más alejado del lugar en el que yo estaba. Vi cómo salía de debajo de las aguas y pasaba sus manos por la cara y por el pelo para retirar éste hacia atrás, casi parecía ir a cámara lenta mientras el agua resbalaba sobre su cuerpo.
Siguió nadando sin prestarme atención, parecía como si últimamente fuera yo la que lo observara a él constantemente en lugar de él a mi. Me sentía un poco como una acosadora, pero eso de nuevo no eran más que las leyes sociales implantadas en mi mente, ¿Porqué no debía de mirarle si era lo que deseaba? Además si a él no le importaba todo estaba bien.
Me gustaba cómo se sentía el pelo corto bajo el agua de la catarata, no se apelmazaba en los hombros y era mucho más fácil mojarlo en su totalidad. Nadé hacia él.
- ¿Qué es lo que querías probar? - pregunté acercándome sin ser vista. Se alteró y se hundió un momento, retornó a la superficie al instante y a mi me dio un ataque de risa.
- Pretendes ahogarme - dijo entre risas - cada vez estoy más seguro de ello. - eso hizo que dejara de reírme.
- Disculpa. - contesté aun sonriendo.
- Era broma - respondió a mi disculpa poniéndose algo más serio - quería probar si sabía nadar, el otro día te vi a ti y no tuve el valor de intentarlo, pero tenía la intuición de que si podía.
- Un recuerdo.
- No, simplemente una intuición, tal vez algo que mi cuerpo sabía pero yo no, al igual que hablar, se hablar aun sin recordar nada, conozco las palabras y algunas pocas cosas, pero no son recuerdos, son cosas que están grabadas en mi como algo fijo no como algo que se pueda olvidar.
Entendía a que se refería, eran memorias de su cuerpo no de su mente y lo que había quedado dañado era su mente.
- ¿Entonces puedes nadar? - pregunté acercándome un poco más hacia él.
- Bueno, creo que no tengo un gran estilo pero al menos no me ahogaré. - contestó nadando hacia una zona más profunda. Le seguí, flotaba de forma precaria, no estaba yo muy segura de que pudiera nadar a la perfección con las heridas que aun le quedaban.
- ¿Seguro que te mantienes bien a flote?
- Perfectamente - mentía.
- ¿Y si hago ésto? - pregunté agarrándome a su cuello y haciendo un poco de fuerza hacia abajo. Una persona que se mantuviera perfectamente a flote no se habría hundido, pero él si. Me reí con ganas.
No volvía a flote, ¿Hasta donde se había hundido? Me estaba empezando a preocupar, solo habían pasado unos pocos segundos pero yo creí que ascendería de la misma entre chapoteos, seguía sin ascender, ¿Y si le había hecho daño? ¿Y si ahora no podía volver a flote?
Algo sujetó mi pierna por el muslo y los gemelos y tiró de mi con fuerza hacia el fondo. Solté un grito ahogado antes de hundirme y tragar una gran cantidad de agua.
Volví de la misma a la superficie medio ahogada y tosiendo, ahora el que se reía a carcajadas era él mientras se alejaba un poco de mi.
- Sufrirás mi ira - le dije medio riéndome.
- Te asusté - dijo sin parar de reírse, tragó agua y empezó a toser pero seguía riéndose sin parar. A este paso se iba a ahogar él solo y yo perdería él privilegio.
Nadé todo lo rápido que pude para alcanzarle, pero parecía mejorar por segundos, lo de antes no era más que una pantomima para hacerme creer que no estaba tan bien como en realidad estaba.
- Tramposo - le grité intentando nadar más rápido. Conseguí agarrarle por un tobillo y tirar, pero él llegó a hacer pie con el otro pie y tuvo más fuerza que yo, tiró de mí y volví a hundirme.
Prácticamente me sacó del agua agarrándome por las axilas y pegándome contra él una vez fuera.
- ¿Así que soy un tramposo? - preguntó con una sonrisa sesgada abrazándome y pegándome contra su pecho, cómo se notaba que ya no le dolía, ahora aprovechaba para estrecharme con fuerza, y yo no tenía ninguna queja al respecto.
Rodeé su cuello con mis brazos y le besé.
- Si, eres un tramposo - contesté para volver a besarle sin darle tiempo a contestar.
Sus manos recorrieron mi espalda con suavidad. Sus besos, la caricia de sus manos, su olor, su misma presencia, todo, todo hacía que mi cuerpo despertase, le besé con mayor fuerza y me estreché más aun contra él. Recorrí su espalda con mis manos intentando esquivar los puntos que aun había en ella. Estando a solas con él me sentía libre, totalmente libre para hacer aquello que desease, no temía un nuevo ataque de mi lobo y podía concentrarme plenamente en sus besos, en sus manos recorriendo mi espalda. Me sujetó con fuerza por la cintura mientras me besaba con más pasión, toda mi piel estaba excitada y sensible, no quería separarme ni un solo centímetro de él. Sus manos en mi cintura tironeaban de mi pero sin llegar a atreverse a dar el paso. Separé mis labios de los suyos y comencé a besar su cuello, escuché como su respiración se aceleraba, sin despegarme de él acerqué mis labios a su oído.
- Súbeme. - pareció ser la palabra mágica.
