Quiero más cicatrices en mi vida, una detrás de otra. ¿Porqué? Es muy sencillo. Cada cicatriz duele, te hace daño y deja una herida, pero ésta acaba sanando, las heridas siempre se curan al final. Y queda una cicatriz, una pequeña línea de color blanco en tu piel que te recuerda todo lo que la herida dolió. ¿Y en que se convierte esa cicatriz?
Pues en una nueva historia que contar.
Un Hermoso Lugar
martes, 24 de abril de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
Cambio de tiempos
Últimamente veo por televisión decenas de programas en los que la gente que participa se dedica a emborracharse, follar y desagradar al personal en sentido amplio, a contar sus escarceos amorosos, su día a día y a gritar a los demás. A insultar y criticar, en general, a mostrar cuan grande puede llegar a ser su estupidez. En estos días me ha dado por preguntarme por qué esas personas van a las televisiones ha denigrar de tal forma a su propia persona, a tirar toda su dignidad por los suelos. Y la respuesta aparece tan clara como el agua de un manantial:
Por dinero.
Es tan sencillo como eso, se arrastran detrás del mísero dinero. Echando la vista atrás en el tiempo, hasta la época medieval más o menos se me ocurre cierta comparación para estas pequeñas escorias humanas que se arrastran... Bufones. En la Edad Media tenían bufones para hacer reír a reyes y damas, a estos se les pagaba con un techo bajo el que dormir y una mesa con comida cada día. Los bufones de hoy en día persiguen esas monedas que las televisiones les pagan. Dirán que los tiempos han cambiado, pero yo sigo viendo a esos mismos desdichadas arrastrándose y denigrándose a cambio de la supervivencia. No se si me dan pena o asco...
Por dinero.
Es tan sencillo como eso, se arrastran detrás del mísero dinero. Echando la vista atrás en el tiempo, hasta la época medieval más o menos se me ocurre cierta comparación para estas pequeñas escorias humanas que se arrastran... Bufones. En la Edad Media tenían bufones para hacer reír a reyes y damas, a estos se les pagaba con un techo bajo el que dormir y una mesa con comida cada día. Los bufones de hoy en día persiguen esas monedas que las televisiones les pagan. Dirán que los tiempos han cambiado, pero yo sigo viendo a esos mismos desdichadas arrastrándose y denigrándose a cambio de la supervivencia. No se si me dan pena o asco...
viernes, 20 de abril de 2012
Sueños
Los sueños que tratan de romperte y destrozarte son aquellos que debes seguir, son los imposibles los que de verdad te dan las alas para volar, para saber que puedes hacer lo imposible si lo intentas desde lo mas profundo de tu alma.
jueves, 12 de abril de 2012
Gaurko gauak
La noche nos vuelve débiles, debilita los corazones. Melodías conocidas y aun por conocer resuenan en mis oídos trayendo recuerdos cada vez más lejanos, más inciertos. Recuerdos que con el tiempo parecen transformarse en meros sueños. Sonidos en la oscuridad, retumban en el interior de ese gran misterio que nadie puede llegar a comprender, a entender. Lejos, todo queda lejos, pensamientos, deseos... todo queda atrás.
¿Y quien puede ser el dueño del tiempo y el destino?, ¿quien decidió que en la noche, cada melodía que pueda vibrar en la oscuridad puede hacer que cada pedazo renazca dando a entender el verdadero sentido a los despojos de lo que antaño fue algo completo?, algo imposible, sueños, la noche esta plagada de sueños y deseos que en el fondo son inexistentes por no poder ser cumplidos, tan solo pensados. No se olvidan. Perduran en el recuerdo. Y resuenan en las canciones, recordando esos pedazos.
¿Y quien puede ser el dueño del tiempo y el destino?, ¿quien decidió que en la noche, cada melodía que pueda vibrar en la oscuridad puede hacer que cada pedazo renazca dando a entender el verdadero sentido a los despojos de lo que antaño fue algo completo?, algo imposible, sueños, la noche esta plagada de sueños y deseos que en el fondo son inexistentes por no poder ser cumplidos, tan solo pensados. No se olvidan. Perduran en el recuerdo. Y resuenan en las canciones, recordando esos pedazos.
miércoles, 11 de abril de 2012
Noches oscuras.20
Desperté igual que en la noche anterior, envuelta entre esas alas negras, pero ya no le tenía miedo a esas alas como las de los murciélagos. Esas pesadillas que había estado teniendo noches atrás tan solo intentaban decirme lo que se acercaba, pero en aquel entonces aun les temía a los murciélagos. Ahora en cambio esos animales me hacían pensar en protección, cómo rodeaban a sus crías con esas alas para protegerlas, cómo lo hacía Siivet conmigo.
Al igual que la noche anterior acaricié su rostro y en cuanto abrió los ojos deposité un beso en sus labios. Eran tan suaves, me maravillaba cada vez que los besaba. Recordé como estaban rotos el día que le recogí, todo su cuerpo estaba magullado y lleno de heridas, y ahora, apenas una semana después, tan solo quedaba alguna cicatriz, alguna pequeña costra esparcida, el aspa del pecho lo iba a llevar de por vida. La sanación de sus heridas y las palabras que había dicho el día anterior me hacían pensar, quería preguntarle acerca de ello pero el día anterior cuando lo había intentado él había eludido el tema. Tal vez simplemente no deseaba contármelo o era otra de las cosas que temía contarme.
- Hola, ¿Qué tal has dormido? - le pregunté mientras se estiraba. Me resultaba muy curioso ver como también estiraba las alas en toda su envergadura al desperezarse.
- Siempre que es a tu lado descanso tranquilo. ¿Y tu?
- Perfectamente.
Me puse en pie y fui a encender el fuego como cada día, él me siguió y se sentó a mi lado. Observó unos segundos como entrechocaba las piedras con fuerza. Apoyó una de sus manos sobre las mías. Me quedé mirándole.
- ¿Puedo probar? - le entregué las piedras.
Demonio, pensé. Siempre lo había asociado con el fuego, tal vez porque eso nos decía la religión. Tenía curiosidad por ver si eso le resultaba tan sencillo como la caza. Entrechocaba las piedras con cuidado, se sabía la teoría de memoria, pero por lo visto este no era su punto fuerte, conseguía sacar alguna chispa pero no que cayesen en el lugar indicado, las llamas no acababan de iniciarse.
- ¿Quieres que lo haga yo? - le pregunté al ver lo que estaba tardando.
- No, he de conseguirlo, si no, no seré de ninguna utilidad. - estaba realmente concentrado en lograr su objetivo.
Tardó más de lo que yo tardaba habitualmente, pero claro, al principio yo también tardaba mucho más que ahora, debía darle tiempo, tenía que conseguirlo solo aunque los lobos ya estuvieran esperando con sus pedazos de carne en la boca. Posé una mano en su rodilla y le di un beso suave en el cuello.
- Se que tu puedes - susurré a su oído. Después me aparté unos centímetros.
Siguió intentándolo con mayor concentración. Tardó un buen rato, pero en cuanto unas pocas chispas tocaron las hojas adecuadas comencé a soplar suavemente para que ardieran con fuerza, poco a poco las llamas se alzaron y prendieron la hoguera que tanto estábamos esperando.
- Lo lograste.
- Si. - se volvió hacia mi y acarició mi rostro con cariño. - Ahora vengo.
Se puso en pie saliendo de la cueva, no tenía muy claro a donde iba pero me lo imaginaba. Regresó un poco después con el conejo que había cazado la noche anterior. No me había equivocado en mis imaginaciones.
Mientras él se encargó de colocar las piezas que los lobos iban entregando para asar yo me dediqué a limpiar el conejo para poder comerlo.
Pronto tanto las piezas de los lobos como la nuestra estaban en el fuego asándose. Mientras esperábamos a que la comida estuviera preparada me recosté contra su pecho de espaldas a él mirando al exterior, observé la luna, tan solo una media luna decreciente. Me hizo recordar cómo iba mirándola cada día mientras iba creciendo, sintiendo mi nerviosismo crecer día a día sin saber porqué. Ahora que le había encontrado y que la luna menguaba no la observaba tan a menudo como antes y lo echaba de menos. El simple echo de observar el cielo siempre me había relajado, había calmado el dolor de mi alma. Eso me hizo pensar en si en verdad sería yo la niña que él había visto hacía años, si en verdad mi alma había quedado tan dañada como ellos pensaban y estos cielos y montes me habían ayudado a limpiarme por dentro. En verdad este sitio me había devuelto la vida cuando perdí a mis padres, pero pensar que mi vida podía estar enlazada de esta forma con la suya... le había dicho que no había prisa, que no importaba si yo era la chica de su pasado o no, pero, aun así, sentía una inmensa curiosidad.
La carne estuvo pronto lista y la repartimos de nuevo a sus respectivos dueños. El lobo blanco se tumbó a mis pies a comer su parte, me resultó curioso porque siempre a la hora de las comidas cada uno solía alejarse un poco de nosotros. Comimos en silencio.
- Ayer, hablaste de que tenías algunos trucos... ¿A qué te referías exactamente? - me atreví a preguntarle después de la comida, llevaba un buen rato ya dándole vueltas a si preguntarle aquello o no, temía que no quisiera contármelo.
- Si te lo digo me hará parecer menos humano de lo que ya soy.
- No necesito que seas humano para amarte. - no pensé mis palabras, simplemente salieron.