Me alzó y yo rodeé su cintura con mis piernas, rodeaba su cuello con mis brazos. Pensé en que era una suerte que siguiéramos en el agua, si no, en su estado, no habría soportado mi peso o se habría hecho más daño. Volvimos a besarnos, sentía su necesidad, su deseo, como sus besos se volvían cada vez más apremiantes, más intensos. Me estaba volviendo loca, me agarré con fuerza de su pelo, casi clavé las uñas en su espalda, sus besos descendieron a mi cuello, descendieron a mis pechos, no pude evitar un gemido de placer, tampoco quise evitarlo. Ese sonido pareció excitarle más, sus manos me aferraron con más fuerza, casi me hacían daño, pero no me importaba, me encantaba sentir su necesidad por mi, me encantaba ser su centro de atención.
Dejó de besarme unos segundos para mirarme a los ojos, sus pupilas parecían brillar con aquellos tonos dorados. Comenzó a caminar conmigo aun en brazos para salir del agua. Noté el temblor de sus piernas cuando mi cuerpo quedó tan solo sujetado por su fuerza.
- Te vas a hacer daño - le dije sin soltarme de él.
- Tranquila, estaré bien. - respondió con un gruñido y continuando hacia la orilla.
Al salir del agua jadeaba, estaba cansado, estaba convencida de ello, aun así se quedó unos segundos en pie, mirándome a los ojos con fuerza, volvió a besarme y sujete su cara con mis manos, no quería perder más el contacto de sus labios. Sentí cómo se arrodillaba y me depositaba en el suelo con mucha suavidad, se recostó sobre mi y sus manos ascendieron desde mi vientre, muy lentamente, acariciando cada centímetro de mi cuerpo, con cariño. Se había separado un poco de mi y me miraba a los ojos contemplando cada una de mis reacciones ante el roce de sus dedos. Mi piel se erizaba, todo mi cuerpo vibraba, deseaba tenerle.
Estiré mis brazos y me agarré a él para volver a acercarle a mi. Volví a sujetar su cintura con mis piernas, recorrí su espalda con mis manos. Nuestros cuerpos pegados, su duro torso contra mi, el calor de su piel envolviéndome, todo era perfecto, todo él lo era, como jamás hubiera soñado. Descendí mis manos por su espalda y me topé con su pantalón, en ese instante detesté aquella prenda de ropa como jamás hubiera odiado nada en mi vida, hice que se separase un poco de mi solo para poder desatar el pantalón, él me ayudó a la hora de quitárselo.
Volvió a pegarse a mi en cuanto estuvo libre de aquella prenda, sentí su dureza muy cerca de mi, me estaba volviendo loca, le necesitaba tan intensamente que no lo creía posible, nunca había deseado algo de aquella manera. Sentí como una de sus manos se deslizaba por mi vientre, descendiendo cada vez más, todos sus movimientos eran lentos y suaves, delicados, haciendo que mi piel se erizase en cada punto que rozaban sus dedos.
Sus manos rozaron mis muslos y mis piernas, volviendo a ascender muy lentamente hacia mi entrepierna, aquella lentitud, aquella suavidad hacían que me excitase más que ningún otro contacto más íntimo. Seguía subiendo muy despacio, un movimiento casi inapreciable. Cuando me rozó casi grite, fue algo tan intenso y a la vez tan insignificante, algo tan sorprendente y nuevo pero que en verdad había experimentado tantas veces, era por él, sabía perfectamente que era por él, su presencia me hacía vivir todas las cosas de una forma más intensa más profunda, ahora más que nunca deseaba experimentar todo aquello con él. Sus dedos seguían jugando conmigo, enseñándome lo que es el verdadero placer, era una sensación única, me volvía loca y no podía controlarme a mí misma, quería devolverle las caricias, no quería ser la única que disfrutase de aquella situación, quería hacer que tocase el cielo a mi lado.
Solté su cuello y descendí mis manos por su torso acariciando cada centímetro de su cuerpo sin poder parar de jadear, sus dedos jugando dentro de mi cuerpo, hacían que apenas pudiera concentrarme en lo que yo quería hacer, parecía estar haciéndolo apropósito para que yo no pudiera hacer nada, aun así no me daría por vencida, tenía que hacerle disfrutar a él también. Seguí descendiendo y en el momento en el que por fin conseguí acariciarle todo él se aceleró, un gemido ronco brotó del fondo de su garganta, hizo que un escalofrío de placer recorriera todo mi cuerpo naciendo en mi vientre y llegando hasta la punta de mis dedos.
Enredó una de sus manos en mi pelo mientras con la otra volvía a recorrer todo mi cuerpo, muy pegado a mi de nuevo. Besé su cuello y dejé mis labios rodar por sus hombros. Me agarró con más fuerza. Sentí sus dedos de nuevo en mi ingle, después un estallido de placer recorriendo todo mi cuerpo, como electricidad recorriendo mis fibras a gran velocidad, casi sin darme cuenta había penetrado en mi, eramos uno, un único ser unido, estaba en mi interior. Se movía con fuerza, haciéndome disfrutar como nunca nadie lo había logrado, me aferré a su espalda, por un momento sentí los puntos de la herida bajo mis dedos, estaban muy tirantes, debía de estar doliéndole horrores al moverse, de seguir así podían llegar a desgarrarse, quise decírselo, quise pararle, pero seguía moviéndose de aquella forma en mi interior, seguía haciendo que todo mi cuerpo vibrase de aquella forma, no podía detenerle, no quería detenerle, quería seguir así eternamente porque aquello era el mismo paraíso. Escuchaba cómo sus gemidos se volvían cada vez más graves y secos, su espalda se iba arqueando y él agachaba la cabeza, no podía ver su rostro. Ahora estaba segura de que eran gemidos de dolor, entonces ¿Porqué no paraba? Fui a sujetar su rostro entre mis manos para que me mirase a la cara, para decirle que no era necesario que siguiese si se estaba haciendo daño, pero nada más rozar su rostro con mis dedos empujó mucho más fuerte dentro de mi, no pude hacer otra cosa más que gritar de placer, cerré los ojos un instante mientras escuchaba cómo gritaba él también, solo que lo suyo era de puro dolor. Abrí los ojos con rapidez, toda su columna se había arqueado y había alzado la cabeza hacia el cielo al gritar. Me miró, sus ojos relucían dorados, el sudor perlaba su frente, su cara estaba enrojecida. Un manto oscuro nos cubrió, ahora tan solo veía la luna tras su cabeza, el resto del cielo se había vuelto oscuridad, no llegaba a comprender lo que sucedía exactamente. Él volvió a pegarse a mi, me besó con infinita ternura, sus movimientos empezaron a ser más lentos pero no por ello menos placenteros, ya no escuchaba el dolor en su voz, estaba volviendo a disfrutar sin hacerse daño. Para mi era completamente distinto, era una sensación de unión perfecta, sus movimientos lentos me hacían sentir cosas que jamás había imaginado. Enterró su rostro en mi hombro, su pelo aun mojado calló sobre mi, acaricié su nuca con suavidad y me agarré de su hombro mientras él volvía a aumentar el ritmo.
¿Cuánto podía aguantar? ¿Cómo podía estar haciéndome sentir tanto? ¿Acaso era un ángel caído del cielo? Cuando él llegó al clímax yo estaba totalmente extenuada. Me abracé a la parte baja de su espalda y él se tumbó sobre mi. Nuestras respiraciones aun eran agitadas, él suspiró con fuerza y susurró a mi oído:
- Te amo. - me abracé a él con mucha más fuerza.
- Te amo - le respondí, pero ¿En verdad aquello era amor? y si lo era jamás había llegado a sentir algo tan intenso por nadie. Sentí un aleteo cercano, muy cercano. - ¿Qué fue eso? - pregunté sin moverme del sitio.
Él pareció ponerse nervioso, el manto negro seguía cubriéndonos, algo extraño sucedía. Se alzó sobre sus antebrazos y sujetó mi cara con ambas manos.
- No quiero que nada cambie. - parecía muy preocupado, casi asustado.
- Nada va a cambiar, ¿Qué sucede?
- Prométemelo, pase lo que pase, veas lo que veas.
- Lo prometo, pero estas empezando a preocuparme de verdad. - me apoyé en los antebrazos para alzarme un poco.
Él se arrodilló ante mi y yo quedé sentada frente a él, mirándole, había algo extraño y oscuro a su espalda.
- ¿Qué de... - dos alas negras, membranosas y enormes aletearon a su espalda, él me miraba con esa intensidad característica suya y con el miedo y el nerviosismo reflejados en su rostro.
Me asusté, intenté recular pero él se abalanzó para sujetarme por el brazo.
- Mis memorias regresaron. Pero no fue lo único que regreso. - me miraba suplicante para que no echase a correr, eran los mismos ojos que pusiera el lobo el segundo día en que escapé de él, de miedo a perderme, de no querer que me asustara de él.
Intenté calmarme, había prometido que no escaparía viese lo que viese, que nada cambiaría. ¿Porqué me asustaba? Seguía siendo él. Tan solo su aspecto físico había cambiado. No podía apartar los ojos de aquellas enormes alas de murciélago, sujetó mi mentón con una mano e hizo que le mirase de nuevo a los ojos.
- Soy yo, sigo siendo yo. - posé mi mano en su mejilla y le besé con cariño. Soltó todo el aire, como si hubiera estado conteniendo la respiración.
Miré de nuevo sus alas y acerqué muy despacio una de mis manos, quería tocarlas, si en verdad eran parte de él quería sentir su tacto. Él me miraba sin mencionar una palabra, el ala se acercó a mi y prácticamente me envolvió sin llegar a tocarme. Acerqué mis dedos hasta acariciarla con suavidad, era un tacto más suave que el del resto de la piel pero no estaban frías como yo había imaginado, eran cálidas, tenían la misma temperatura que el resto de su cuerpo.
- Me gustan - comenté más para mi misma que para él.
Me abrazó con fuerza y sus alas nos rodearon a ambos como una cúpula protectora. Me sentía bien entre sus brazos. Acaricié la base de sus alas, nacían justo del punto en el que tenía las cicatrices, en ese momento mi mente empezó a atar cavos. Lo que yo había arrancado de su espalda cuando lo encontré moribundo no eran ramas de árbol, eran trozos de aquellas alas partidas. Sabía que él tenía que haber llegado a la misma conclusión, me sentía fatal conmigo misma.