- No te importa en absoluto mi condición, tan solo yo. - era una afirmación disfrazada de pregunta, así que no contesté, me conformé con afirmar con la cabeza. - Con mis trucos me refería a mis poderes - constó abriendo y cerrando las manos mientras miraba hacia ellas - siento que esos poderes se escapan poco a poco de mi cuerpo, puede que pronto no quede nada. Cuando me encontraste aun manaba algo de poder por mi cuerpo, pero éste nacía de mis alas originarias, al quemarlas destruyeron la fuente de mi poder. Las nuevas no pueden generar poder nuevo. Lo que quedaba recorriendo mi cuerpo se gastó en curar mis heridas para poder sobrevivir y aun así la curación fue lenta en comparación a como debería haber sido conservando todas mis fuerzas.
- Yo creo que te recuperaste verdaderamente rápido, jamás había visto algo por el estilo.
- Aun así, eso para alguien como yo era demasiado lento. Las cicatrices no son algo común entre los míos - contemplé el aspa sobre su pecho. - En unos pocos días no quedara ni una gota de poder en mi cuerpo y... bueno, no se lo que ocurrirá cuando eso ocurra, me imagino que me quedaré como un mortal normal solo que con alguna diferencia física - bromeó aleteando ligeramente.
- ¿Porqué no me querías contar esto?
- Por que debes de estar viendo cada vez más que soy un bicho raro.
- No lo eres. Y si lo fueras yo no sería quién para juzgarte. Mírame, vivo entre lobos como una salvaje.
Se rió ante mi comentario, había conseguido lo que deseaba, había liberado algo de peso de sus hombros. Le sentía muy agobiado por el miedo al rechazo. Debía intentar eliminar dicho miedo.
Él estaba sentado con las piernas cruzadas. Me acerqué un poco más para sentarme sobre él a horcajadas y le besé sin decir más apoyando las manos sobre su pecho. Me sujetó por la espalda y al instante sus alas nos envolvieron como una cúpula. Miré hacia arriba, la verdad es que era muy hermoso el como la claridad traspasaba la fina capa membranosa de las alas haciendo que todo nuestro entorno pareciera de un color negro brillante, neblinoso. El entorno parecía cargado de magia. Le miré a los ojos y acaricié su rostro con la punta de mis dedos, él los besó al pasarlos por sus labios.
- ¿Te molesta que nos haya encerrado?
- No. - respondí sin apartar mi mirada de la suya ni un instante.
- Es para prevenir que uno de tus lobos se me lance al cuello. - me dijo con una sonrisa malévola.
- Sabes que no lo harán.
- Lo se, tan solo bromeo. - respondió volviendo a besarme. Sentía el calor de sus besos, la electricidad de sus manos en mi espalda, recorriéndola.
Noté una de sus manos deslizándose hasta que sujetó con fuerza uno de mis senos. Pareció como si una pequeña corriente eléctrica recorriera todo mi cuerpo. Esa sensación que tan solo él había conseguido provocarme. Yo también recorrí su torso con mis manos, con suavidad notando como su piel se erizaba bajo el contacto de mis dedos. La mano que hace unos instantes estuviera en mi pecho empezó a descender por mi vientre, haciéndome estremecerme un poco más por cada milímetro de piel que recorrían sus dedos. Dejé escapar un leve gemido previendo el contacto que estaba por llegar.
El aullido de la gran loba desgarró el aire.
Ambos nos sobresaltamos regresando a la realidad. El aullido venía desde fuera de la cueva, llamaba a la manada a la caza.
- ¿Nos dejará ir hoy a cazar? ¿O nos tendremos que quedar solos en la cueva? - me preguntó con el ardor aun reflejado en su mirada.
Extendió sus alas para dejarme salir. Por un lado me apetecía ir a cazar, pero por otro quería quedarme a solas con él, solo con él. Me puse en pié aun a mi pesar y caminé fuera de la cueva lo más calmada que me vi capaz. Mi pulso seguía alterado y quería volver a su lado, pero teníamos un deber como parte de la manada.
Me presenté ante la loba y en sus ojos vi que quería que aquella noche corriéramos con ellos. Frotó su hocico contra mis piernas, después corrí dentro para llamar a Siivet.
- Esta noche tendrás tu primera cacería. - le grité desde la entrada.
Seguía sentado en el suelo con los ojos cerrados, parecía muy concentrado en algo.
- ¿Sucede algo? - pregunté acercándome un poco más.
- Nada grave - respondió alzando la cabeza y sonriéndome - tan solo necesito unos segundos. Despiertas muchas cosas en mi. - contestó sin dejar de sonreírme.
Entendí a que se refería.
- Te espero fuera, aun se están reuniendo para comenzar la caza. - volví a salir de la cueva sin esperar respuesta.
Observé los rituales de antes de comenzar una caza que compartían los lobos mientras preparaba la cuerda con la que solía ayudar en la cacería anudándola después a mi pierna. Varios de ellos vinieron a restregarse también contra mi, me trataban como a una cazadora más del grupo, yo acariciaba sus hocicos con una mano arrodillada en el suelo. Poco después Siivet apareció detrás de mi. La gran loba se acercó a él y lamió la palma de su mano y se frotó un poco contra él, el resto del grupo no se restregó contra él. Aun no le consideraban un verdadero cazador, debía demostrar sus habilidades en una verdadera caza.
Cuando todos los lobos se hubieron reunido comenzamos a andar, a adentrarnos en el bosque. Siivet caminaba muy cerca de mi con las alas totalmente plegadas y lo más pegadas al cuerpo que le fue posible. Según nos fuimos adentrando en la maleza noté como esas alas empezaban a ser una molestia para él, aunque apenas sobresalieran por encima de su cabeza lo hacían y a veces se le enredaban en las ramas más bajas.
- ¿Qué es lo que debo hacer exactamente? - me preguntó en un momento de la marcha.
- Tan solo observa he imita a los lobos, no tenemos su agilidad ni velocidad, así que tendrás que buscar una manera de compensar esas faltas de alguna otra manera para ser de ayuda a la manada. Por hoy no van a exigir que mates ninguna presa, pero debes ir aprendiendo a cómo ayudar.
- ¿Tu cómo lo haces?
- Yo tengo mi propia técnica, hoy lo veras. Pero en serio no te preocupes demasiado, esta noche tan solo debes de molestarte en observar y aprender. - asintió con la cabeza como tratando de autoconvencerse.
Un rato después la manada paró de golpe y comenzó a formar un semicírculo al rededor de una zona de arbustos. Pronto vi la pequeña cornamenta de un corzo bastante grande para su especie. Creo que me olvide por completo de la presencia de Siivet, le sentía a mi lado, observándome e imitando mis movimientos, pero yo era ya uno con la manada, no era consciente de preocuparme por él en concreto, tan solo la presa y la manada importaban.
El semicírculo se fue cerrando dejando tan solo un hueco abierto, aquel que dejaba una escapatoria hacia una explanada que todos sabíamos se encontraba un poco más lejos. Supe que querían empujar a la presa a campo abierto para que nosotros pudiéramos manejarnos mejor cuando comenzase la carrera.
La presa nos vio y comenzó a correr hacia uno de los flancos, pero los lobos que cerraban el semicírculo por ese lado lo espantaron en la dirección correcta. Todos comenzamos a correr tras el animal, era difícil correr entre la maleza, pero parecía que me iba acostumbrando con el tiempo, aprendía a moverme aunque los lobos me sacaban mucha ventaja yo intentaba mantener el ritmo.
Por fin llegamos a campo abierto, una pequeña explanada, pero en ella teníamos que esforzarnos todos al cien por cien, si la presa volvía a entrar en la maleza, al menos por mi parte, estaría perdida, yo no podría ser de ninguna ayuda entre la arboleda. Corrí con todas mis fuerzas, me sentía ligera, como si mis pies no rozaran el suelo, desaté la cuerda que llevaba en la pierna y me preparé para lanzárla en el momento que tuviera una buena perspectiva.
Cuando por fin obtuve un tiro bueno me dispuse a lanzar la cuerda vi una sombra cerca de mi, Siivet corría a mi lado... no corría planeaba, había extendido sus alas y planeaba precariamente a ras de suelo. Lancé la cuerda, pero no fue un tiro perfecto porque me distraje un instante cuando la sombra de Siivet desapareció de mi lado quedando atrás. Vi cómo la cuerda se ataba solo a una de las patas de la presa y esta trastabillaba un instante sin llegar a caer. Ese pequeño tropezón bastó para que el lobo rojizo saltase sobre el animal y lo sujetase por el cuello, a los pocos segundos otros dos lobos estaban ayudandole a matar a la presa.
Me volví hacia atrás para mirar como el hombre había caído.
- ¿Estás bien? - pregunté arrodillándome a su lado. Mi corazón latía con mucha fuerza y me dolía el pecho al respirar, pero nada fuera de lo normal después de una carrera como aquella.
Le costaba respirar y todo su brazo estaba sangrando, no parecía estar bien. Recordé la vez en la que yo me había quedado sin aire, cuando no podía respirar, mi tráquea se había cerrado en aquella ocasión. Temí que le estuviera pasando lo mismo en este momento.
Se apoyó en el brazo que tenía ileso y tosió varias veces, después tomó aire varias veces.
- Estoy bien - consiguió decir en un susurro.
- No lo estas...
- Tan solo necesito descansar - me cortó.
- Necesitas beber algo. - eso no me lo negó.
A lo que sí se negó fue a acercarse y tomar sangre de la presa, dijo que prefería esperar y beber agua. Y aunque le expliqué cómo me había ayudado a mi la otra vez dijo que esperaría. Varios lobos se acercaron a nosotros con los hocicos ensangrentados, dibujaron en mi cuerpo como en mi última cacería y también pintaron algún punto y alguna línea sobre su cuerpo, la gran loba dejó un lunar sangriento sobre su corazón.