- Yo... cuando te encontré las...
- No importa, aquellas alas estaban muertas, de esta forma pudieron crecer nuevas. - no sabía si hablaba en serio o solo intentaba no preocuparme. Ahora llegaba el momento de las verdaderas preguntas.
- ¿Cuando aparecieron las alas? - creía saber la respuesta a aquella pregunta.
- En el momento que grité, creo que tuviste que notarlo. Dolía, la espalda me dolía como si me estuvieran desgarrando desde el interior y en verdad eso pasaba, las memorias volvían a mi mente por ráfagas, mi cabeza daba vueltas y el dolor me invadía por completo, el estar unido a ti era lo único que paliaba de algún modo los dolores, sentía que si paraba ese dolor me mataría. Y en el momento en que mi espalda se abrió creo que seguí con vida porque conseguí causar en ti el efecto contrario. - miré una de mis manos, estaba cubierta de sangre, casi toda su espalda estaba cubierta de sangre. Sus palabras eran ciertas.
- ¿Qué eres? - volvió a ponerse tenso, temía darme una respuesta.
- Demonio - contestó intentando sacar valor de alguna parte. Un aullido atravesó la noche, la gran loba nos llamaba para que regresáramos a la cueva, ya era hora de dormir, por la posición de la luna en el cielo deduje que ya tenían que haberse acostado todos. La loba nos llamaba para que no durmiéramos fuera.
- Vamos. - le dije poniéndome en pie, pero él me retuvo por un brazo. Seguía mirándome con aquella intensidad y aquella preocupación.
- ¿No tienes nada que decir? - parecía asustado ante lo que yo pensara.
Me arrodillé de nuevo ante él y coloqué una mano sobre su pecho, sobre su corazón.
- Sigues siendo tu, aquí dentro no has cambiado ni un ápice, tan solo a cambiado un poco tu exterior, no importa lo que seas, siempre y cuando sigas siendo tu. - deposité un beso en sus labios.
Nos pusimos ambos en pie y nos acercamos al río un momento para poder limpiar la sangre de su espalda, no había tanta como me había parecido a mi, pero aun asi era una gran cantidad. Él recuperó sus pantalones antes de comenzar a andar, sabía que tendría que volver a odiarlos en algún otro momento. Caminamos a la cueva, él rodeaba mi cintura con un brazo, sus alas se habían plegado en la espalda, tenía curiosidad por saber que envergadura podían alcanzar o si podría volar con ellas, tenía tantas cosas por preguntarle. Pero en ese momento las palabras no salían de mi garganta, llevaba la cabeza recostada sobre su hombro y me sentía extenuada, incluso demasiado como para hablar. Tan solo caminaba a su lado disfrutando de su presencia e intentando explicarme si todo lo que había sentido aquella noche era parte de su condición de demonio. Recordaba como en un momento había pensado que debía de ser un ángel, nunca pude haber estado tan equivocada...
Llegamos a la cueva, la mayoría de los lobos dormían ya, la gran loba nos esperaba despierta y al vernos entrar se recostó para dormir. Mi lobo gris estaba entre las mantas junto con los otros dos lobos que dormitaban, él en cambio nos esperaba despierto, al vernos estiró la cabeza sin llegar a levantarse. Ambos acariciamos su cabeza a modo de saludo y nos tumbamos a su lado. Cuando estuvo tumbado me recosté sobre su pecho y le besé con cariño, un beso de buenas noches. Nada iba a cambiar. Se durmió pronto abrazado a mi, él debía de estar más agotado de lo que yo estuviera, eso seguro.
- Te amo Elämä. - murmuró en sueños, no me había llamado así desde que me puso el nombre. Me gustaba como sonaba pronunciado por sus labios.
Me quedé dormida con un montón de preguntas dando vueltas en mi cabeza, si sus memorias habían vuelto había tanto que yo quería saber.

martes, 7 de febrero de 2012

Un antes y un después

"El rapto de Europa" de Martín le Vos
Este cuadro marcó un antes y un después en mi vida, recuerdo, cuando era pequeñita, en la primaria más o menos, nos llevaron a un museo, a ver cuadros, lo típico de los niños con las clases para que se culturicen y esas cosas. Recuerdo que en la exposición la mayoría de los cuadros que vimos eran abstractos, yo los miraba e intentaba imaginar qué era lo que se le estaba pasando por la cabeza a aquel pintor y porqué le habían pagado tantos millones por lo que a mi me parecía tirar un bote de pintura contra un lienzo, yo no veía el mérito en esos cuadros, no veía el esfuerzo del pintor ni su "arte". Entonces, casi al final de la exposición nos paramos a mirar éste cuadro, de echo no íbamos a ver éste, pero estaba al lado y lógicamente los niños en su afán curioso observan todo lo que hay a su alrededor, más con esas edades, los chicos de mi clase empezaron con el "mirad una tía desnuda". Eso es lo único que ellos veían, yo en cambio veía el verdadero arte, no se si sería también por la luz que le habían puesto para enfocarlo bien. Recuerdo sobre todo el brillo en los ojos del toro, en las guirnaldas de su cuerpo, recuerdo cómo me pareció ver cobrar vida este cuadro, como el toro nadaba mientras se llevaba a la mujer. Me fascinaron los brillos, los detalles, el realismo, todo, era excepcional, nada que ver con el resto de los cuadros que habíamos visto hasta el momento. Vi el esfuerzo del pintor, la meticulosidad con que daba vida a cada detalle, las pequeñas pinceladas minuciosas de los brillos, de los perfiles y los bordes, todo. Aun hoy, después de tantos años acabo de encontrar este cuadro de nuevo y he vuelto a maravillarme con sus detalles y sus brillos, sigo pensando en que los verdaderos artistas a los que se debería pagar es a estos, que han sudado sangre para que todos los detalles queden perfectos, no a aquellos que han puesto un punto en un cuadro y lo han llamado soledad. 