Cuando hubieron despiezad la presa comenzamos la vuelta al cubil, volvimos a pasar por el arrollo y paramos a beber, tanto Siivet como yo lo necesitábamos y creo que alguno de los otros lobos también necesitaba agua fresca. Me fije en que él caminaba precariamente, había limpiado la herida de su brazo y no era más que un raspón profundo a lo largo de todo el brazo. Según me contó había intentado planear pero esas alas aun no respondían como él recordaba y había perdido el equilibrio y había ido a frenar con el brazo en el suelo antes de dar una vuelta de campana completa tras otras.
Aun habiendo bebido ya se notaba que le dolía al respirar aun algo, estaba agotada y yo tampoco estaba en una situación muy diferente. Ayudé a los lobos a enterrar la carne, él solo se sentó a esperar. Entramos en la cueva y le ayudé a llegar a la zona en la que dormíamos, recordé cómo me había arrastrado hasta ese mismo rincón la vez que había tenido mi primera cacería de verdad, aquel día en el que me faltó el aire.
- ¿Seguro que te encuentras bien? - le pregunté preocupada.
- Tan bien como estás tu - me contestó intentando esbozar una sonrisa.
Le arropé y me tumbé a su lado para descansar, no nos preocupamos en mirar si los lobos tenían intención de dormir ya o no, ambos estábamos totalmente agotados. Deposité un beso en su mejilla, pero él ya se encontraba en los brazos de Morféo. Pronto yo también caí en el sueño.
Al igual que la noche anterior acaricié su rostro y en cuanto abrió los ojos deposité un beso en sus labios. Eran tan suaves, me maravillaba cada vez que los besaba. Recordé como estaban rotos el día que le recogí, todo su cuerpo estaba magullado y lleno de heridas, y ahora, apenas una semana después, tan solo quedaba alguna cicatriz, alguna pequeña costra esparcida, el aspa del pecho lo iba a llevar de por vida. La sanación de sus heridas y las palabras que había dicho el día anterior me hacían pensar, quería preguntarle acerca de ello pero el día anterior cuando lo había intentado él había eludido el tema. Tal vez simplemente no deseaba contármelo o era otra de las cosas que temía contarme.
- Hola, ¿Qué tal has dormido? - le pregunté mientras se estiraba. Me resultaba muy curioso ver como también estiraba las alas en toda su envergadura al desperezarse.
- Siempre que es a tu lado descanso tranquilo. ¿Y tu?
- Perfectamente.
Me puse en pie y fui a encender el fuego como cada día, él me siguió y se sentó a mi lado. Observó unos segundos como entrechocaba las piedras con fuerza. Apoyó una de sus manos sobre las mías. Me quedé mirándole.
- ¿Puedo probar? - le entregué las piedras.
Demonio, pensé. Siempre lo había asociado con el fuego, tal vez porque eso nos decía la religión. Tenía curiosidad por ver si eso le resultaba tan sencillo como la caza. Entrechocaba las piedras con cuidado, se sabía la teoría de memoria, pero por lo visto este no era su punto fuerte, conseguía sacar alguna chispa pero no que cayesen en el lugar indicado, las llamas no acababan de iniciarse.
- ¿Quieres que lo haga yo? - le pregunté al ver lo que estaba tardando.
- No, he de conseguirlo, si no, no seré de ninguna utilidad. - estaba realmente concentrado en lograr su objetivo.
Tardó más de lo que yo tardaba habitualmente, pero claro, al principio yo también tardaba mucho más que ahora, debía darle tiempo, tenía que conseguirlo solo aunque los lobos ya estuvieran esperando con sus pedazos de carne en la boca. Posé una mano en su rodilla y le di un beso suave en el cuello.
- Se que tu puedes - susurré a su oído. Después me aparté unos centímetros.
Siguió intentándolo con mayor concentración. Tardó un buen rato, pero en cuanto unas pocas chispas tocaron las hojas adecuadas comencé a soplar suavemente para que ardieran con fuerza, poco a poco las llamas se alzaron y prendieron la hoguera que tanto estábamos esperando.
- Lo lograste.
- Si. - se volvió hacia mi y acarició mi rostro con cariño. - Ahora vengo.
Se puso en pie saliendo de la cueva, no tenía muy claro a donde iba pero me lo imaginaba. Regresó un poco después con el conejo que había cazado la noche anterior. No me había equivocado en mis imaginaciones.
Mientras él se encargó de colocar las piezas que los lobos iban entregando para asar yo me dediqué a limpiar el conejo para poder comerlo.
Pronto tanto las piezas de los lobos como la nuestra estaban en el fuego asándose. Mientras esperábamos a que la comida estuviera preparada me recosté contra su pecho de espaldas a él mirando al exterior, observé la luna, tan solo una media luna decreciente. Me hizo recordar cómo iba mirándola cada día mientras iba creciendo, sintiendo mi nerviosismo crecer día a día sin saber porqué. Ahora que le había encontrado y que la luna menguaba no la observaba tan a menudo como antes y lo echaba de menos. El simple echo de observar el cielo siempre me había relajado, había calmado el dolor de mi alma. Eso me hizo pensar en si en verdad sería yo la niña que él había visto hacía años, si en verdad mi alma había quedado tan dañada como ellos pensaban y estos cielos y montes me habían ayudado a limpiarme por dentro. En verdad este sitio me había devuelto la vida cuando perdí a mis padres, pero pensar que mi vida podía estar enlazada de esta forma con la suya... le había dicho que no había prisa, que no importaba si yo era la chica de su pasado o no, pero, aun así, sentía una inmensa curiosidad.
La carne estuvo pronto lista y la repartimos de nuevo a sus respectivos dueños. El lobo blanco se tumbó a mis pies a comer su parte, me resultó curioso porque siempre a la hora de las comidas cada uno solía alejarse un poco de nosotros. Comimos en silencio.
- Ayer, hablaste de que tenías algunos trucos... ¿A qué te referías exactamente? - me atreví a preguntarle después de la comida, llevaba un buen rato ya dándole vueltas a si preguntarle aquello o no, temía que no quisiera contármelo.
- Si te lo digo me hará parecer menos humano de lo que ya soy.
- No necesito que seas humano para amarte. - no pensé mis palabras, simplemente salieron.
- No te importa en absoluto mi condición, tan solo yo. - era una afirmación disfrazada de pregunta, así que no contesté, me conformé con afirmar con la cabeza. - Con mis trucos me refería a mis poderes - constó abriendo y cerrando las manos mientras miraba hacia ellas - siento que esos poderes se escapan poco a poco de mi cuerpo, puede que pronto no quede nada. Cuando me encontraste aun manaba algo de poder por mi cuerpo, pero éste nacía de mis alas originarias, al quemarlas destruyeron la fuente de mi poder. Las nuevas no pueden generar poder nuevo. Lo que quedaba recorriendo mi cuerpo se gastó en curar mis heridas para poder sobrevivir y aun así la curación fue lenta en comparación a como debería haber sido conservando todas mis fuerzas.
- Yo creo que te recuperaste verdaderamente rápido, jamás había visto algo por el estilo.
- Aun así, eso para alguien como yo era demasiado lento. Las cicatrices no son algo común entre los míos - contemplé el aspa sobre su pecho. - En unos pocos días no quedara ni una gota de poder en mi cuerpo y... bueno, no se lo que ocurrirá cuando eso ocurra, me imagino que me quedaré como un mortal normal solo que con alguna diferencia física - bromeó aleteando ligeramente.
- ¿Porqué no me querías contar esto?
- Por que debes de estar viendo cada vez más que soy un bicho raro.
- No lo eres. Y si lo fueras yo no sería quién para juzgarte. Mírame, vivo entre lobos como una salvaje.
Se rió ante mi comentario, había conseguido lo que deseaba, había liberado algo de peso de sus hombros. Le sentía muy agobiado por el miedo al rechazo. Debía intentar eliminar dicho miedo.
Él estaba sentado con las piernas cruzadas. Me acerqué un poco más para sentarme sobre él a horcajadas y le besé sin decir más apoyando las manos sobre su pecho. Me sujetó por la espalda y al instante sus alas nos envolvieron como una cúpula. Miré hacia arriba, la verdad es que era muy hermoso el como la claridad traspasaba la fina capa membranosa de las alas haciendo que todo nuestro entorno pareciera de un color negro brillante, neblinoso. El entorno parecía cargado de magia. Le miré a los ojos y acaricié su rostro con la punta de mis dedos, él los besó al pasarlos por sus labios.
- ¿Te molesta que nos haya encerrado?
- No. - respondí sin apartar mi mirada de la suya ni un instante.
- Es para prevenir que uno de tus lobos se me lance al cuello. - me dijo con una sonrisa malévola.
- Sabes que no lo harán.
- Lo se, tan solo bromeo. - respondió volviendo a besarme. Sentía el calor de sus besos, la electricidad de sus manos en mi espalda, recorriéndola.
Noté una de sus manos deslizándose hasta que sujetó con fuerza uno de mis senos. Pareció como si una pequeña corriente eléctrica recorriera todo mi cuerpo. Esa sensación que tan solo él había conseguido provocarme. Yo también recorrí su torso con mis manos, con suavidad notando como su piel se erizaba bajo el contacto de mis dedos. La mano que hace unos instantes estuviera en mi pecho empezó a descender por mi vientre, haciéndome estremecerme un poco más por cada milímetro de piel que recorrían sus dedos. Dejé escapar un leve gemido previendo el contacto que estaba por llegar.
El aullido de la gran loba desgarró el aire.
Ambos nos sobresaltamos regresando a la realidad. El aullido venía desde fuera de la cueva, llamaba a la manada a la caza.
- ¿Nos dejará ir hoy a cazar? ¿O nos tendremos que quedar solos en la cueva? - me preguntó con el ardor aun reflejado en su mirada.
Extendió sus alas para dejarme salir. Por un lado me apetecía ir a cazar, pero por otro quería quedarme a solas con él, solo con él. Me puse en pié aun a mi pesar y caminé fuera de la cueva lo más calmada que me vi capaz. Mi pulso seguía alterado y quería volver a su lado, pero teníamos un deber como parte de la manada.
Me presenté ante la loba y en sus ojos vi que quería que aquella noche corriéramos con ellos. Frotó su hocico contra mis piernas, después corrí dentro para llamar a Siivet.
- Esta noche tendrás tu primera cacería. - le grité desde la entrada.
Seguía sentado en el suelo con los ojos cerrados, parecía muy concentrado en algo.
- ¿Sucede algo? - pregunté acercándome un poco más.
- Nada grave - respondió alzando la cabeza y sonriéndome - tan solo necesito unos segundos. Despiertas muchas cosas en mi. - contestó sin dejar de sonreírme.
Entendí a que se refería.
- Te espero fuera, aun se están reuniendo para comenzar la caza. - volví a salir de la cueva sin esperar respuesta.
Observé los rituales de antes de comenzar una caza que compartían los lobos mientras preparaba la cuerda con la que solía ayudar en la cacería anudándola después a mi pierna. Varios de ellos vinieron a restregarse también contra mi, me trataban como a una cazadora más del grupo, yo acariciaba sus hocicos con una mano arrodillada en el suelo. Poco después Siivet apareció detrás de mi. La gran loba se acercó a él y lamió la palma de su mano y se frotó un poco contra él, el resto del grupo no se restregó contra él. Aun no le consideraban un verdadero cazador, debía demostrar sus habilidades en una verdadera caza.
Cuando todos los lobos se hubieron reunido comenzamos a andar, a adentrarnos en el bosque. Siivet caminaba muy cerca de mi con las alas totalmente plegadas y lo más pegadas al cuerpo que le fue posible. Según nos fuimos adentrando en la maleza noté como esas alas empezaban a ser una molestia para él, aunque apenas sobresalieran por encima de su cabeza lo hacían y a veces se le enredaban en las ramas más bajas.
- ¿Qué es lo que debo hacer exactamente? - me preguntó en un momento de la marcha.
- Tan solo observa he imita a los lobos, no tenemos su agilidad ni velocidad, así que tendrás que buscar una manera de compensar esas faltas de alguna otra manera para ser de ayuda a la manada. Por hoy no van a exigir que mates ninguna presa, pero debes ir aprendiendo a cómo ayudar.
- ¿Tu cómo lo haces?
- Yo tengo mi propia técnica, hoy lo veras. Pero en serio no te preocupes demasiado, esta noche tan solo debes de molestarte en observar y aprender. - asintió con la cabeza como tratando de autoconvencerse.
Un rato después la manada paró de golpe y comenzó a formar un semicírculo al rededor de una zona de arbustos. Pronto vi la pequeña cornamenta de un corzo bastante grande para su especie. Creo que me olvide por completo de la presencia de Siivet, le sentía a mi lado, observándome e imitando mis movimientos, pero yo era ya uno con la manada, no era consciente de preocuparme por él en concreto, tan solo la presa y la manada importaban.
El semicírculo se fue cerrando dejando tan solo un hueco abierto, aquel que dejaba una escapatoria hacia una explanada que todos sabíamos se encontraba un poco más lejos. Supe que querían empujar a la presa a campo abierto para que nosotros pudiéramos manejarnos mejor cuando comenzase la carrera.
La presa nos vio y comenzó a correr hacia uno de los flancos, pero los lobos que cerraban el semicírculo por ese lado lo espantaron en la dirección correcta. Todos comenzamos a correr tras el animal, era difícil correr entre la maleza, pero parecía que me iba acostumbrando con el tiempo, aprendía a moverme aunque los lobos me sacaban mucha ventaja yo intentaba mantener el ritmo.
Por fin llegamos a campo abierto, una pequeña explanada, pero en ella teníamos que esforzarnos todos al cien por cien, si la presa volvía a entrar en la maleza, al menos por mi parte, estaría perdida, yo no podría ser de ninguna ayuda entre la arboleda. Corrí con todas mis fuerzas, me sentía ligera, como si mis pies no rozaran el suelo, desaté la cuerda que llevaba en la pierna y me preparé para lanzárla en el momento que tuviera una buena perspectiva.
Cuando por fin obtuve un tiro bueno me dispuse a lanzar la cuerda vi una sombra cerca de mi, Siivet corría a mi lado... no corría planeaba, había extendido sus alas y planeaba precariamente a ras de suelo. Lancé la cuerda, pero no fue un tiro perfecto porque me distraje un instante cuando la sombra de Siivet desapareció de mi lado quedando atrás. Vi cómo la cuerda se ataba solo a una de las patas de la presa y esta trastabillaba un instante sin llegar a caer. Ese pequeño tropezón bastó para que el lobo rojizo saltase sobre el animal y lo sujetase por el cuello, a los pocos segundos otros dos lobos estaban ayudandole a matar a la presa.
Me volví hacia atrás para mirar como el hombre había caído.
- ¿Estás bien? - pregunté arrodillándome a su lado. Mi corazón latía con mucha fuerza y me dolía el pecho al respirar, pero nada fuera de lo normal después de una carrera como aquella.
Le costaba respirar y todo su brazo estaba sangrando, no parecía estar bien. Recordé la vez en la que yo me había quedado sin aire, cuando no podía respirar, mi tráquea se había cerrado en aquella ocasión. Temí que le estuviera pasando lo mismo en este momento.
Se apoyó en el brazo que tenía ileso y tosió varias veces, después tomó aire varias veces.
- Estoy bien - consiguió decir en un susurro.
- No lo estas...
- Tan solo necesito descansar - me cortó.
- Necesitas beber algo. - eso no me lo negó.
A lo que sí se negó fue a acercarse y tomar sangre de la presa, dijo que prefería esperar y beber agua. Y aunque le expliqué cómo me había ayudado a mi la otra vez dijo que esperaría. Varios lobos se acercaron a nosotros con los hocicos ensangrentados, dibujaron en mi cuerpo como en mi última cacería y también pintaron algún punto y alguna línea sobre su cuerpo, la gran loba dejó un lunar sangriento sobre su corazón.
Cuando hubieron despiezad la presa comenzamos la vuelta al cubil, volvimos a pasar por el arrollo y paramos a beber, tanto Siivet como yo lo necesitábamos y creo que alguno de los otros lobos también necesitaba agua fresca. Me fije en que él caminaba precariamente, había limpiado la herida de su brazo y no era más que un raspón profundo a lo largo de todo el brazo. Según me contó había intentado planear pero esas alas aun no respondían como él recordaba y había perdido el equilibrio y había ido a frenar con el brazo en el suelo antes de dar una vuelta de campana completa tras otras.
Aun habiendo bebido ya se notaba que le dolía al respirar aun algo, estaba agotada y yo tampoco estaba en una situación muy diferente. Ayudé a los lobos a enterrar la carne, él solo se sentó a esperar. Entramos en la cueva y le ayudé a llegar a la zona en la que dormíamos, recordé cómo me había arrastrado hasta ese mismo rincón la vez que había tenido mi primera cacería de verdad, aquel día en el que me faltó el aire.
- ¿Seguro que te encuentras bien? - le pregunté preocupada.
- Tan bien como estás tu - me contestó intentando esbozar una sonrisa.
Le arropé y me tumbé a su lado para descansar, no nos preocupamos en mirar si los lobos tenían intención de dormir ya o no, ambos estábamos totalmente agotados. Deposité un beso en su mejilla, pero él ya se encontraba en los brazos de Morféo. Pronto yo también caí en el sueño.
lunes, 9 de abril de 2012
7/IV/2012
Luna llena,
dorada,
eterna.
Hace que los sueños vuelen,
que floten.
Que mis sentimientos se alcen
y me traigan tu recuerdo
brillando reflejado
en la luz de la inmensa Luna.
dorada,
eterna.
Hace que los sueños vuelen,
que floten.
Que mis sentimientos se alcen
y me traigan tu recuerdo
brillando reflejado
en la luz de la inmensa Luna.
martes, 13 de marzo de 2012
Noches oscuras.19
Desperté como era costumbre en las últimas noches acurrucada entre los brazos de Siivet, solo que esta noche todo estaba sumido en la más profunda oscuridad, le sentía rodeándome por completo, tan solo su presencia existía a mi alrededor. Por un momento no entendí lo que pasaba, tan solo lo que tardé en despertar por completo. Miré a mi alrededor y descubrí que estaba envuelta en el interior de sus alas, era como los murciélagos del techo que envolvían a sus crías entre las alas.
Acaricié su rostro con una mano para despertarle, apenas abrió los ojos deposité un suave beso en sus labios.
- Buenos días. - le dije con una sonrisa.
- Buenos días amor - sus palabras me hicieron temblar ligeramente, aun no estaba segura de si lo que sentía era amor y eso que le había dicho que le amaba, él parecía tenerlo mucho más claro que yo y eso me hacía sentirme algo intranquila. Sentía algo muy fuerte e incontrolable al estar a su lado, sentía que no quería alejarme de él, ¿Pero eso era amor?
Sus alas se abrieron para dejarme salir. Mire a mi alrededor, los lobos habían comenzado ya a moverse aunque algún rezagado seguía durmiendo
- Perdón por encerrarte - me dijo señalando una de sus alas - no era mi intención, lo hice mientras dormía.
- No es necesario que te disculpes, no me ha molestado, de echo, me sentí segura al estar rodeada de esa forma .