Éste es el arte al que yo en verdad puedo llamar arte.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Juegos


Jugando con la Harmonía descubrimos como al final podemos obtener un violín custodiado por hielo y una tenia,  mientras un calamar extraño los observa y unos pláctones gigantes les rodean, también encontraremos telas de araña y grasa en el agua para que toda la Harmonía siga siendo armoniosa!

martes, 24 de enero de 2012

Máscaras

Todos llevamos una máscara, esa que nos ayuda a proteger nuestro corazón de todo aquello que pueda dañarnos, una máscara que oculta quien en realidad somos a todas aquellas personas que no son merecedoras de conocernos. Tan solo aquellos que en verdad nos aman podrán ver la verdadera faz, podrán ver si lloramos sangre bajo esa máscara de felicidad.

Unicornios VS Pegasos

Tantas personas que adoran los Unicornios... he de admitirlo, son seres adorables. Pero donde quedan esos otros seres adorables llamados Pegasos, yo siempre he adorado los Pegasos, seres mágicos y alados, si, el tema de la concesión de magia por parte de los Unicornios es algo siempre soñado, pero ¿Y el deseo de volar? Siempre he deseado volar, alzarme sobre el hombre y contemplar los miles de paisajes que existen, ver las nubes pasando por debajo de mi a gran velocidad, por eso, grandes amantes de los Unicornios, os hago una pregunta ¿En que lugar dejáis a los Pegasos, Dragones y demás seres mitológicos alados? Adoro los Unicornios, pero solo por el echo de poder volar, siempre, mi máxima adoración a recaído sobre los Pegasos y los Dragones. Dragones, poderosos y mortíferos, inteligentes y antiguos como la propia tierra, codiciosos y caprichosos, como desearía poder ver uno, aunque ello significase mi muerte.
Pegasos, hermosos y violentos, agresivos por naturaleza, fuertes y poderosos capaces de alzar el vuelo con esas poderosas alas, siempre serán la grán adoración.

lunes, 23 de enero de 2012

Noches oscuras.17

Desperté en la misma posición exacta en la que me había dormido, al parecer no había dado muchas vueltas aquel día, tal vez inconscientemente había sabido que si me movía demasiado podría haber hecho daño al hombre junto al que dormía. Me alcé sobre un antebrazo y con la mano que tenía libre acaricié su rostro con suavidad, abrió los ojos e instintivamente sujeto mi mano con una de las suyas, me recosté sobre él para depositar un beso en sus labios, seguía pensando que era imposible que él sintiera lo mismo que yo, pero iba a seguir mis instintos, iba a confiar en sus palabras de la noche anterior y no iba a volver a dudar.
Volví a separarme de él para empezar a encender el fuego, no tardó en sentarse a mi lado para contemplar cómo entrechocaba las piedras, volvía a mirarme como al principio, eso me gustaba, solo esperaba que no volviera a apartarse de repente sin motivo aparente, aunque según lo que me había dicho había un motivo, solo que no podía contármelo, quería saber cual era ese motivo por si volvía a darse estar preparada para verle alejarse de mi. Se inclinó hacia mi y besó mi hombro mientras yo seguía trabajando.
- ¿Qué tal estas hoy? - pregunté sin mirarle, estaba demasiado concentrada en crear unas pocas chispas que pudieran encender el fuego.
- Mejor que nunca - ahora si que le miré y apoyé una mano sobre su pecho solo para verle retroceder y escucharle proferir una queja de dolor.
- No creo que esta reacción sea de estar mejor que nunca - contesté burlona volviendo a concentrarme en mi tarea.
- De acuerdo, mejor de lo que yo recuerde haber estado en toda mi vida - me reí, no pude hacer otra cosa, me resultaba muy graciosa la manera en la que bromeaba con su estado de amnesia.
- Eso si me lo creo - le respondí cuando al fin pude volver a hablar. Saltaron unas chispas de mis manos, así que froté un poco más y conseguí encender la hojarasca que utilizaba para prender después la leña, me ayudó a colocar las ramas pequeñas iniciales, por lo visto si que había observado bien el día anterior cómo prendía la lumbre.
Poco a poco conseguimos que las llamas crecieran y colocamos todo el asador a la espera de que los lobos comenzasen a traer sus pedazos de carne, ahora que tenía ayuda todo era más fácil y tardaba mucho menos en prepararlo todo. Como cada día los lobos trajeron su comida y la fuimos colocando de manera que pudiese hacerse toda al mismo tiempo, tarde mucho menos de lo habitual gracias a él, se le veía animado, le gustaba poder ayudar y no tener que dejarse cuidar simplemente.