La sonrisa regresó a su rostro mientras se ponía en pie para acompañarme a encender el fuego mientras los lobos ya comenzaban a ir en busca de sus adquisiciones personales o a por pedazos de la caza de la noche anterior para poder ponerlos al fuego. Comencé a frotar las piedras como cada día para hacer saltar las pequeñas chispas, él me observaba como cada día, en verdad nada había cambiado, todo seguía como siempre. Solo que ahora él poseía sus memorias, tenía tantas curiosidades sobre su pasado, su vida, todo. Su condición extraordinaria me hacía tener una mayor curiosidad. Todo aquello en lo que la sociedad creía... ¿Qué sería de él si en mi mundo se enterasen de su existencia? Posiblemente lo encerrarían y experimentarían con él, o podría acabar con la religión de pies a cabeza, ya que si era un demonio como decía la bondad en su corazón no concordaba en absoluto con lo que aquella institución decía. Quería preguntarle una infinidad de cosas, pero no sabía por donde comenzar, mi mente era un torbellino en aquel instante.
Colocamos la carne de los lobos sobre el fuego y me volví hacia él con intención de preguntarle algo, pero las palabras no me salían, no sabía por donde empezar ni que preguntarle en primer lugar.
- Suéltalo ya, ¿Qué quieres saber? - me quedé muy sorprendida, pero estaba claro que yo quería preguntar cosas, la manera en la que me había quedado mirándole, intentando buscar las palabras.
- Yo, no se por donde comenzar
- ¿Que tal por mi nombre?
- Eso no me interesa, eres Siivet y para mi seguirás siendo siempre Siivet. - él sonrió ante aquella respuesta.
- Bueno, entonces tal vez deberías preguntar qué hace un demonio en la tierra de los hombres. - fue muy directo y se quedó mirándome con fuerza, intentando discernir que pasaba por mi mente, si en verdad me importaba o no su condición.
- No, más bien quiero saber qué fue lo que te ocurrió para estar tan mal herido. - se le pintó una pequeña sonrisa en la cara, pero era una sonrisa triste, tal vez a recordar lo sucedido.
- Para poder contarte como me ocurrió aquello debo empezar la historia por el principio, si no, no entenderás absolutamente nada, y te puedo asegurar que es una historia muy larga.
- Creo que no he hecho planes para hoy, no, la verdad es que no tengo nada que hacer, tengo todo mi tiempo para escuchar tu historia. - suspiró.
- De acuerdo, pero si te aburro solo dilo y paro. - asentí con la cabeza aunque no creía que fuera a pararle en ningún momento - Primero te explicaré un par de cosas. En mi mundo nos encargamos de recoger almas, pero no nos está permitido recoger cualquier tipo de alma, tan solo podemos acceder a aquellas que han dañado otras vidas, que se sumen en la desesperación, la culpa, el odio, tan solo podemos tocas aquellas que se encuentran en situaciones de sentimientos negativos al extremo. Pero, si acabásemos con todas esas almas negras de un solo plumazo no podríamos recolectar más, por lo que debemos cultivar más almas odiosas. Solo podemos intervenir al recoger las almas, por lo que debemos de asegurarnos que con nuestra recogido más almas son infectadas, solemos tejer planes a largo plazo.
>> Uno de los trabajos que me toco realizar se trataba de un hombre que se nos había escapado desde hacía tiempo, en su juventud había sido un violador, un verdadero monstruo, creo que se le dejo vivir por más tiempo pensando en que si seguía con sus actividades rompería y ennegrecería el alma de muchas mujeres - calló un momento y me observo, parecía temer mi reacción - se que no está bien, que... - se tapó la cara con las manos unos segundos y resopló, se daba cuenta de que yo no había dicho nada, que tan solo observaba y escuchaba, volvió a mirarme - de acuerdo, solo seguiré con la historia, cuando acabe aceptaré cualquier cosa que quieras decirme. Bien, se le dejó vivir más tiempo y cuando volvimos a reparar en él descubrimos que en algún momento de su juventud se había casado, había formado una familia y había abandonado por completo sus practicas. Su mujer y él tenían una niña pequeña de apenas tres años cuando me asignaron a mi recoger aquella alma, estuve siguiendo sus rutinas durante un tiempo ya que me tenía que asegurar de ennegrecer algún alma más con mi recogida.
>>Descubrí que él recogía todos los días a la niña del colegio y caminaban juntos a casa, no eran unas calles demasiado seguras, la zona en la que estaba el colegio no era de lo mejorcito pero era para lo que les llegaba el dinero teniendo en cuenta que aun eran un matrimonio joven. El mejor plan que podía sacar era que fuesen asaltados de vuelta a casa, hacer que algún maleante acabara de alguna manera llamativa con esa alma que debíamos recoger justo enfrente de su hija, que ella quedase marcada desde aquel entonces para que en un futuro fuera otra alma que recoger.
>>Expuse el plan a mis superiores y ellos aceptaron. Sin saber porqué en vez de llevar el plan acabo como solía hacer decidí seguir su rutina durante algún tiempo más, con la escusa de comprobar que no cambiaran las calles por las que regresaban a casa ni nada por el estilo. Era una escusa muy barata, en realidad tenía curiosidad, la niña, me llamaba la atención, su brillo, me refiero al de su alma, nosotros la mediamos por como brillan, era especial, nunca había visto un alma como aquella, era brillante y salvaje, era espectacular, jamás había visto nada así. No me atrevía a manchar aquella alma tan limpia y sin avisar a mis superiores cambié el plan y me llevé el alma de aquel hombre a través de un simple accidente de tráfico en el que la niña no estuvo involucrada, de esta forma entristecería pero no perdería su brillo. La madre calló en pena durante algún tiempo y la niña acabó viviendo durante un par de años en casa de sus abuelos, en medio del monte cerca de un pueblo no demasiado grande. Pero las cosas se arreglaron y la chica volvió a vivir con su madre.
Paró su historia para que pudiéramos darle la carne a los lobos en el momento en el que el primero se acercó reclamando lo que era suyo y comenzaba a tostarse algo más de lo que a ellos les gustaba, hicimos el reparto de forma rápida, yo quería seguir escuchando la historia.
- Continua - le dije cuando todos los lobos obtuvieron su parte.
- ¿Donde me había quedado?
- Cuando la madre y la niña volvieron a ser felices.
- Bien, ahí vino el siguiente problema. Cuando mis superiores se enteraron de lo que había hecho, que había dejado escapar un alma tan peculiar enfurecieron, intentaron obligarme a que acabase ensuciando aquel alma de alguna otra manera. Yo me negué en rotundo, me revele en contra de ellos y acabé "encarcelado" por decirlo de alguna manera. Me encadenaron y torturaron durante largo tiempo, no se cuanto. Cada día era una muerte, pero el poder que todos los de mi condición llevamos dentro me ayudaba a recuperarme rápidamente. No iba a ceder, no iba a obedecer más, yo era fuerte, uno de los mejores, todos los días me reía de mis carceleros y de aquellos que me torturaban. Tenían mis alas encadenadas lo que reducía mis fuerzas al mínimo y aun así, cada día tan solo se me ocurría el reírme y el gritarles que tuvieran el valor de luchar contra mi en igualdad de condiciones. Algunos comenzaron a temerme, decían que estaba loco, y debían de estar en lo cierto porque yo solo podía pensar en el alma de aquella niña, que era demasiado hermosa para ensuciarla.
>>Un día mis carceleros me contaron que habían asignado a otro el destrozar el alma de aquella niña, que era demasiado especial como para dejarla escapar. Al principio no quise creerlo, cuando al fin me di cuenta de que en verdad debían de haber encargado el trabajo a otro entre en cólera, no podía permitir que aquella pequeña alma se ensuciase por sus malas artes, forcejee e intenté romper mis cadenas, a punto estuve de conseguirlo y entonces partieron mis alas, en ellas residía la mayor parte de mi poder, por no decir que todo y al romperlas ese poder no podía correr por mi interior con normalidad. Las heridas dejaron de sanar apropiadamente en el tiempo que siguió pasando y me iban describiendo el plan que se iba montando para ensuciar el alma de la niña. Era la tortura que sin ellos saberlo más daño me hacía, más incluso que cualquiera de las torturas físicas que pudieran realizar a diario.
>>Escuché que habían conseguido que ella viera morir a su madre en un accidente de tráfico, dijeron que lo más probable es que hubiera quedado tocada, que su alma se había ensuciado. Aquel día, cuando todos los guardias habían abandonado la zona de las celdas lloré, no estaba muy seguro porque pero el pensar en que aquella brillante alma se había ensuciado me oprimía el corazón como jamás nada lo hubiera hecho.
>>Deje de pelear contra aquellos que me torturaban, no me importaba el morir o no, ya no le veía ningún sentido a seguir con nada de lo que había hecho hasta ese momento con mi vida. Tan solo me dejaba matar poco a poco ya que mis heridas sanaban cada vez con más lentitud. Un día vi a los guardias y a los torturadores muy inquietos, corrían rumores de que nuestros superiores estaban coléricos por algún motivo, pero tampoco presté demasiada atención. Al día siguiente de llegar el rumor a mis oídos vino a golpearme uno de los que eran mis superiores directos. Me gritaba y preguntaba una y mil veces que qué demonios había hecho yo. No entendía ni una sola palabra, llevaba largo tiempo encerrado en aquella fría celda, no podía haber hecho nada. Entre sus gritos y juramentos obtuve algo de información. Al parecer después de la muerte de la madre aquella niña había vuelto a vivir con sus abuelos y aunque su alma había ennegrecido en el accidente poco a poco iba retomando su brillo, se limpiaba. En mi mundo jamás habíamos escuchado de un alma que después de ennegrecida se limpiase por completo, era extraordinario, estaba tan contento. No pude más que reírme de mi superior, decirle que si, que era cosa mía, aunque en realidad yo tampoco tenía ni idea de lo que había sucedido, pero verle enfurecido de aquella manera solo conseguía hacerme sentir más fuerte.
>>Mis ganas de morir desaparecieron y día tras día me burlaba de todos aquellos que intentaban doblegarme. Aunque mis alas seguían rotas y mis heridas empeoraban cada día yo seguía riéndome en sus caras. Creo que un día por fin se cansaron de soportarme. Acabaron de partir mis alas y las quemaron y no se porqué exactamente pero también cortaron mi pelo. Aquí donde lo ves antes era cuatro veces más largo - dijo sosteniendo uno de los mechones más largos - Después de hacer eso me arrojaron fuera de nuestro mundo. Solo recuerdo que caía y me desmayé. Después desperté y vi una luz tan brillante dentro de ese rostro que me miraba con preocupación y con ansia, esa luz, sentía que me era familiar pero no recordaba nada. Aun ahora te sigo sintiendo familiar, pero no acabo de saber porqué. - calló y se quedó mirándome, como intentando descubrir que era aquello familiar que veía en mi.
- Tengo que preguntarte algo - veía el miedo en su rostro, miedo al rechazo al conocer ahora su vida pasada ¿Cuanto tiempo estuviste encerrado? - parecía sorprendido.
- La verdad es que no lo se muy bien, además el tiempo en mi mundo y en este pasa de forma distinta, en mi mundo todo transcurre más lento, nosotros podemos contemplar la vida entera de un humano en lo que serían apenas unos pocos meses en mi mundo. ¿Por qué preguntas eso?
- Mi padre murió en un accidente de tráfico cuando estaba en un viaje por trabajo siendo yo muy pequeña, pase un tiempo con mis abuelos en la casa que está al pie de esta colina, algo alejada del pueblo. Mi madre murió tiempo después en otro accidente en el que yo iba con ella, era ya casi adolescente e íbamos discutiendo en el coche, mi madre se distrajo de la carretera y por poco morimos las dos, yo me salve por poco y pase mucho tiempo hospitalizada, después me fui a vivir con mis abuelos, de nuevo a esta casa. Pase muchos años culpándome por el accidente aun cuando la policía nos había dicho que la culpa había sido de un borracho que conducía por dirección contraria. Poco a poco comencé a perdonarme viviendo en este sitio, parecía que la paz de este lugar me ayudaba a alejar las culpas. Creo que por eso cuando mis abuelos murieron vendí la casa de la ciudad y me vine aquí para escribir y para vivir. Tu historia coincide con la mía.
- Pero, no, no puede ser, debieron de pasar muchos años en tu mundo, creo que no estuve tanto tiempo encerrado.
- Tampoco soy tan mayor.
- Tal vez... si esta cerca, déjame ver la casa de la que me hablas, si es la misma la recordaré seguro.
- Hoy ya no, se nos hará muy tarde la hora de regreso, no esta demasiado lejos, pero necesitaríamos un par de horas para hacer todo el recorrido, tendríamos que haber salido de aquí nada más entregarles la carne a los lobos para poder haber ido sin prisas.
- Necesito saber si eres tu.
- ¿Acaso eso cambiará en algo las cosas? ¿Seré menos importante por ello? - pregunté suspicaz, quería si íbamos hasta la casa poder hacerlo con calma, poder enseñarle aquella zona con tranquilidad, pero él se veía ansioso.
- No, al contrario, serás aun más importante... o no se, esperaré, puedo esperar a saberlo, creo. - no parecía poder esperar para saberlo, pero aun así le haría esperar.
Poco rato después los tres lobos se nos acercaron, el lobo blanco saltaba a nuestro alrededor y nos empujaba con la cabeza para que nos pusiéramos en pie. La loba negra también nos apremiaba a movernos mientras mi lobo gris simplemente esperaba en la puerta de la cueva con cara de impaciencia.
Nos pusimos en pie y les seguimos, nos adentrábamos cada vez más en el bosque, me fije en que Siivet pegaba mucho las alas a su espalda y casi se camuflaban con su figura si no fuera porque le superaban en altura, trataba por todos los medios que no se le enredasen con las ramas bajas, quedaba patente que no estaban diseñadas para bosques enramados.
Los lobos se detuvieron en seco al llegar a una zona especialmente espesa en la que no había estado nunca hasta la fecha, se quedaron mirando a un punto en concreto, esperando, al acecho. No tardé demasiado en descubrir que era lo que estaban mirando.
- Conejeras nuevas. - comenté en un susurro.
El primero en acercarse a las conejeras fue el lobo gris, parecía que fuera el que siempre tomaba la iniciativa del pequeño grupo. Se quedó mucho rato totalmente inmóvil sobre una de las conejeras viendo como alguno de los conejos asomaba su pequeña nariz unos instantes para volver a esconderse, hasta que por fin uno de ellos fue algo menos precavido, lo suficiente como para que al lobo gris le diera tiempo a agarrarlo entre sus fauces.
El siguiente en adelantarse fue Siivet, en realidad parecía como si el lobo gris le hubiera retado con la mirada, le retaba a que él también fuera una parte productiva de la manada, que todavía tenía que ganarse su lugar al menos frente a él, al menos si quería encargarse de mi.
El hombre se puso sobre otra boca de madriguera algo más alejada, contemplaba detenidamente la entrada. Escuche cómo susurraba palabras que yo no entendía, posiblemente en su lengua. Pensé que al estar haciendo ruido los conejos no saldrían, pero poco a poco vi como un pequeño hocico iba asomando, muy lentamente pero no estaba tardando tanto como cuando esperábamos en silencio. Cuando el conejo asomo la cabeza lo suficiente como para que pudiera lanzarse sobre él no lo hizo, acercó sus manos lentamente, muy lentamente, como si no le importase que el conejo le viera, de hecho estoy segura que le vio acercándose. Lo sujetó con delicadeza y el conejo apenas pataleo cuando lo alzó en brazos, acercó sus labios a la oreja del conejo un instante y le susurró algo que no alcancé a entender. Después retorció su cuello con un movimiento seco quedando el conejo inerte. Le miré fascinada.
- ¿Cómo hiciste eso? - pregunté maravillada mientras veía de refilón una mirada aprobatoria del lobo gris.
- Aun conservo alguno de los trucos de los míos.
- ¿Algunos?
- Si, solo algunos.
Parecía no querer hablar más, así que no pregunté mientras contemplábamos como la loba negra se afanaba por no emitir ningún sonido sobre la madriguera.
- No creo que yo consiga atraparlo tan rápida como tu, soy la más lenta de todos, deberéis esperarme. - comente por intentar no tocar otra vez el tema anterior, aunque me corroía la curiosidad por dentro.
- ¿Porqué? El día anterior cazaste tu para mi. Hoy te devuelvo el favor, la pieza es para los dos, hay de sobra para ambos.
Me quedé mirándole a los ojos, he de admitir que me emociono el que hiciera eso por mi. Sujete su rostro con una de mis manos y me acerqué lentamente a él para besarle. Le dediqué un suave beso, con cariño, con el agradecimiento que sentía.
Cuando la loba negra y el lobo blanco obtuvieron sus presas regresamos a la cueva, se había hecho tarde, muy tarde. La mayoría de los lobos estaban acostados ya en el momento que llegamos. Enterramos nuestras presas cerca de la cueva, donde mis lobos solían esconder su parte de un día para otro. Nosotros cavamos entre los dos un lugar en el que dejar el conejo, al día siguiente, al quitarle la piel no tendríamos mayor problema con la tierra, solo habría que tener cuidado de que no se manchase la carne.
Entramos en la cueva y la gran loba se nos quedó mirando y se acercó para olfatear las manos de Siivet, solo con eso ella supo que había cazado su primera presa. Lamió una de sus manos y volvió al centro de la cueva para echarse a dormir.
Nosotros nos dirigimos a nuestro rincón y nos tumbamos los cinco bajo aquella manta. Él me abrazó con fuerza cuando me tumbé a su lado. Parecía nervioso mientras recorría mi espalda con sus dedos, me encantaba el tacto de sus manos sujetando mi espalda con firmeza.
- No vas a decir nada. - casi parecía una afirmación.
- ¿Qué es lo que debería decir?
- ¿No vas a odiarme por las cosas que hacía antes? Por ir destruyendo vidas, por ir ensuciando almas...
- Te arrepentiste, cambiaste, decidiste que no querías volver a hacer aquel trabajo, esa es suficiente redención. Solo tienes que perdonarte a ti mismo, yo no tengo nada que perdonar.
- Pero... puede que fuese yo el que acabó con tu padre.
- Eso de momento no lo se.
- Pero ¿Y si al final resulta ser así?
- Si resulta ser así mi padre era una persona que lo merecía por lo que has contado.
Sujete su rostro entre mis manos y le besé con ternura, las palabras salieron de mis labios sin tan siquiera pensarlas.
- Te amo. - él me abrazó con más fuerza y susurró esas mismas palabras a mi oído.
Nos quedamos así dormidos, abrazados el uno a la vida del otro.
Acaricié su rostro con una mano para despertarle, apenas abrió los ojos deposité un suave beso en sus labios.
- Buenos días. - le dije con una sonrisa.
- Buenos días amor - sus palabras me hicieron temblar ligeramente, aun no estaba segura de si lo que sentía era amor y eso que le había dicho que le amaba, él parecía tenerlo mucho más claro que yo y eso me hacía sentirme algo intranquila. Sentía algo muy fuerte e incontrolable al estar a su lado, sentía que no quería alejarme de él, ¿Pero eso era amor?