Cuando terminamos de colocar todo se acercó más a mi, acarició uno de mis brazos con el dorso de su mano, observando la piel por la que pasaba los dedos, parecía muy concentrado. Ascendió por mi brazo, cruzó mi hombro y sujetó mi mandíbula con una mano, siguió observando todo el rato el recorrido de sus dedos, acarició mi labio inferior con el pulgar, muy suavemente, se acercó más, parecía decidido a besarme, pero se quedó a escasos milímetros de mis labios, noté cómo temblaba, volvía a estar indeciso, volvía a tener miedo de algo, ¿Pero por qué? Creí que había quedado todo claro la noche anterior, yo le había besado el despertar, ¿Qué era lo que le frenaba ahora? Recorrí la efímera distancia que nos separaba, pareció sorprendido pero me devolvió el beso con fuerza, lo deseaba tanto, me encantaban sus besos, no quería perderlos, pero más aun, no quería que el dudase, no quería que tuviera miedo de hacer lo que desease. Sentí su otra mano posándose en mi rodilla, temblaba, la deslizó un poco por mi pierna, muy despacio, parecía temeroso a que yo le obligara a quitarla, pero no iba a hacerlo. Toda mi piel empezó a despertar, en verdad me sentía más atraída por este hombre de lo que jamás hubiera estado por nadie, era algo que no llegaba a entender, aunque también era cierto que hacía muchísimo tiempo que no estaba con nadie. Su mano seguía ascendiendo por mi muslo, muy despacio, se detuvo a mitad de recorrido y clavó sus dedos con fuerza en mi pierna mientras me besaba con más intensidad, no pude ahogar un pequeño grito de sorpresa ante el cambio repentino.
Escuché un gruñido a mis espaldas y de pronto Siivet ya no estaba besándome, ya sus manos no estaban sobre mi. Abrí los ojos de inmediato solo para ver cómo el lobo gris había caído sobre él, el hombre se arrastraba hacia atrás con el miedo pintado en su rostro, el lobo seguía gruñendo de manera amenazante. Intenté correr hacia ellos para interferir, pero la loba negra me sujetó, intenté zafarme con todas mis fuerzas pero ella me retuvo colocando sus patas delanteras sobre mis hombros, me miró y me dijo que aquella pelea era algo que debían resolver ellos, que yo no podía meterme. Observé inquieta cómo el lobo no apartaba su mirada del hombre, vi como este último lanzaba una rápida mirada hacia mi, tan solo para ver la preocupación en mi rostro, volvió a mirar al lobo, esta vez directamente a los ojos, su semblante había cambiado por completo, pareció como si el miedo desapareciese repentinamente de su interior, el lobo lanzó una dentellada a su cuello pero sin llegar a agarrarle, él no se movió ni un milímetro del sitio, sujetó al lobo por el pelaje del cuello y mirándole muy fijamente le gritó:
- ¡No pienso romper mi promesa! - el lobo pareció calmarse, dejó de gruñir - no estoy jugando, te hice una promesa y no pienso romperla, nunca.
Estaba totalmente convencido de sus palabras, no mentía, no había mentira alguna en su semblante y su seguridad hizo que el lobo retrocediera un paso, ahora parecía estar arrepentido de su ataque, parecía intentar disculparse. El hombre acarició su cabeza y su cuello, sin dejar aun de mirarle a los ojos. El lobo agachó la cabeza y salió trotando de la cueva, entonces por fin me pude moverme del sitio para correr hacia Siivet, estaba verdaderamente preocupada, no entendía el comportamiento del lobo gris, jamás pensé que pudiera atacar de esa manera a nadie, era tranquilo y calculador, no me cuadraba aquella actitud con él.
- ¿Estas bien? - le pregunté preocupada sujetando su rostro entre mis manos y apartando su pelo para poder acariciar su mejilla.
- Si, ni siquiera me a rozado - mentía, vi las vendas a la altura de sus hombros desgarradas y cómo pequeños hilos de sangre manaban de esas telas rasgadas, las había echo el lobo al saltar sobre él. - Ve con él, creo que debe de sentirse verdaderamente mal en este momento. Te prometo que yo estoy bien.
Esta última frase la añadió al ver mi rostro de preocupación. La loba negra se acercó a él, sabía que ella se quedaría a su lado, así que salí de la cueva en busca del lobo gris, estaba molesta con él por su comportamiento, pero después de las palabras de Siivet no podía enfadarme ni echarle nada en cara, en verdad debía de estar arrepentido por lo que había hecho, yo no debía culparle de nada.
Al salir de la cueva no vi al lobo gris por ningún lado, caminé un par de pasos hacia donde mi instinto me marcaba, unos metros más halla, junto a unas rocas que sobresalían de la pared que formaba el risco lateral de la cueva, lo vi sentado mirando al suelo. Me senté en uno de los salientes a su lado, él ni tan siquiera alzó la mirada. Siivet tenía razón, el lobo se sentía verdaderamente mal, estaba avergonzado y no se atrevía ni a mirarme. Posé uno de mis manos sobre su cabeza y le acaricié con suavidad, hundiendo mis dedos entre su pelaje, jugueteé con una de sus orejas y el inclinó un poco la cabeza hacia mi lado, sonreí. Seguí acariciando su cabeza, intentando hacerle cosquillas en la oreja, él la movía con fuerza y comenzó a hacer sonidos guturales con la garganta, como si le estuviera molestando, pero se acercaba poco a poco para que siguiera jugando con él, cuando estuvo lo suficientemente cerca le agarré el hocicó. Él revolvió la cabeza con fuerza para soltarse y se agachó en pose de juego, había jugado muchas veces así con el lobo blanco, pero nunca con mi lobo gris. Salté sobre su cuello abrazándome a él, se revolvió con fuerza pero no me solté, al menos no al principio, al final tuve que soltarme cayendo de culo, no me hice demasiado daño, saltó sobre mí colocando sus patas delanteras sobre mis hombros, como hubiera estado estado hacía pocos minutos sobre Siivet, solo que con él no había sido un juego, a él quería hacerle daño. Me sujetó uno de los hombros con sus dientes, sin llegar a clavarlos para no hacerme daño, yo no podía parar de reír, hasta que volví a pensar en que de verdad había intentado hacer daño a ese hombre que me estaba haciendo sentir tantas cosas. El lobo notó el cambió de humor repentino y lamió mi cara con cariño. Acaricié su cuello e intenté sonreír.
- ¿Qué pasó antes lobito tonto?
Él intentó apartarse y su mirada se volvió triste, mucho, pero no le solté, me abracé con fuerza a su cuello y acabó tumbándose sobre mi, acaricié su lomo y tan solo disfruté de su compañía por un rato.
- No estoy enfadada contigo, no puedo enfadarme contigo, solo quiero saber que es lo que pasó y si yo puedo hacer algo para arreglar las cosas.
Me miró a los ojos y simplemente me dijo que no quería que me hicieran daño, que él solo quería protegerme. No acababa de entender lo que quería decirme, pero creí adivinarlo, él simplemente no quería verme sufrir, tenía miedo a que aquel hombre me hiciera cualquier tipo de daño.
- No va a hacerme daño, soy fuerte, no dejare que nada me dañe.
Volvió a lamer mi mejilla y recostó su cabeza de nuevo sobre mi pecho y suspiró. No se si le convencí o no pero estaba bien, le sentía más tranquilo y relajado que hacía unos minutos. Debimos estar mucho rato fuera porque los demás se preocuparon y tanto mis dos lobos como el hombre salieron a buscarnos, nos encontraron tumbados en el suelo. El lobo blanco corrió hasta nosotros y me lamió la cara siguiendo con la cabeza del lobo gris, nos animaba a levantarnos.
- ¿Está todo bien? - preguntó el hombre al vernos a los dos en el suelo. Yo asentí con la cabeza.
El lobo gris se puso en pie y caminó despacio hacia él, con la cola y la cabeza gachas en señal de arrepentimiento. Se alzó sobre las patas traseras y las apoyó sobre su pecho con cuidado de no apretar la herida en forma de aspa, le miró unos segundos a la cara mientras el hombre apoyaba su mano sobre la cabeza del animal, eran casi de la misma altura. Tras observarse unos segundos el lobo lamió los cortes que había hecho con sus garras sobre sus hombros con mucha delicadeza, después regresó al suelo y se sentó a su lado.
Yo seguía echada triparriba en el suelo contemplando la escena, lo veía todo boca abajo, era curioso ver ese encuentro.
- ¿Te ayudo a levantar?
- No - me miró de soslayo, acercándose un poco.
- ¿Te vas a levantar?
- No.
Se sentó a mi lado.
- Si tu no te vas a levantar tendré que echarme yo - comentó tumbándose a mi lado. Nos quedamos un buen rato así, contemplando las estrellas y la luna, ya iba desapareciendo poco a poco. Busqué su mano a tientas y la sostuve con fuerza, ese simple contacto me bastaba para sentirme unida a él, no quería soltar jamás esa mano y sentía en mi interior que jamás me haría daño, estaba segura.
- Se va a quemar la carne - comenté sin levantarme todavía.
- Me encargué de repartirla antes de salir a buscaros. - giré mi cabeza hacia él. Él había hecho lo mismo.
- Gracias - comenté - ¿Tu has comido? - negó con la cabeza.
- No tenía hambre - no le creí, sabía que debía de tener hambre pero que había querido esperarme.
- Pues yo estoy hambrienta, ¿Vamos a cazar la cena? - me miró extrañado, después miró sus propias heridas, las pequeñas eran ya simples costras. Quitó los vendajes de los brazos y levantó las perneras del pantalón para quitar también los de las piernas, tan solo quedaba una herida abierta en una de sus piernas, lo más lógico parecía ser que aquella punzada le hubiera cortado la arteria femoral, pero en tal caso se habría desangrado y habría muerto, pero seguía con vida, lo que indicaba que tenían que haber fallado en aquel intento, aun así la herida era profunda en aquel lugar, le mandé volver a tapar aquella herida. Y ni hay que hablar de las de su pecho y su espalda, apenas le dejé apartar un poco las vendas para comprobar que aquello no se hubiera infectado, parecía curar a gran velocidad, estuve apretando con suavidad la herida en forma de aspa, parecía que la piel ya se estaba pegando un lado con el otro, tal vez podríamos quitar pronto los puntos. Me observaba atentamente mientras yo jugueteaba a comprobar la solidez de las uniones de sus cicatrices, no hizo ningún intento de acercase a mi en un sentido más íntimo y ahora estaba entendiendo porqué el día anterior apenas si me había mirado, tenía miedo de romper la promesa hecha al lobo, temía el ataque sufrido hoy.