Sus alas se abrieron para dejarme salir. Mire a mi alrededor, los lobos habían comenzado ya a moverse aunque algún rezagado seguía durmiendo
- Perdón por encerrarte - me dijo señalando una de sus alas - no era mi intención, lo hice mientras dormía.
- No es necesario que te disculpes, no me ha molestado, de echo, me sentí segura al estar rodeada de esa forma .
La sonrisa regresó a su rostro mientras se ponía en pie para acompañarme a encender el fuego mientras los lobos ya comenzaban a ir en busca de sus adquisiciones personales o a por pedazos de la caza de la noche anterior para poder ponerlos al fuego. Comencé a frotar las piedras como cada día para hacer saltar las pequeñas chispas, él me observaba como cada día, en verdad nada había cambiado, todo seguía como siempre. Solo que ahora él poseía sus memorias, tenía tantas curiosidades sobre su pasado, su vida, todo. Su condición extraordinaria me hacía tener una mayor curiosidad. Todo aquello en lo que la sociedad creía... ¿Qué sería de él si en mi mundo se enterasen de su existencia? Posiblemente lo encerrarían y experimentarían con él, o podría acabar con la religión de pies a cabeza, ya que si era un demonio como decía la bondad en su corazón no concordaba en absoluto con lo que aquella institución decía. Quería preguntarle una infinidad de cosas, pero no sabía por donde comenzar, mi mente era un torbellino en aquel instante.
Colocamos la carne de los lobos sobre el fuego y me volví hacia él con intención de preguntarle algo, pero las palabras no me salían, no sabía por donde empezar ni que preguntarle en primer lugar.
- Suéltalo ya, ¿Qué quieres saber? - me quedé muy sorprendida, pero estaba claro que yo quería preguntar cosas, la manera en la que me había quedado mirándole, intentando buscar las palabras.
- Yo, no se por donde comenzar
- ¿Que tal por mi nombre?
- Eso no me interesa, eres Siivet y para mi seguirás siendo siempre Siivet. - él sonrió ante aquella respuesta.
- Bueno, entonces tal vez deberías preguntar qué hace un demonio en la tierra de los hombres. - fue muy directo y se quedó mirándome con fuerza, intentando discernir que pasaba por mi mente, si en verdad me importaba o no su condición.
- No, más bien quiero saber qué fue lo que te ocurrió para estar tan mal herido. - se le pintó una pequeña sonrisa en la cara, pero era una sonrisa triste, tal vez a recordar lo sucedido.
- Para poder contarte como me ocurrió aquello debo empezar la historia por el principio, si no, no entenderás absolutamente nada, y te puedo asegurar que es una historia muy larga.
- Creo que no he hecho planes para hoy, no, la verdad es que no tengo nada que hacer, tengo todo mi tiempo para escuchar tu historia. - suspiró.
- De acuerdo, pero si te aburro solo dilo y paro. - asentí con la cabeza aunque no creía que fuera a pararle en ningún momento - Primero te explicaré un par de cosas. En mi mundo nos encargamos de recoger almas, pero no nos está permitido recoger cualquier tipo de alma, tan solo podemos acceder a aquellas que han dañado otras vidas, que se sumen en la desesperación, la culpa, el odio, tan solo podemos tocas aquellas que se encuentran en situaciones de sentimientos negativos al extremo. Pero, si acabásemos con todas esas almas negras de un solo plumazo no podríamos recolectar más, por lo que debemos cultivar más almas odiosas. Solo podemos intervenir al recoger las almas, por lo que debemos de asegurarnos que con nuestra recogido más almas son infectadas, solemos tejer planes a largo plazo.
>> Uno de los trabajos que me toco realizar se trataba de un hombre que se nos había escapado desde hacía tiempo, en su juventud había sido un violador, un verdadero monstruo, creo que se le dejo vivir por más tiempo pensando en que si seguía con sus actividades rompería y ennegrecería el alma de muchas mujeres - calló un momento y me observo, parecía temer mi reacción - se que no está bien, que... - se tapó la cara con las manos unos segundos y resopló, se daba cuenta de que yo no había dicho nada, que tan solo observaba y escuchaba, volvió a mirarme - de acuerdo, solo seguiré con la historia, cuando acabe aceptaré cualquier cosa que quieras decirme. Bien, se le dejó vivir más tiempo y cuando volvimos a reparar en él descubrimos que en algún momento de su juventud se había casado, había formado una familia y había abandonado por completo sus practicas. Su mujer y él tenían una niña pequeña de apenas tres años cuando me asignaron a mi recoger aquella alma, estuve siguiendo sus rutinas durante un tiempo ya que me tenía que asegurar de ennegrecer algún alma más con mi recogida.
>>Descubrí que él recogía todos los días a la niña del colegio y caminaban juntos a casa, no eran unas calles demasiado seguras, la zona en la que estaba el colegio no era de lo mejorcito pero era para lo que les llegaba el dinero teniendo en cuenta que aun eran un matrimonio joven. El mejor plan que podía sacar era que fuesen asaltados de vuelta a casa, hacer que algún maleante acabara de alguna manera llamativa con esa alma que debíamos recoger justo enfrente de su hija, que ella quedase marcada desde aquel entonces para que en un futuro fuera otra alma que recoger.
>>Expuse el plan a mis superiores y ellos aceptaron. Sin saber porqué en vez de llevar el plan acabo como solía hacer decidí seguir su rutina durante algún tiempo más, con la escusa de comprobar que no cambiaran las calles por las que regresaban a casa ni nada por el estilo. Era una escusa muy barata, en realidad tenía curiosidad, la niña, me llamaba la atención, su brillo, me refiero al de su alma, nosotros la mediamos por como brillan, era especial, nunca había visto un alma como aquella, era brillante y salvaje, era espectacular, jamás había visto nada así. No me atrevía a manchar aquella alma tan limpia y sin avisar a mis superiores cambié el plan y me llevé el alma de aquel hombre a través de un simple accidente de tráfico en el que la niña no estuvo involucrada, de esta forma entristecería pero no perdería su brillo. La madre calló en pena durante algún tiempo y la niña acabó viviendo durante un par de años en casa de sus abuelos, en medio del monte cerca de un pueblo no demasiado grande. Pero las cosas se arreglaron y la chica volvió a vivir con su madre.
Paró su historia para que pudiéramos darle la carne a los lobos en el momento en el que el primero se acercó reclamando lo que era suyo y comenzaba a tostarse algo más de lo que a ellos les gustaba, hicimos el reparto de forma rápida, yo quería seguir escuchando la historia.
- Continua - le dije cuando todos los lobos obtuvieron su parte.
- ¿Donde me había quedado?
- Cuando la madre y la niña volvieron a ser felices.
- Bien, ahí vino el siguiente problema. Cuando mis superiores se enteraron de lo que había hecho, que había dejado escapar un alma tan peculiar enfurecieron, intentaron obligarme a que acabase ensuciando aquel alma de alguna otra manera. Yo me negué en rotundo, me revele en contra de ellos y acabé "encarcelado" por decirlo de alguna manera. Me encadenaron y torturaron durante largo tiempo, no se cuanto. Cada día era una muerte, pero el poder que todos los de mi condición llevamos dentro me ayudaba a recuperarme rápidamente. No iba a ceder, no iba a obedecer más, yo era fuerte, uno de los mejores, todos los días me reía de mis carceleros y de aquellos que me torturaban. Tenían mis alas encadenadas lo que reducía mis fuerzas al mínimo y aun así, cada día tan solo se me ocurría el reírme y el gritarles que tuvieran el valor de luchar contra mi en igualdad de condiciones. Algunos comenzaron a temerme, decían que estaba loco, y debían de estar en lo cierto porque yo solo podía pensar en el alma de aquella niña, que era demasiado hermosa para ensuciarla.
>>Un día mis carceleros me contaron que habían asignado a otro el destrozar el alma de aquella niña, que era demasiado especial como para dejarla escapar. Al principio no quise creerlo, cuando al fin me di cuenta de que en verdad debían de haber encargado el trabajo a otro entre en cólera, no podía permitir que aquella pequeña alma se ensuciase por sus malas artes, forcejee e intenté romper mis cadenas, a punto estuve de conseguirlo y entonces partieron mis alas, en ellas residía la mayor parte de mi poder, por no decir que todo y al romperlas ese poder no podía correr por mi interior con normalidad. Las heridas dejaron de sanar apropiadamente en el tiempo que siguió pasando y me iban describiendo el plan que se iba montando para ensuciar el alma de la niña. Era la tortura que sin ellos saberlo más daño me hacía, más incluso que cualquiera de las torturas físicas que pudieran realizar a diario.
>>Escuché que habían conseguido que ella viera morir a su madre en un accidente de tráfico, dijeron que lo más probable es que hubiera quedado tocada, que su alma se había ensuciado. Aquel día, cuando todos los guardias habían abandonado la zona de las celdas lloré, no estaba muy seguro porque pero el pensar en que aquella brillante alma se había ensuciado me oprimía el corazón como jamás nada lo hubiera hecho.