Cuando acabamos de mirar sus heridas me puse en pie y le tendí una mano para ayudarle a levantar.
- ¿Crees que esté en buenas condiciones para cazar?
- No, pero puedes acompañarnos al menos y aprender la técnica para cuando estés mejor, yo pasé un día y  medio solo observando.
Los lobos supieron dónde quería ir y ellos se encargaron de guiar nuestros pasos, fuimos hasta la zona de conejos, siempre me sorprendía la cantidad de madrigueras que podía llegar a haber en aquella zona. Dejamos primero que los lobos demostrasen cómo se cazaba un conejo, yo me senté junto a Siivet e iba puntualizando alguno de los matices acerca de las tácticas de caza que utilizaban. Después me tocó a mi el turno de cazar, al igual que la otra vez en la que había cazado intenté sentir únicamente el ambiente, las vibraciones de la tierra pero me costó mucho más ya que no podía dejar de pensar en que él me estaba observando y no quería decepcionarle, porque ya no cazaba solo para mi, si no que también cazaba para él, no quería que los lobos tuvieran que seguir cediéndonos sus presas personales.
Tardé más que la otra vez, cometí un par de fallos en los que los conejos escaparon pero no desistí hasta conseguir mi presa, cogí uno bastante grande para poder comer ambos, estaba orgullosa de mi presa, aunque me hubiera costado muchísimo tiempo el atraparla lo había conseguido.
Volví con mi pequeño grupo, los lobos me elogiaban por la captura, el hombre simplemente me miraba con la boca entreabierta, parecía estupefacto.
- Te deseo... - esas palabras salieron de su boca, me sonrojé y sorprendí a más no poder, ¿En verdad me había dicho eso? Vale, el día anterior lo había demostrado, pero de ahí a decirlo de esta manera con palabras, no era lo mismo y esto me ponía más nerviosa.
- ¿Qué dijiste? - pregunté aun sorprendida.
- No, no quería decir eso, es solo que... no lo pensé, te estuve observando todo este tiempo, eras uno con tu entorno, tus movimientos, tu postura, todo era perfecto, eres perfecta y... y no pensé al hablar, yo, yo lo siento, no quería decir algo así...
- No importa, no me molesta, si es lo que en verdad sientes en tu interior no debes callarlo. No calles nunca tus sentimientos, no al menos conmigo. - me acerqué unos pasos más a él.
Seguía sentado en la pequeña ladera en la que estábamos antes ambos, estiró sus brazos hacia mí y abrazó mi cintura dejando la cabeza apoyada contra mi vientre, se apretó con fuerza y me dio un suave beso cerca del ombligo. Se quedó abrazado a mi un buen rato, yo mientras tanto jugueteaba con mis dedos en su pelo, acariciaba su rostro con cariño, después se puso en pie y sujetó mi rostro entre sus manos, mirándome a los ojos con esa intensidad que tan solo había visto en aquella mirada dorada, sus ojos seguían pareciéndome algo antinatural, algo de otro mundo imposible de concebir en el nuestro. Besó mi frente con cariño y comenzamos el regreso a la cueva, la noche había avanzado, la caza nos había llevado largo tiempo pero ahora teníamos algo para llevarnos a la tripa, mi estomago rugía constantemente y creí escuchar el de él también gruñendo un par de veces, no habíamos probado bocado en toda la noche y lo necesitábamos.
Ya en la cueva limpiamos el conejo entre los dos, parecía que esto se le daba bastante bien, era hábil con las manos, se le daba bastante bien lo de desollar. En poco tiempo tuvimos el conejo listo para asar, otra vez la espera a que la carne estuviera lista, yo quería que se repitiera lo que al despertar, quería sentir sus besos mientras esperábamos, pero no quería que el lobo volviese a atacarle, no creí que fuera a hacerlo de nuevo pero aun así quedaba ese miedo. Me acerqué a él y simplemente recosté la cabeza sobre su hombro, él me rodeó con uno de sus brazos y simplemente contemplamos el danzar de las llamas. Llenamos nuestros estómagos y nos echamos a dormir como ya estaban haciendo el resto para cuando acabamos de comer. Nos escabullimos bajo las mantas con los tres lobos, siempre estaban con nosotros y yo deseaba su compañía, pero en estos momentos había algo que deseaba más intensamente y aun teniéndolo al alcance de mis manos no podía tomarlo. Simplemente me abracé a él estando lo más cerca que podía de su ser, me rodeó con sus brazos y me susurró al oído antes de dormir:
- Siempre te cuidaré... te deseo...
Esas palabras me ayudaron a dormir de una forma bastante incomprensible.