>>Deje de pelear contra aquellos que me torturaban, no me importaba el morir o no, ya no le veía ningún sentido a seguir con nada de lo que había hecho hasta ese momento con mi vida. Tan solo me dejaba matar poco a poco ya que mis heridas sanaban cada vez con más lentitud. Un día vi a los guardias y a los torturadores muy inquietos, corrían rumores de que nuestros superiores estaban coléricos por algún motivo, pero tampoco presté demasiada atención. Al día siguiente de llegar el rumor a mis oídos vino a golpearme uno de los que eran mis superiores directos. Me gritaba y preguntaba una y mil veces que qué demonios había hecho yo. No entendía ni una sola palabra, llevaba largo tiempo encerrado en aquella fría celda, no podía haber hecho nada. Entre sus gritos y juramentos obtuve algo de información. Al parecer después de la muerte de la madre aquella niña había vuelto a vivir con sus abuelos y aunque su alma había ennegrecido en el accidente poco a poco iba retomando su brillo, se limpiaba. En mi mundo jamás habíamos escuchado de un alma que después de ennegrecida se limpiase por completo, era extraordinario, estaba tan contento. No pude más que reírme de mi superior, decirle que si, que era cosa mía, aunque en realidad yo tampoco tenía ni idea de lo que había sucedido, pero verle enfurecido de aquella manera solo conseguía hacerme sentir más fuerte.
>>Mis ganas de morir desaparecieron y día tras día me burlaba de todos aquellos que intentaban doblegarme. Aunque mis alas seguían rotas y mis heridas empeoraban cada día yo seguía riéndome en sus caras. Creo que un día por fin se cansaron de soportarme. Acabaron de partir mis alas y las quemaron y no se porqué exactamente pero también cortaron mi pelo. Aquí donde lo ves antes era cuatro veces más largo - dijo sosteniendo uno de los mechones más largos - Después de hacer eso me arrojaron fuera de nuestro mundo. Solo recuerdo que caía y me desmayé. Después desperté y vi una luz tan brillante dentro de ese rostro que me miraba con preocupación y con ansia, esa luz, sentía que me era familiar pero no recordaba nada. Aun ahora te sigo sintiendo familiar, pero no acabo de saber porqué. - calló y se quedó mirándome, como intentando descubrir que era aquello familiar que veía en mi.
- Tengo que preguntarte algo - veía el miedo en su rostro, miedo al rechazo al conocer ahora su vida pasada ¿Cuanto tiempo estuviste encerrado? - parecía sorprendido.
- La verdad es que no lo se muy bien, además el tiempo en mi mundo y en este pasa de forma distinta, en mi mundo todo transcurre más lento, nosotros podemos contemplar la vida entera de un humano en lo que serían apenas unos pocos meses en mi mundo. ¿Por qué preguntas eso?
- Mi padre murió en un accidente de tráfico cuando estaba en un viaje por trabajo siendo yo muy pequeña, pase un tiempo con mis abuelos en la casa que está al pie de esta colina, algo alejada del pueblo. Mi madre murió tiempo después en otro accidente en el que yo iba con ella, era ya casi adolescente e íbamos discutiendo en el coche, mi madre se distrajo de la carretera y por poco morimos las dos, yo me salve por poco y pase mucho tiempo hospitalizada, después me fui a vivir con mis abuelos, de nuevo a esta casa. Pase muchos años culpándome por el accidente aun cuando la policía nos había dicho que la culpa había sido de un borracho que conducía por dirección contraria. Poco a poco comencé a perdonarme viviendo en este sitio, parecía que la paz de este lugar me ayudaba a alejar las culpas. Creo que por eso cuando mis abuelos murieron vendí la casa de la ciudad y me vine aquí para escribir y para vivir. Tu historia coincide con la mía.
- Pero, no, no puede ser, debieron de pasar muchos años en tu mundo, creo que no estuve tanto tiempo encerrado.
- Tampoco soy tan mayor.
- Tal vez... si esta cerca, déjame ver la casa de la que me hablas, si es la misma la recordaré seguro.
- Hoy ya no, se nos hará muy tarde la hora de regreso, no esta demasiado lejos, pero necesitaríamos un par de horas para hacer todo el recorrido, tendríamos que haber salido de aquí nada más entregarles la carne a los lobos para poder haber ido sin prisas.
- Necesito saber si eres tu.
- ¿Acaso eso cambiará en algo las cosas? ¿Seré menos importante por ello? - pregunté suspicaz, quería si íbamos hasta la casa poder hacerlo con calma, poder enseñarle aquella zona con tranquilidad, pero él se veía ansioso.
- No, al contrario, serás aun más importante... o no se, esperaré, puedo esperar a saberlo, creo. - no parecía poder esperar para saberlo, pero aun así le haría esperar.
Poco rato después los tres lobos se nos acercaron, el lobo blanco saltaba a nuestro alrededor y nos empujaba con la cabeza para que nos pusiéramos en pie. La loba negra también nos apremiaba a movernos mientras mi lobo gris simplemente esperaba en la puerta de la cueva con cara de impaciencia.
Nos pusimos en pie y les seguimos, nos adentrábamos cada vez más en el bosque, me fije en que Siivet pegaba mucho las alas a su espalda y casi se camuflaban con su figura si no fuera porque le superaban en altura, trataba por todos los medios que no se le enredasen con las ramas bajas, quedaba patente que no estaban diseñadas para bosques enramados.
Los lobos se detuvieron en seco al llegar a una zona especialmente espesa en la que no había estado nunca hasta la fecha, se quedaron mirando a un punto en concreto, esperando, al acecho. No tardé demasiado en descubrir que era lo que estaban mirando.
- Conejeras nuevas. - comenté en un susurro.
El primero en acercarse a las conejeras fue el lobo gris, parecía que fuera el que siempre tomaba la iniciativa del pequeño grupo. Se quedó mucho rato totalmente inmóvil sobre una de las conejeras viendo como alguno de los conejos asomaba su pequeña nariz unos instantes para volver a esconderse, hasta que por fin uno de ellos fue algo menos precavido, lo suficiente como para que al lobo gris le diera tiempo a agarrarlo entre sus fauces.
El siguiente en adelantarse fue Siivet, en realidad parecía como si el lobo gris le hubiera retado con la mirada, le retaba a que él también fuera una parte productiva de la manada, que todavía tenía que ganarse su lugar al menos frente a él, al menos si quería encargarse de mi.
El hombre se puso sobre otra boca de madriguera algo más alejada, contemplaba detenidamente la entrada. Escuche cómo susurraba palabras que yo no entendía, posiblemente en su lengua. Pensé que al estar haciendo ruido los conejos no saldrían, pero poco a poco vi como un pequeño hocico iba asomando, muy lentamente pero no estaba tardando tanto como cuando esperábamos en silencio. Cuando el conejo asomo la cabeza lo suficiente como para que pudiera lanzarse sobre él no lo hizo, acercó sus manos lentamente, muy lentamente, como si no le importase que el conejo le viera, de hecho estoy segura que le vio acercándose. Lo sujetó con delicadeza y el conejo apenas pataleo cuando lo alzó en brazos, acercó sus labios a la oreja del conejo un instante y le susurró algo que no alcancé a entender. Después retorció su cuello con un movimiento seco quedando el conejo inerte. Le miré fascinada.
- ¿Cómo hiciste eso? - pregunté maravillada mientras veía de refilón una mirada aprobatoria del lobo gris.
- Aun conservo alguno de los trucos de los míos.
- ¿Algunos?
- Si, solo algunos.
Parecía no querer hablar más, así que no pregunté mientras contemplábamos como la loba negra se afanaba por no emitir ningún sonido sobre la madriguera.
- No creo que yo consiga atraparlo tan rápida como tu, soy la más lenta de todos, deberéis esperarme. - comente por intentar no tocar otra vez el tema anterior, aunque me corroía la curiosidad por dentro.
- ¿Porqué? El día anterior cazaste tu para mi. Hoy te devuelvo el favor, la pieza es para los dos, hay de sobra para ambos.
Me quedé mirándole a los ojos, he de admitir que me emociono el que hiciera eso por mi. Sujete su rostro con una de mis manos y me acerqué lentamente a él para besarle. Le dediqué un suave beso, con cariño, con el agradecimiento que sentía.
Cuando la loba negra y el lobo blanco obtuvieron sus presas regresamos a la cueva, se había hecho tarde, muy tarde. La mayoría de los lobos estaban acostados ya en el momento que llegamos. Enterramos nuestras presas cerca de la cueva, donde mis lobos solían esconder su parte de un día para otro. Nosotros cavamos entre los dos un lugar en el que dejar el conejo, al día siguiente, al quitarle la piel no tendríamos mayor problema con la tierra, solo habría que tener cuidado de que no se manchase la carne.
Entramos en la cueva y la gran loba se nos quedó mirando y se acercó para olfatear las manos de Siivet, solo con eso ella supo que había cazado su primera presa. Lamió una de sus manos y volvió al centro de la cueva para echarse a dormir.
Nosotros nos dirigimos a nuestro rincón y nos tumbamos los cinco bajo aquella manta. Él me abrazó con fuerza cuando me tumbé a su lado. Parecía nervioso mientras recorría mi espalda con sus dedos, me encantaba el tacto de sus manos sujetando mi espalda con firmeza.
- No vas a decir nada. - casi parecía una afirmación.
- ¿Qué es lo que debería decir?
- ¿No vas a odiarme por las cosas que hacía antes? Por ir destruyendo vidas, por ir ensuciando almas...
- Te arrepentiste, cambiaste, decidiste que no querías volver a hacer aquel trabajo, esa es suficiente redención. Solo tienes que perdonarte a ti mismo, yo no tengo nada que perdonar.
- Pero... puede que fuese yo el que acabó con tu padre.
- Eso de momento no lo se.
- Pero ¿Y si al final resulta ser así?
- Si resulta ser así mi padre era una persona que lo merecía por lo que has contado.
Sujete su rostro entre mis manos y le besé con ternura, las palabras salieron de mis labios sin tan siquiera pensarlas.
- Te amo. - él me abrazó con más fuerza y susurró esas mismas palabras a mi oído.
Nos quedamos así dormidos, abrazados el uno a la vida del otro.
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